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martes, 7 diciembre, 2021

Austeridad: Falsedad e Irresponsabilidad

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Por: Daniel Alberto Pérez Ruiz •

El argumento de la austeridad se expande hasta el último rincón en el actuar de aquellos que aspiran a una transformación de la vida pública nacional. Sostienen que un gobierno responsable es aquél que gasta lo que ingresa a sus arcas. Y que la única salida a la caída de los ingresos públicos es un mayor número de recortes. Como si se tratase de un sistema que se auto ajusta, buscan siempre igualar el gasto al ingreso público como si este fuese el único factor que dotara de certidumbre al sistema económico. Imaginemos el hipotético caso que los ingresos públicos siguiesen cayendo: ¿presenciaremos la gradual desaparición del aparato del gobierno y de unos cuantos repartiendo lo poco que se recauda?

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Parece que se piensa así. Y es así como se anuncia el compromiso de mantener la austeridad fiscal, a pesar de la caída en los ingresos del sector público, con miras a mantener una política fiscal ‘responsable’, que no hace más que renunciar irresponsablemente al gasto público deficitario como una herramienta para estabilizar la economía. Ignoran que el déficit del sector público representa un superávit para el sector privado (esta es una simple cuestión de contabilidad). La austeridad conlleva a una reducción de la participación del Estado en el sistema en su conjunto. Lo que paradójicamente resulta mas irresponsable, en una transformación de la vida pública nacional, es la aplicación de medidas que han demostrado fracasar en el terreno de lo público. Peor aún, medidas sustentadas en mal uso de herramientas matemáticas. Me refiero a la idea de la austeridad. Por ello que, considero pertinente, recordar lo peligroso de éste tipo de ideas respaldadas en errores y creencias difíciles de borrar en las mentes de los economistas.

Quizá un ejemplo claro de ello es el trabajo de Carmen Reinhart y Keneth Rogoff, publicado en 2010 y titulado “Crecimiento en un Tiempo de Deuda”. Sus resultados demostraban empíricamente los peligros de la deuda pública. En éste argumentan que existe una relación débil entre la deuda pública y el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real cuando la deuda los gobiernos operaban debajo de un límite del 90 por ciento de la relación deuda/PIB. Para las economías que operaban por encima de éste límite, la tasa de crecimiento promedio caía dramáticamente. Encontraban así una relación negativa entre endeudamiento público y crecimiento económico, que llevaría a generar una recomendación de política clara: los gobiernos debían de seguir políticas de austeridad si estos buscaban crecer. Los resultados de este estudio resultaron tener una gran influencia en el debate público ante el interés de superar la Gran Recesión por parte de las principales economías.

Sin embargo, en 2013, Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin replicaban los cálculos realizados por Reinhart y Rogoff. En dicho ejercicio encontraban resultados espeluznantes para aquellos defensores de la austeridad: errores en las hojas de cálculo, tales como errores estadísticos y de codificación, así como exclusión de algunos datos, llevó a un cálculo erróneo que representaron de manera inexacta la relación entre deuda pública y el crecimiento del PIB. Con el uso de las mismas hojas de cálculo y para el mismo periodo de estudio, Herndon, Ash y Pollin encontraban resultados totalmente contrarios a lo establecido en 2010. Los países que operaban con una relación de deuda pública/PIB mayor al 90 por ciento tuvieron un crecimiento real del 2.2 por ciento y no del -0.1 por ciento – como Reinhart y Rogoff sostenían. Así, Herndon, Ash y Pollin concluían que la relación entre deuda pública y crecimiento económico variaba significativamente de acuerdo al periodo y país de estudio, pero rechazaban que los países mostraban tasas de crecimiento económico negativas si éstas operaban arriba del límite del 90 por ciento.

Reinhart y Rogoff posteriormente acusaban que eran víctimas de la politización de su investigación. Argumentaban que su trabajo había sido frecuentemente exagerado y tergiversado en el terreno de lo político, dado el uso que se le había dado a su estudio para respaldar las políticas de austeridad. En parte Reinhart y Rogoff tenían razón. Las decisiones, en última instancia, recaen en los hacedores de política y no en el académico que la formula. Pero dichas decisiones de política en mayoría de los casos depende fuertemente de la cosmovisión del hacedor de política que las formula. Entonces entramos al terreno nuevamente de lo que aprenden nuestros economistas. Somos presas de lo que ellos aprenden y creen que es correcto. Fundamentan, sin duda, sus acciones en el terreno de lo teórico y lo empírico, que no siempre es verdadero, sino que puede permanecer en el terreno de lo reaccionario, conservador y de la mentira.

Finalmente ¿es en realidad responsable perseguir políticas respaldadas en falsas intuiciones y el mal uso de las herramientas empíricas? ¿Es en realidad responsable la generación de desempleo a expensas de otros? ¿Es en realidad transformadora una política de austeridad que ha demostrado no funcionar a través del tiempo? Los resultados no tardarán en hacerse presentes. Los de corto plazo se viven ahora, principalmente por aquellos que fueron despedidos. O por aquellos que aún esperan ser re-contratados bajo esquemas que violentan los derechos del trabajador. Los de largo plazo apenas estamos por ver. ■

* El autor es Investigador de Posgrado en la
Escuela de Negocios de la Universidad
de Leeds en Reino Unido

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