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jueves, 18 agosto, 2022
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Muerte del ex presidente Luis Echeverría generó en redes sociales reacciones discretas y distantes

■ El presidente López Obrador envió un respetuoso pésame a familiares y amigos

■ El PRI, publicó: “Lamentamos el sensible fallecimiento del ex presidente de México, Luis Echeverría Álvarez. Nuestras más sentidas condolencias a familiares y amigos. Descanse en paz”

■ Miles de usuarios no desperdiciaron la oportunidad para crear memes sarcásticos sobre la figura del polémico ex mandatario que vivió 100 años

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Por: ALEJANDRO ORTEGA NERI •

Luego de que este fin de semana se diera a conocer la muerte del ex presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, las reacciones en redes sociales se dividieron en las discretas y distantes, por parte de las instituciones, entre ellas la del presidente Andrés Manuel López Obrador; y las de regocijo por parte de miles de usuarios que no desperdiciaron la oportunidad para crear memes sarcásticos sobre la figura del polémico ex mandatario que vivió 100 años.
“En nombre del Gobierno de México envío un respetuoso pésame a los familiares y amigos del licenciado Luis Echeverría Álvarez, presidente de México durante el sexenio de 1970 a 1976”, fue el escueto mensaje del presidente Andrés Manuel López Obrador, mientras que el del partido que lo llevó a la presidencia en 1970, el PRI, publicó: “Lamentamos el sensible fallecimiento del ex presidente de México, Luis Echeverría Álvarez. Nuestras más sentidas condolencias a familiares y amigos. Descanse en paz”.
Esto mientras algunos actores de oposición, como la senadora del PAN, Lilly Téllez, lo compararon con Andrés Manuel López Obrador porque odiaba a los empresarios exitosos, dijo.
Por su parte, usuarios recordaron que murió el 8 de julio, el mismo día que su gobierno atacó la libertad de expresión por el golpe al periódico Excelsior. Y en el caso de las manifestaciones con memes, en la mayoría se asumía que el ex mandatario se iría al infierno y en el regocijo, incluso se organizó hasta una celebración en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México, la plaza por antonomasia para festejar las victorias del país.
El primero de diciembre de 1970 en las instalaciones del Auditorio Nacional en la capital de la República Mexicana, Luis Echeverría Álvarez, cumpliendo uno de sus anhelos de la infancia , tomó posesión como presidente constitucional de México y en su primer discurso dejó en claro el destino que tomaría su gobierno: un distanciamiento de la administración saliente, la diazordacista, reiterando el deseo de enmendar los agravios hacia la sociedad y la juventud cometidos en el sexenio pasado, por lo que tendría como objetivo primordial el acercamiento con los jóvenes, el diálogo, la crítica y la autocrítica, todo esto en un nuevo sistema de “apertura democrática”.
Sin embargo, la democratización de la vida política se vio prontamente desvanecida el 10 de junio de ese mismo año cuando, recién amnistiados, los líderes del movimiento estudiantil del 68 junto con universitarios de la Ciudad de México convocaron a una manifestación que partió de las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional y el casco de Santo Tomás, hacia el centro de la ciudad. En el transcurso de la marcha apareció un grupo de jóvenes armados con palos, bastones de kendo y macanas que arremetieron contra los estudiantes que se manifestaban de forma pacífica. A algunos agredidos los subieron a patrullas, ambulancias y autos privados para llevárselos, episodio que en la historia de México se conoce como el “halconazo” o “jueves de Corpus”.
Uno de los rasgos más característicos del sexenio de Luis Echeverría fue su política económica. Cuando llegó a la silla presidencial el mundo se encontraba en una severa recesión mundial que repercutió en la economía interna de México. La afluencia de capitales se redujo y los inversionistas se encontraban con cierta incertidumbre ante el camino que tomaría el nuevo gobierno. Se desarrolló un fenómeno que los economistas denominaron “atonía”, que consistió en la presencia de una notable inflación, aumentos del desempleo, disminución de inversiones y escasez de circulante. Como respuesta a esto, el gobierno echeverrista incrementó el gasto y la inversión pública, pero no reorientó la política económica que exigía una transformación profunda.
Una de las primeras acciones realizadas por su gobierno, fue modificar el sistema de desarrollo estabilizador que había iniciado en la década de los 30 y que después del sexenio de Díaz Ordaz parecía ya obsoleto. El desarrollo estabilizador apostó por la expansión del mercado interno con la idea de que el país produjera lo que consumía y con esto se fortaleció a la industria y la infraestructura. Pero a inicios de la década, comenzaron a cuestionarse varias de las bases de este modelo y aunado a las condiciones desfavorables de la economía de esos años, se condujo a la consecuente implementación de una nueva estrategia económica a la que denominaron “desarrollo compartido”, un proyecto de mucha inversión pública para que los beneficios llegaran al campo y a la ciudad.
Pero ante la falta de dinero, el presidente Echeverría recurrió a dos vías para obtenerlo, la primera fue el endeudamiento externo, y la segunda la emisión de billetes, estrategia que funcionó algunos años del sexenio, aunque después tuvo consecuencias graves. De igual manera aumentó los salarios de los trabajadores, aunque no había producción ni aumento en el producto interno que sustentara este incremento salarial. Y la fórmula que encontró el gobierno de Echeverría para activar el desarrollo nacional y canalizar los millones de pesos que el Banco de México imprimía, fueron los fideicomisos, las comisiones y las empresas paraestatales.
El sector privado no vio con buenos ojos las políticas económicas del régimen echeverrista y como una reacción producto del descontento, impulsó la fundación del Consejo Coordinador Empresarial. Asimismo, empresarios criticaron la tolerancia gubernamental hacia el sindicalismo independiente, las demandas obreras de incrementos salariales y proyectos concernientes al control de precios y protección al consumidor. El descontento los orilló a administrar su capital en el extranjero, acción que tuvo como consecuencia la descapitalización del país, factor que contribuiría a la crisis de fin de sexenio.
Luis Echeverría Álvarez llevó el gasto público a extremos nunca antes vistos hasta entonces. A lo largo del sexenio, los gastos del gobierno fueron cubiertos con deuda externa y con la elevación de precios. Ya al final de su mandato la inflación creció de manera desmedida, el peso se devaluó después de 20 años y estalló una crisis económica sin precedentes. El gobierno de “apertura democrática” llevaba al país a la debacle.
En 1976, en su último informe de gobierno, Luis Echeverría justificó la deuda externa y defendió, el modelo que su gobierno había empleado, pero luego anunció el establecimiento de un “nuevo tipo de cambio en condiciones de libre convertibilidad” para atender las fuerzas reales del mercado, lo que en palabras de uso común no era otra cosa que la devaluación. Fracasó el experimento en materia económica, el peso se desplomó y pasó de 12. 50 a casi 25 pesos por dólar, mientras que la deuda externa se triplicó, además de que el salario cayó a la mitad. Si bien, hubo muchos factores para estos resultados, especialistas y estudiosos del sexenio consideran que uno clave fue lo que el historiador Daniel Cosío Villegas llamó “el estilo personal de gobernar”.

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