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miércoles, 22 mayo, 2024
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‘Es dolor lo cotidiano’. Una lectura de los cuentos de Juan Gerardo Aguilar

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Por: LEANDRO DE TIRSO •

La Gualdra 602 / Literatura

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Unos días atrás, mientras revisaba el perfil de mi cuenta, llamó mi atención una publicación de Facebook en la que se proyectaba una imagen cuya perspectiva presenta un panorama de ventanas correspondientes a habitaciones de un edificio en condominio. En la descripción se leía: “En cada una se desarrolla una historia diferente”. Enseguida reflexioné que dentro de esas aberturas, por donde apenas se distinguía la luz tras la cubierta de tela, sucede, en efecto, la vida particular de personas, y que eso implica la introducción a una integridad singular en cada caso.

Imaginé, entonces, cómo en alguna de esas viviendas un individuo lamenta no poder darle una vida digna a sus hijos por no poseer los medios económicos adecuados. Al mismo tiempo, en el espacio aledaño, una mujer sufre al recordar el abuso que padeció en su infancia y nunca pudo externar por inseguridad con sus allegados. En otra de las estancias un hombre de mediana edad reniega porque la monotonía ha deformado la relación con su amada.

En lo que seguía mis cavilaciones, comenzó a fijarse en mí la idea de que las paredes que dimensionan una habitación encierran un lugar que en determinado momento es único; de modo que, como en las situaciones antes planteadas, el área se convierte en un mundo aparte de lo demás, regido por las leyes de los demonios y los fantasmas que atormentan a las personas que ahí habitan.

Recordé, como síntoma de la reflexión anterior, los cuentos del escritor zacatecano Juan Gerardo Aguilar, los cuales se reúnen en los libros El refugio del hurón (2010) y Servicio al cuarto (2013), debido a que presentan una serie de situaciones nada alejadas de los episodios que discurren en mi introspección. El personaje protagonista en cada una de las historias se enfrenta a una partícula que refleja la fragilidad de la existencia humana. La noción general del argumento establecido gira en torno a la idea de la habitación como un universo particular, aunque no remoto a la realidad cotidiana, ya que la descripción mediante la que se construye la tesitura de su exposición es más verosímil que ficticia.

Quien lee estos cuentos se enfrenta a una narración audaz, directa, a momentos cruda e inquietante, que propone una angustiante atmósfera en la que se exploran sentimientos como la culpa, el odio, la desesperanza, la soledad, el miedo, todos ante la profunda presencia del amor o la muerte y el dolor que ofrecen. Pronto uno se engancha con el relato, cualquiera que sea, porque emerge de cuestiones que remiten a sucesos comunes escuchados en los noticieros y en pláticas ocasionales. Los personajes son identificados inmediatamente, ya que de alguna manera forman parte del imaginario del lector.

Considero, también, que una de las razones por las que los personajes pueden ser tan bien acogidos por quien se aproxima a la enunciada trama, hasta reconocer cierta empatía por ellos, se debe al hecho de que se presentan resignados a su destino. A pesar de la crítica y cuestionable condición que los atrapa, ese rigor de la vida parece ser la única señal que les indica su lugar en el mundo.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_602

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