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domingo, 27 noviembre, 2022
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La Política del Hambre: la posibilidad que nunca fue

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El hambre es un asunto de la mayor gravedad. En los informes gubernamentales exponen los amontonados datos vacíos de siempre: no constituyen rendición de cuentas porque no justifican las acciones emprendidas, porque hacerlo significa argumentarlas en función de un diagnóstico de la realidad que se vive. Y no hay diagnósticos en serio. Esos informes son una pasarela cortesana para burócratas compitiendo por la adulación, nada parecido al proceso de evaluación que se requiere. Y en el caso del tema del hambre necesitamos saber qué expectativas serias existen de superar ese mal mayor.

Según datos del Coneval, en México tenemos 27 millones de personas con carencia alimentaria; y gracias a cierta alquimia metodológica, lograron bajar la cifra urgente de pobreza extrema a 11.5 millones, y con más alquimia, hicieron la cuenta que sólo hay una población objetivo para considerarlas como objeto de las políticas contra el hambre a 7 millones. Las intersecciones entre conjuntos de la población con rasgos de carencias, hicieron el criterio para definir las poblaciones-objetivo de las políticas. La repetición de intersecciones ha sido la fórmula para disminuir los números desde un conteo de gabinete. Así las cosas, de una población con carencia alimentaria de 27 millones, se disminuye a 7 y se dejan 20 fuera de los objetivos de la llamada Cruzada contra el hambre. Esta estrategia (no programa) se anunció como una coordinación de acciones de Seguridad Alimentaria, la cual se define como carencia de acceso a la alimentación suficiente y nutritiva de la población. La pregunta es, ¿la población declarada en Carencia Alimentaria no califica para una estrategia de seguridad alimentaria? Esto es, deberían calificar 27 millones de personas. Pero no es así, porque el concepto de “hambre” se amplió a dos criterios más: el ingreso por debajo de la línea de bienestar mínimo y además de carecer de varios derechos sociales. Las tres cosas juntas. Con ello, resulta que una cosa es “carencia de alimentos” y otra es “hambre”.

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Gracias a esta distinción, se diseñó la estrategia bajo el eje de la Seguridad Alimentaria (SA), pero la implementación se elaboró desde el concepto de Pobreza por Carencias (PC). ¡Lo cual cambia todo! Esto es, el problema se define como SA, lo cual significa que las metas deben ser la producción y acceso de alimentos nutritivos, y por tanto, dado el diagnóstico existente en este tópico conduce a pensar en la creación de un esquema de producción agrícola de Soberanía Alimentaria…¡pero no fue así! Al momento de implementar, cambian de criterio y lo hacen sobre la idea de PC; por tanto, las medidas de atención son las clásicas asistenciales. Y la forma de seleccionar a los beneficiarios también es de incierta efectividad, un criterio de municipios según las mediciones de marginación. Esto es, desde el puro diseño la cosa se echó a perder.

Si se hubiera mantenido el enfoque de Seguridad Alimentaria, la Cruzada podría dar paso al dos ejes programáticos que pudieran ser de gran impacto: (1) hacer de los pobres sujetos de su desarrollo (juntar metas productivas con el desarrollo social), y (2) cambiar el régimen agroalimentario en los diferentes territorios del país. El primer eje programático supone que lo pobres tienen un poder propio para salir de su precaria condición, y sólo se ocupa apoyo inteligente del Estado y la sociedad, por tanto, en la propia capacidad productiva de los pobres está una parte de la solución. Y el segundo eje afirma que la causa de fondo del problema del hambre es el esquema del actual régimen agroalimentario: el enlace entre los nodos que hay entre producción de alimentos y formas de nutrición se forma de tal manera que hace a los territorios nacionales vulnerables al hambre. Es decir, la gran producción agropecuaria esta dirigida a suministrar insumos a las  grandes empresas de generación de alimentos industrializados, y dicho intercambio y distribución está efectuado en el mercado global. Y el mercado global devora las posibilidades de tener seguridad con Soberanía alimentaria. El tipo de nutrición que forma el comercio de alimentos industrializados es obesigénica por un lado; y por otro, el tipo de producción agrícola que requiere ese mercado es la llamada “moderna” (privada, intensiva y basada en insumos petroleros) que destruye la economía campesina. Son monocultivos dirigidos a mercados globales que demuelen también la ecología de los territorios. En cambio, un régimen agroalimentario orientado a la Soberanía Alimentaria modifica todo, y en la Cruzada contra el Hambre se vio esa posibilidad… que nunca fue. ■

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