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martes, 29 noviembre, 2022
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Un acercamiento a los Retablos Populares del Museo Zacatecano

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Por: Víctor Hugo Ramírez Lozano •

La Gualdra 550 / Retablos populares / Tradiciones

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Una de las colecciones semilla que dieron origen al Museo Zacatecano es la de “Retablos Populares Mexicanos del siglo XIX”, está formada por 193 ejemplares recopilados por el nochistlense don Fernando Juárez Frías (1922-2011) y donadas en vida al Gobierno del Estado con el objetivo de que pudieran ser exhibidas al público como parte de un museo dedicado a la cultura que emerge en estas tierras. Cuando se formalizó este donativo artístico se esbozaba la idea de que el Museo Zacatecano se ubicaría en el antiguo Hospicio de Guadalupe, Zac.

Se conocen como retablos populares a aquellas pinturas de carácter religioso creadas por pintores líricos a quienes se les contrataba para realizarlas; por lo general eran personajes participativos en las manifestaciones de fe (procesiones, altares efímeros, carros alegóricos) que se organizaban en los pueblos y que además trabajaban en los templos como intendentes, auxiliares litúrgicos o catequistas; extremadamente pocos tuvieron algún acercamiento formal a las artes, por lo que el grueso de las imágenes pintadas a pesar de haberse basado en grabados académicos que ilustraban los misales y devocionarios, presentan defectos en su proporción, composición, colorimetría y perspectiva, resultando obras de naturaleza muy ingenua.

En su manufactura el óleo es una constante y el soporte o superficie sobre la cual se plasmaban eran hojas de lámina, conocidas como hojalata (acero con una capa de estaño). También los hay sobre madera, cuero, láminas de cobre y zinc. Muy particularmente la colección de don Fernando Juárez cuenta con tres retablos sobre madera que datan de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Durante el siglo XIX y aun bien entrado el XX, muchas de aquellas láminas procedían del reúso de los recipientes en los que se transportaba manteca, aceitunas y otros comestibles; localmente -al menos por los zacatecanos- eran conocidos como “botes de cuatro hojas”, de ahí se entiende la constante en las dimensiones de las obras, que no rebasan los 45 y 30 centímetros por lado y de algunos dobleces y relieves en sus orillas. En general se buscaba que el soporte fuera económico, duradero, de fácil disposición.

El nombre de retablo deriva del latín retrotabula, “tabla o madera a tras de”, pues se colocaba detrás del altar exponiendo las imágenes de culto divino a la vista del oficiante y de los feligreses. El género del retablo abordado como arte sacro popular lo podemos dividir en dos variantes: el Retablo Exvoto y el Retablo Devocional; a la primera pertenecen aquellas pinturas que, en agradecimiento o retribución por algún beneficio recibido, el favorecido pintó o mandó pintar y dedicó al santo o imagen a quien hizo sus súplicas. La pequeña lámina policromada a manera de historieta buscaba explicar gráficamente el milagro concedido en una o dos escenas acompañadas de una brevísima narración. Este reconocimiento a la intervención divina era llevado para su exposición pública preferentemente al templo en donde se venerará a la invocada imagen. En muchas poblaciones y santuarios de la geografía mexicana aún se acostumbra a realizar estos exvotos. El Santuario de Plateros, en Fresnillo, tras varias centurias ha resguardado y sigue acumulando año con año miles de ejemplares interesantes.

Al Retablo Devocional corresponden aquellas imágenes de Cristo y/o María en sus diferentes advocaciones así como la de los propios santos, pero en vez de servir como agradecimiento, estas se pintaban meramente como retrato para ser veneradas en varios lugares del hogar y en capillas de poblaciones muy pequeñas; en Zacatecas por ejemplo, en comunidades eminentemente agrícolas y ganaderas, se construían a la vera de las parcelas y potreros pequeños monumentos de piedra con un nicho capaz de proteger alguna de estas imágenes en compañía de alguna veladora; así mismo, estos retablos fueron muy socorridos en los llamados “resguardos”, pequeños cuartos de adobe o piedra en medio del campo para que tras las largas jornadas de siembra y pizca, los trabajadores pasaran ahí la noche, pues debido a la distancia y el transporte, era inviable ir y venir a sus casas. Es precisamente en las puertas y paredes de estas construcciones que se clavaban las láminas con los santos y advocaciones socorridas de la región o bien, las más avocadas a la tarea realizada: San Isidro Labrador aparecerá ligado a los campos de cultivo, así como Nuestra Señora del Refugio como amparo de desprotegidos.

No obstante de su carácter inocente y sencillo, estos cuadros nos develan una de las más ricas y auténticas expresiones de religiosidad y conocimiento popular sobre la hagiografía (historia de los santos) que existía al interior de la vida familiar mexicana, pues la inmensa mayoría eran colocados en altares domésticos, ermitas y lugares de trabajo; además en ellos es posible leer rasgos muy regionales de la interpretación de los valores cristianos sin dejar de lado aquellos destellos de superstición, sortilegio y paganismo que forman parte de nuestra idiosincrasia. Por citar un rito alrededor de estas imágenes está el que practican algunos comerciantes que, al interior de sus negocios colocan una discreta estampa de San Martín Caballero y al abrir sus puertas o levantar las cortinas, lo primero que hacen es arrojar un vaso de agua limpia a la calle con el fin de atraer las buenas ventas (el agua es para que mágicamente el sediento caballo que monta San Martín se acerque a beberla y así el santo los cubra con su manto).

El uso de los retablos tanto devocionales como exvotos, se vio casi extinto cuando aparecieron de manera comercial los cromos o imágenes sobre papel y cartón a fines del siglo XIX, pues se distribuyeron de manera intensiva y económica, desplazando a los pintores locales. Afortunadamente tenemos noticias de que este género de pintura está resurgiendo en algunas comunidades mexicanas e incluso trasfronterizas.

Les invito a que conozcan los retablos populares del Museo Zacatecano, se sumerjan en su sala y que cada quien encuentre el santo de su devoción entre toda esta colección.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra550

 

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