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viernes, 27 mayo, 2022
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So long, Leonard

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Por: Jorge Humberto De Haro Duarte •

En el mes anterior se organizó tremenda polémica por el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura del año 2016 a Bob Dylan, dicho acontecimiento levantó un vendaval de opiniones encontradas alrededor del mundo entre los enterados del ámbito de las letras, muchos de los cuales pusieron el grito en el cielo por tal decisión de la Academia Sueca. El primer comentario que vino a mi mareada cabeza fue de que al fin y al cabo es muy su academia y pueden nombrar a quien les dé la gana porque son los dueños del premio y de la lana que lleva incluida.

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Pero, una vez meditado, compartí unas palabras con mi hijo, quien me preguntó si no había sido un capricho o un acto snob de la Academia para rendir algún tipo de reconocimiento a tantos trovadores del mundo de la música, especialmente del mundo del rock, que de alguna manea han sido marginados del mundo de la “gente bonita” de la literatura universal, solo por llevar a cabo entre sus andanzas artísticas la rebelión de la música proscrita desde aquellos sofocones que se llevó el stablishment con aquellos inolvidables conciertos en Monterey, CA, Woodstock, NY, Wright Island, UK; entre muchos otros que dejaron al sistema patidifuso ante tales concentraciones de juventudes rebeldes que ante la brutal represión del sistema cambiaron la protesta social revolucionaria del choque ideológico por una forma artística de manifestación social: sobre todo con el rock, el blues y la música pesada, por citar las principales, razón por la que el rock fue proscrito como forma de cultura en el mundo. En México tuvimos nuestro propio paraíso rocanrolero en aquel increíble fin de semana de septiembre 11 y 12 de 1971 en Avándaro, Edo. Mex., lo que ocasionó el mismo fenómeno ante los delirios de prepotencia del gobierno de Luisito. Pero todo esto es harina de otro costal, que puede analizarse desde otra perspectiva.

El asunto que motiva este escrito es la consideración de que el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura 2016 a Dylan es una garrafal injusticia por partida doble, primero, porque este reconocimiento se le debió haber otorgado cuarenta años antes, es decir, alrededor de 1976 y segundo, porque antes que a Dylan, dentro del mundo de los poetas rockeros, este premio se le debió haber otorgado a Leonard Cohen, un cantautor de exquisita sensibilidad poética y gran audacia musical. Si bien es cierto que Dylan es el ídolo de la gran mayoría de los amantes de la música de country, rock y blues de todo el mundo y sus letras tienen un mensaje profundo y acucioso, las de Cohen no nada más no desmerecen, sino que en momentos superan a las del galardonado en su profundidad, su métrica perfecta, sus arreglos musicales y sus ¡ah!, increíbles coros que trasladan a los espíritus sensibles más allá de los límites mezquinos que atrapan al gran público entre expresiones mezquinas y muy primitivas de manifestaciones musicales.

Y este comentario no es fortuito ni aventurado: ambos fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias, Dylan en el 2007 y Cohen en el 2011; un premio que llama a la reflexión, sobre todo que ambos, está de más decirlo son angloparlantes. En fin, la calidad de ambos trovadores es indiscutible y la profundidad de sus letras es aún una tarea larga para aquellos que las desconocen y para aquellos que aprendimos a admirarlos.

En la experiencia particular de su escritero, debo decir, que he transitado este mundo en compañía de personas de inteligencia privilegiada en el mundo de la Filosofía, la Ciencia, las Bellas Artes y desde luego, la Literatura; la mayor parte de ellos, gentes cuyo paso por el mundo no ha pasado desapercibido y puedo decir que a todos ellos los definía un común denominador, el gusto por la música y poética de Cohen que, como él mismo la definió al recibir el Premio Príncipe de Asturias está “dentro de los estrictos límites de la dignidad y la belleza”.

Ahora, Leonard Cohen no recibirá ningún reconocimiento más en vida. Su cuerpo material nos ha abandonado pero su obra seguirá siendo un alimento espiritual para todos aquellos que aprendimos a amar con devoción y delirio su poesía perfecta y su música casi sagrada. Él anunció hace como un mes que partiría y, dato curioso, su musa Marianne se adelantó por unos días. Descansen en paz.

Hace unos años Cohen pasaba un mal rato y alguien me dijo que había muerto. Afortunadamente, no fue cierto entonces, pero yo escribí en su memoria estos versos. Perdón, Maestro, pero ahí van.

 

bienvenido

(2007)

 

se dio por descontado que la poesía moría

el poeta enmudeció su verbo sacro

las palabras perdieron el sentido

no hubo días de duelo ni dolientes

la bestia festejó con regocijo

el arribo a la corte de lo obsceno

y la deificación de la impudicia

alegorías del verbo que mueren en gemidos

odas tan frágiles que las destroza el viento

el tiempo se detuvo lentamente

como un reloj inútil en sideral silencio

musas insatisfechas acopian sus pertrechos

claman a cuatro vientos su inminente caída

hacia el infierno de la indiferencia

reclaman a los dioses su naciente abandono

el final contundente de sus gratos excesos

su destronada entrada

al mundo del olvido

la fauna está de luto

flora marchita entera

la era fratricida abre una puerta negra

y un tiempo de asesinos

se apoltrona en la cima de un monte de oropel y de falacias

preludio universal de inminente desgracia

cuatro oscuros centauros cabalgan inclementes

a tiempos de discordia se da la bienvenida

hoy el silencio atroz de viva voz se muestra entero

mientras fuera del mundo

el trovador desgarra sus banderas

la mortaja está lista

se terminó la espera…

el mundo será huérfano cuando el poeta muera ■

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