La conquista de derechos que mejoren las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora desde siempre ha sido compleja, tan es así que se consiguen a cuentagotas y con grandes esfuerzos de quienes se atreven a iniciar las luchas reivindicativas. Las razones son diversas y los factores de esta situación son múltiples, pero quiero aprovechar este espacio para hablar de uno de ellos por la relevancia que tiene. Me refiero a la unidad.
La principal característica de los modos de producción desde la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo hasta el neoliberalismo tienen en común la explotación y la opresión de unos pocos sobre la base de la pirámide social que es la clase trabajadora (llámense esclavos, siervos, campesinos, obreros, etc.), que numéricamente siempre son muchos más. ¿Pero por qué razón unos pocos pueden dominar a más del 90 por ciento de la población?
La razón obedece a que quienes ostentan el poder económico y político cuentan con distintos aparatos de control, tanto ideológicos (la educación, los medios de comunicación, la religión, la cultura, el sindicalismo blanco, etc.) como represivos (el monopolio del uso de la fuerza a través de cuerpos armados, las estructuras legales para castigar a los de abajo, jamás a los de arriba, etc.)
Pero estos elementos no son suficientes para que los pocos dominen a los muchos. ¿Qué más hay en este fenómeno? Existe la dificultad para que la clase trabajadora se organice y luche codo a codo para sacudirse el yugo de la opresión. Históricamente ha habido intentos de constituir organizaciones sociales y sindicatos para oponer resistencia al atropellamiento de quienes tienen el poder. La fuerza transformadora de esas organizaciones sociales depende principalmente de cuatro factores: el número de quienes las integran, la legitimidad de las causas que enarbolan, la convicción de sus miembros y la solidez de su unidad.
Este último factor es muy voluble, pues depende de la conciencia de clase de los trabajadores y la descolonización del pensamiento que hayan alcanzado, pues cuando esa conciencia es endeble, muy fácilmente el poder de facto disolverá esa unidad con distintos artilugios. ¿Qué estrategias utilizan para balcanizar los movimientos sociales? Recurren principalmente a la cooptación de algunos de sus integrantes, principalmente de aquellos más visibles que cuentan con el reconocimiento de algún sector de la agrupación, cooptación que se da bajo diversos mecanismos: amenazas, otorgándoles prebendas como dinero o bienes materiales, convidándoles pequeños cotos de poder, ofreciéndoles cargos públicos o candidaturas a puestos de elección, etc.
Muchas veces se conjuga con uno o más de estos elementos el ego mal calibrado por algunos integrantes de la clase trabajadora. Este fenómeno existe “desde que el mundo es mundo” y es tan deplorable por lo que obstaculiza el avance en derechos laborales que Simone Beauvoir, destacada filósofa y escritora francesa del siglo XX, lo señalaba con un dejo de amargura: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.
Cuando esto ocurre se pierde la oportunidad de avanzar en materia de justicia social, se desmoraliza a sus integrantes y se disuelven los movimientos.
En el caso del magisterio zacatecano del sistema federalizado, a partir del triunfo épico que obtuvo en las urnas el 13 de diciembre de 2024, ha ido en ascenso en su capacidad de organización y en la consolidación de la unidad, la cual se debe a la toma de conciencia sobre la realidad compleja y adversa que padecemos como trabajadores, sobre todo en el aspecto pensionario; además, porque de esta manera la unidad está cimentada en causas y no en personas; pero también porque seguramente las y los agremiados observan la autenticidad de nuestras motivaciones en nuestro papel como representantes; entre otras.
Esta fuerza que se acumula y se solidifica con la suma de voluntades individuales causa preocupación en distintos espacios de poder, por lo que estamos expuestos a que recurran a la vieja táctica de “divide y vencerás”. Ante tal riesgo debemos estar muy atentos y no permitir ningún tipo de escisión que mengüe la fuerza de nuestro movimiento, por el contrario, se precisa mejorar nuestros procesos organizativos y en ello empeñamos parte de nuestros esfuerzos a través de distintas acciones, entre ellas, transparentando nuestro actuar para preservar la confianza que en nosotros se ha depositado y promoviendo la democracia participativa.
Como muestra de ello es que estamos realizando, tal como lo hicimos al final del 2025, una nueva ronda de Asambleas Regionales para informar, realizar balances de nuestras luchas y tomar decisiones con miras de alcanzar nuestros objetivos comunes.
Así pues, por el propio bienestar del gremio al que pertenecemos, hagamos efectiva la consigna de la CNTE: “Unidos y organizados, venceremos” y sigamos escribiendo una destacada historia de lucha magisterial.
*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE



