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miércoles, 10 agosto, 2022
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Lilia Rubio Zamora, la traductora del presidente

■ Historia y Poder

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Ahora que nuestro presidente acude al vecino país del norte siempre es indispensable la periodista y traductora Lilia Rubio Zamora, ya que permite tareas tan delicadas como dejar en claro qué es lo que ambos mandatarios afirman o reafirman.
No es nueva en esto.
Yo la recuerdo como una mujer hermosa, tenía 15 años y ella unos 24, era actriz, novia del austriaco Leo María Gabriel, un aventurero corresponsal de LE MONDE, de la realeza de aquel país que le dio pata a la aventura con un grupo de actores mexicanos en una gira sorprendente por todo el continente hasta llegar a la Argentina y siendo detenidos por la policía militar de aquel país por andar entrevistando a los Montoneros, brazo armado guerrillero del entonces peronismo vociferante.
Lilia siempre ha sido impactante, actriz del INBA, junto con Claudio Obregón y fello Eliel, suplió a una actriz del grupo Fantoche que decidió, desde la UNAM, acudir al festival teatral de Manizales, en Colombia, y al festival del Ateneo, en Caracas, Venezuela, de paso irse a apoyar al pueblo chileno que recién sufría el golpe militar del pinochetismo bastardo y criminal.
En Panamá se encuentran con Adrián Carrasco y Leo María y ahí entablan una amistad, INFORME se llamaba el grupo y eran, antes que nada, cineastas, ambos grupos entre los que destacaban Enrique Ballesté, Antonio Herrero del Rello, Adrian Mateuz , Abraham Vidales, etc., deciden en tremendo camión hipioso subirse todos y hacer la gira y es cuando abordan los festivales antes descritos, en Caracas algunos se regresan apoyados por Carlos Andrés Pérez -el que camina- y tienen dos opciones, cárcel o avión a México.
Lilia, Leo, los dos Adrianes y Ballesté siguen hasta Perú, ahí cantan y hacen teatro en los barrios más pobres de Lima, Ballesté se regresa a México y Lilia y dos los adrianes y Leo continúan cantando, haciendo teatro, filmando hasta el sótano del mundo donde otras mil aventuras les sucedieron y un avión enorme de la fuerza Aérea Mexicana los trae de regreso y en donde iba el potosino Fausto Zapata Loredo, personero y corre ve y dile del entonces mandatario Luis Echeverría.
Lilia rompió los cánones, sus papás mormones en Utah, en EEUU, tenían restaurantes de comida mexicana y ella decidió irse a México a estudiar Teatro en el INBA; pronto el destino le dio otros senderos en donde siempre ha destacado, la recuerdo muchas veces incomparable en el Foro Isabelino de la Colonia San Rafael, ese teatro gigantesco, casa de todos y que fue tomado por los estudiantes de arte dramático de la Facultad de Filosofía y letras de la UNAM; la recuerdo en los festivales que hacíamos con el Doctor Salvador Nava juntando a los poetas y revisteros del país en las calles, la recuerdo como siempre lo ha sido: afable, bella, elegante, sonriente, amigable y nunca persuasiva.
A veces le escribo y le explico mi admiración por la tarea que tiene del servicio de traducción e interpretación de los eventos y reuniones de trabajo, ya desde la Secretaría de Economía, como desde la misma oficina de la presidencia y me responde que “Por si te interesa. Esta ceremonia es larga tendida, así como interesante. Como verás, aunque ya en la prehistoria, en la interpretación, me siguen sirviendo mucho mis años teatreros en cleta. Ha. Abrazote, Rubio.”-en esta ocasión se refiere a la toma de posesión de Biden-.
El Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística – CLETA- fue nuestra casa, nuestra agrupación, madre donde todo confluía, a mis 15 años tuve maestros únicos como la argentina Raquel Arellano, Tonino del Rello, Ballesté y los hermanos Betancourt, los carnales Martínez Rivera, Maylo Colmenares, y el ejemplo de Lilia Rubio Zamora, sonriente, papos suecos, mezclilla juvenil, todo esto en Sullivan 43, frente al Monumento a la Madre y en donde curiosamente mi padre trabajaba a escasas dos cuadras -Insurgentes y Antonio Caso, con uno de sus hermanos que -por galán y suertudo-se casó con una millonaria con fábricas de andamios de seguridad y esas cosas- y todo volvía a confluir, ya que tenía 4 años de no ver a mi Jefe pues lo último que supimos de él fue cuando se juyó en Ciudad Juárez con una de sus amantes dejándonos en el invierno más crudo que jamás hubiera imaginado.
Y ahora que nuestro presidente tiene visitas de alto rango de embajadores o avenidos de los EEUU o sus visitas a aquel país, de volada recuerdo a Lilia y me da gusto y regocijo y pienso qué ha de sentir en tan importantes reuniones donde nadie pierde la cordura.

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