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lunes, 8 agosto, 2022
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La pobreza como destino

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Por: DANIEL SALAZAR M. • Admin •

Nuestros jóvenes han dejado de ser la esperanza de México para convertirse según ésto, en “grupo de alto riesgo”’. Sin escuela ni trabajo, son el botín de la delincuencia y la economía informal, se dice. Son, quienes pronto abandonan su pueblo, su país, su tierra…

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Se cuentan por millones y están por todas partes. En las ciudades grandes por ejemplo, durante la crisis, muy pocos son absorbidos por la producción y otros tantos dejan sus estudios para perderse en la marginación, alejados del desarrollo en las “ciudades del conocimiento”. La nota roja de los medios, oculta diariamente el abandono en que se encuentran, para referir siempre la noticia como conflicto entre bandas, pandilleros y policías.

La juventud en su pobreza, barrios y vestimenta – es motivo frecuente del escándalo y la sospecha; “la calamidad que desluce la ciudad de los pudientes”; el porqué de desconfianza. Las cárceles se encuentran saturadas con ella y la ley siempre encuentra artículos y decretos para castigarla.

En muchos estados de México, subsiste hoy en día, la aspiración judicial de reducir el límite de edad para la responsabilidad penal debido a que los jóvenes son muchos y muy inquietos pero, sobre todo, rebeldes. Los gobiernos aseguran que con esta particular iniciativa de ley, se avanzará en bien de la justicia y la libertad de todos. Todo indica ahora, que los niños-adolescentes, rescatados entonces de las jornadas laboral-fabriles de 14 horas, los vemos realizando trabajos en la calle y que nuevamente han vuelto a ser amenazados en nombre de la ley.

En este país de jóvenes y niños, no se respetan los derechos humanos. La “sociedad” no les otorga salud, educación, trabajo, pero sí les reprime y encarcela ¿Qué cuál es su delito?: El ser jóvenes y pobres. Ahí donde nosotros vemos juventud, pobreza o marginación, el gobierno, su comitiva y demás poderes, solo encuentran focos de delincuencia.

Menos que pobre –miserable– diría Víctor Hugo en torno suyo. Y es que es la injusticia de la miseria la que envuelve los hogares de millones de jóvenes y niños que pasan los días sin alimento y las noches sin luz ni sueños. En los “barrios bajos”, donde por las noches se prenden hogueras en las calles para danzar con el frío, las colonias se convierten en campos de batalla naturales para los jóvenes guerreros. Las paredes y bardas serán sus molinos de viento en los que sus lanzas multicolores romperán el silencio de la marginación. Pintarán, con todas sus letras, la libertad ausente y en el dialecto propio de su clan, mil mensajes de rabia y amor a la posteridad.

Los gobernantes dirán que es culpa de la familia, de padres irresponsables y hasta consecuencia de problemas hereditarios, de genética o de desequilibrio mental. La moral burguesa, que tapa con dinero los pecados, dice estar aterrorizada con tanta inmoralidad callejera por lo que apresura su limosna de un tercio de millón, para comprarse un tercio de cielo y la tranquilidad de su vida mientras tanto.

La pobreza no deberá ser el destino de todos. El monstruo de la ciudad capitalista, que obliga a la Juventus a organizarse en pandillas para contar con un territorio y defender su integridad, tendrá que ser derrotado desde sus propias entrañas. Que mientras tanto, el mote de la banda les permita la identidad que hasta entonces les es desconocida.

La juventud hace tiempo que aguanta y resiste, que vive herida y marginada. Deseo que su lucha cotidiana la lleve a mejorar su condición y a inclinar la balanza histórica a su favor. Espero estar ahí, cuando despierte su rabia y acompañarla. Para convertir a los acusadores en acusados. Para recordar siempre –lo mismo que nuestro famoso escritor- que “de la pobreza nacen también la dignidad y la altivez en aquellos a quienes el dolor no logró vencer. Que la revolución fundamenta en las diferencias de clase sus razones y que su cólera será absuelta por el porvenir cuyo resultado será un mundo mejor”. ■

Fuente: Los Miserables (Víctor Hugo)

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