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domingo, 27 noviembre, 2022
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¿Por qué ganó Trump?

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El año pasado, Enrique Krauze publicó dos tomos sobre las vidas de mexicanos sobresalientes. Se trata de relatos breves en donde se describen las caras de la historia de nuestro país. La primera cara que Krauze nos presenta es la de Federico Gamboa. Sobre Gamboa, Krauze explica que se trataba de un escritor antiyanqui quien rechazaba la forma de vida de los estadounidenses al igual que la brutalidad de su racismo. El desprecio de Gamboa es un desprecio de los tiempos del porfirismo, una época que podría parecer lejana y aun así sus palabras hacen eco en el acontecer actual.

En el retrato de Octavio Paz, Krauze resalta una de las frases del Laberinto de la Soledad; “Las preguntas que todos nos hacemos ahora probablemente resulten incomprensibles dentro de cincuenta años”. La victoria de Trump, antecedida del Brexit y del referéndum colombiano, ha hecho de 2016 el año en que el pasado se vuelve presente. Un año en donde infinidad de respuestas se postulan para explicar cómo un misógino y racista ha sido electo como presidente de una de las naciones más poderosas. Respuestas que buscan comprender una realidad que parece sacada de una obra de ficción.

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Para algunos, la llegada del conductor de “el aprendiz” a la Casa Blanca responde a la hipocresía que se esconde debajo de las sociedades, a las cuales, el progresismo les ha ganado la carrera. Esta idea se alinea con la explicación de los cálculos erróneos realizados a partir de encuestas. Al tener que responder “por quién votarás”, las personas esconden su resentimiento, su miedo a la construcción de lo nuevo y sus ganas de permanecer en el presente contestando mentiras. Declaraciones sistemáticamente falsas que crearon una estabilidad sostenida por alfileres, momentos de esperanza que permearon a todo el mundo. Las encuestas nos daban el oxígeno que necesitábamos al afirmar que él nunca podría ser presidente.

Otra de las explicaciones es el hartazgo que la ciudadanía experimenta hacia la clase política. Es cierto, la concentración de la riqueza en un porcentaje diminuto de la población mundial ha llevado a un gran número de personas a la desesperación. La poca distribución de los ingresos a lo largo de los años ha ocasionado que un gran número de personas se sienta olvidada e incapaz de acceder a las oportunidades que los más favorecidos tienen garantizadas. Este descontento se mezcla con carencias educativas que facilitan la aceptación – casi dogmática – de propuestas que muy probablemente no se podrán cumplir. Si pensamos que el 75% de las personas blancas sin preparación votaron por Trump, nos daremos cuenta que el candidato republicano apeló a la ignorancia desde su misma ignorancia.

A estas razones se le suma que Hillary no fue la mejor candidata, atacó a los seguidores de Trump al llamarlos fanáticos deplorables creando una mayor polarización y tal vez -dentro de una lógica machista- Estados Unidos no estaba listo para aceptar a una mujer como su gobernante.

Resultará muy difícil saber cuál es el motivo principal que dio el triunfo al de la cara naranja. Lo que si podemos decir a ciencia cierta, es que en el juego de la democracia se tiene que saber perder. Al día siguiente de que el ganador fuera anunciado, un número importante de personas se manifestaron en contra de los resultados. Esto no tiene sentido en un régimen democrático. Imaginemos por un momento que Hillary hubiese ganado la elección ¿Qué opinarían sus simpatizantes si los seguidores de Trump se hubieran manifestado? Probablemente los hubieran tachado de bárbaros e irrespetuosos de las instituciones. Lo que tenemos que entender es el antídoto para evitar que la democracia nos falle nuevamente es proveer mayor y mejor educación a aquellos que pueden ser víctimas de discursos vacíos y sin viabilidad.

Trump basó su campaña en promesas que aseguran volver al pasado. Propuestas fundadas en la brutalidad del racismo que Gamboa criticaba. No se trata de si algunos habitan el país de forma irregular o no, se trata de generar odio hacia alguien que es diferente. Se trata de algo irracional, pensamientos que no tendrían que tener cabida en la era tecnológica en la que vivimos. Sin embargo, el mismo sistema ha permitido que estas semillas de odio florezcan. La ignorancia ha funcionado como el mejor fertilizante y ha hecho creer a un buen número de personas que construir un muro podrá mejorar la realidad en la que viven.

Carlos Fuentes –  comenta Krauze – escribió que la división entre México y Estados Unidos no es frontera sino cicatriz. La historia nos ha mostrado que los muros eventualmente caerán, pero sus marcas jamás desaparecerán.  Discursos de odio como el de Trump no solamente pueden polarizar a países vecinos. Resulta irónico que al buscar diferenciarse de otros países y de otras culturas Trump haya logrado dividir más que nunca a su propio país. ■

 

@rmuguerza

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