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lunes, 6 diciembre, 2021

El Tunal, en Fresnillo

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial Gualdreño 503

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Fresnillo, Zacatecas, está en el centro de las noticias en nuestro Estado desde hace varios meses, primero por cuestiones políticas; segundo, porque los medios nacionales desafortunadamente lo sitúan como uno de los municipios más violentos del país. Ubicar en primero, segundo o tercer lugar a una ciudad en cuanto a sus índices de violencia tiene fines estadísticos e informativos, pero no contribuye a que las violencias terminen, mucho menos a describir en su totalidad a ese espacio del que se habla como si de un infierno se tratara. No es mi intención minimizar la situación, se vive actualmente un clima de inseguridad grave, pero tampoco es que estas ciudades mencionadas en las estadísticas sean solo eso, cosas malas, notas rojas, muertos por doquier, oscuridad plena. No, hablando de Fresnillo, en su defensa, hay que decir que tiene la virtud de tener gente trabajadora, cabal y buena, que apuesta todos los días -como en otros lados del Estado y del país- por contribuir a que el espacio en el que vive tenga condiciones mejores para su comunidad. 

Ejemplos de lo anteriormente mencionado hay muchos, pero hablaré solo de un proyecto en esta ocasión porque lo acabo de conocer. Se trata de El Tunal Centro Cultural, ubicado en una de las calles principales de Fresnillo, en la García Salinas No. 412. Recibí una invitación por parte del Colectivo 450 Fresnillo para presentar ahí mi libro Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas; no voy a mentir, una cierta inquietud nos embargaba al pensar que teníamos que regresar por carretera cuando la noche había caído; tampoco sabía si la gente acudiría a la presentación, imaginaba que por haber sido programada a las 7 de la noche, optaría por quedarse en casa. Pensé por algún momento, dejándome contagiar por la sensación colectiva de miedo, que el espacio estaría vacío… pero no fue así.

Llegamos poco antes de las 7, bajamos una caja de libros, que con los auspicios de la Secretaría de Cultura a través del Instituto Zacatecano de Cultura, fueron editados en su programa de Ediciones 2019 apenas el año pasado. Se trataba de la primera presentación presencial, pues debido a la pandemia solo se había llevado a cabo una en línea, en junio del 2020. El Tunal Centro Cultural está ubicado en una casa grande que ha sido adaptada para albergar una cafetería a la entrada del edificio; una galería, que exhibe para su venta la producción de artistas locales en el espacio principal; y lo mejor de todo: un taller de artes plásticas en la parte posterior de la casa, en la que trabajan varios adultos durante la semana, y en la que Rolando Ortiz imparte clases para niños los sábados. 

Cuando llegamos el taller estaba abierto y había cerca de 20 alumnos trabajando en mesas y caballetes bajo la supervisión de su maestro, Rogelio Aguilar Bosé. Me sorprendió la cantidad, es cierto, pero me fascinó más la actitud de sus integrantes, quienes laboraban concentrados, sonriendo de vez en cuando, conversando con sus compañeros de al lado. Un grupo de fresnillenses dedicado a la creación artística, un grupo que, sin ignorar lo que pasa afuera, produce, hace arte y contribuye de alguna manera a generar un clima de paz.

El espacio estuvo lleno durante la presentación para escuchar a los comentaristas, Carlos Alberto Torreblanca Padilla y Raúl García Rodríguez -a quienes agradezco acompañarme- y para conversar conmigo sobre la importancia de Fresnillo y sus artistas en la construcción de un nuevo orden cultural en Zacatecas. Hablamos, por supuesto, de personajes como Francisco Goitia, Manuel M. Ponce, Mateo Gallegos, Roberto Silva, Clemente Márquez, Luis Humberto Ramos, Pedro Valtierra y hasta de Los Temerarios, porque sí, porque Fresnillo es cuna de grandes artistas también, y de promotores culturales como Ana Acevedo y Rubén Rivera, propietarios del Tunal, en donde también pasan cosas buenas todos los días. Platicando con ellos, me dijeron estar muy contentos con este centro cultural en donde hay exposiciones, presentaciones de libros, conferencias, talleres, cine, venta de arte y buen café, porque está funcionando, porque es un espacio vivo, y porque, como me lo comentó Rubén, desde su trinchera “esto es lo que podemos hacer para vivir en un lugar mejor… nosotros no podemos combatir la violencia, ese no es nuestro papel, pero sí podemos impulsar un espacio como este, en el que la belleza y las artes sean los protagonistas y donde todos son bienvenidos”. Aquí un buen ejemplo de lo que se puede hacer.

Regresamos a casa por la noche, el camino fue seguro. Repartimos más de 50 libros y quedamos en regresar otro día para probar las gorditas de la 2 de abril y el pan de “El caramelo”, porque además, en Fresnillo también se come muy bien, pero de eso platicamos después. Gracias, Fresnillo.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-503

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