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viernes, 19 julio, 2024
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Aunque esté en prisión me siento libre, porque ya no dependo de la droga, afirma interno

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Por: RAFAEL DE SANTIAGO •

■ “Por una mala decisión mi esposa y yo estuvimos por recibir 30 años de condena”: Tinoco

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■ El Cerereso de Cieneguillas fue sede de la cuarta edición de la Carrera Guadalupana 5K

La vida de Emiliano y su esposa, con quien lleva dos años de matrimonio, cambió en menos de una hora, pues un error provocó que ambos purguen una condena de 15 años en el Centro Regional de Reinserción Social (Cerereso) de Cieneguillas, varonil y femenil, respectivamente.

“Fue una mala decisión, antes me drogaba, delinquí, me gustaban el dinero y el poder, me ofrecieron dinero, acepté, y en menos de una hora mi esposa y yo estuvimos a punto de recibir 30 años de condena”, explica.

Emiliano Tinoco Carrillo, originario de Fresnillo, se hizo adicto a las drogas desde joven, en Estados Unidos, cuando fue a conocer a su padre. A partir de ahí, dice, tomó decisiones malas, entre ellas robar.

En aquel país cuando cumplió los 20 años de edad nació su primer hijo, después tuvo otro, pero al morir su segunda esposa quedó al cuidado de su madre, y con su actual pareja no ha procreado; ahora tiene 32 años.

Aclara que nunca perteneció a una pandilla o cártel de droga, pero dice que se equivocó. Actualmente está por cumplir tres años de prisión.

Al ingresar al Cerereso de Cieneguillas le fue difícil adaptarse a una nueva vida tras las rejas, “lo que más extraño es mi privacidad, a mi familia, la comida, y hacer ejercicio en bicicleta al aire libre”, dice Emiliano.

Su adicción a las drogas le representó un problema al estar tras las rejas, pues por falta de dinero no podía comprarlas.

Después de tres años, Emiliano dice haber cambiado las drogas y su estilo de vida al leer la biblia y hacer deporte. Desde hace dos años no consume drogas ni alcohol, afirma. A la pregunta de cómo lo logró, la responde con palabras: “Conocí a Dios”.

Al no poder mantener el vicio de la droga se dedicó a leer la biblia, la cual, dice, le enseñó que todo suceso en la vida de una persona tiene una razón de ser y brinda enseñanza.

Su reclusión la considera como una experiencia de la cual ha aprendido y le permitió reflexionar sobre su comportamiento.

Además, cree que la adicción tuvo que pasar para poder hacer un cambio radical en su estilo de vida. “Aunque esté en prisión me siento libre, porque ya no dependo de la droga, ya si gano 100 pesos de mi trabajo compro comida”, asevera Emiliano.

Relata que estudió hasta el cuarto semestre de Ingeniería Industrial, sin embargo cuando viajó a Estados Unidos se enganchó en las drogas y abandonó los estudios.

Actualmente da clases a quienes no han concluido su primaria y preparatoria. Su rutina inicia desde las 7 horas, asea su celda, sale a correr y cerca de las 9 horas acude al taller de carpintería. Sale a las 15 horas y a las 16 horas acude a charlas de alcohólicos y neuróticos anónimos, lo cual le ayuda a mantener una buena conducta.

Tiene un momento libre de 17 a 18 horas, en el que aprovecha para leer la biblia, ver televisión o tocar la guitarra. Después pasa lista en el cañón y a las 20 horas cierran su celda.

Sin embargo, lamenta que cada vez más la cárcel se llena de jóvenes, van de los 18 años en adelante, lo que es un reflejo de la inseguridad que se vive al exterior, dice. “Yo exhortaría a los jóvenes a que si van a tomar una decisión lo piensen bien primero. Aclara que evita ver noticieros, pues según Emiliano, sólo lo perturban, además de que está consciente de que su mundo ahora es permanecer aislado de la sociedad. Al salir, piensa instalar su propio negocio de carpintería y seguir adelante con su familia, lo cual podría darse en un año, pues su buena conducta le ha ayudado a obtener beneficios.

“Uno puede forjar su propia vida, si llevas una buena vida vivirás diferente. Lo gacho es cuando sales, la gente no sabe si cambiaste o no, ellos te siguen catalogando como delincuente”, asevera Emiliano.

Añade que esta Navidad la pasará en su celda, con una cena, leyendo la biblia, como un día común, pero con la visita de sus familiares.

Este jueves se realizó la cuarta edición de la Carrera Guadalupana 5K en el Cerereso de Cieneguillas, en el que participaron más de 50 reos.

También se realizó una muestra de trabajos artesanales que realizan los internos en los talleres de carpintería, talabartería, entre otros, esto dentro de los festejos del Día de la Virgen de Guadalupe.

Actualmente el penal tiene una población de casi 700 internos, de los cuales 80 por ciento trabaja en estos talleres.

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