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domingo, 28 noviembre, 2021

Marxitania Ortega

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Por: Marxitania Ortega •

La Gualdra 469 / 8M2021 / Mujeres en la cultura

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Ser escritora es una aspiración permanente. Hace poco una maestra me sugirió que podría tener Trastorno de déficit de atención e hiperactividad. La sugerencia me pareció ofensiva. ¿Cómo podría, yo, tener TDAH, si la atención al detalle hasta la obsesión es lo mío? Días más tarde, después de leer sobre el tema me di cuenta de que la atención obsesiva no solo en una, sino en varias cosas, y la impulsividad, son características de las personas que compartimos este “trastorno” neurológico.

Quizás se deba a eso a que todo el tiempo ando brincando entre oficios. Escribo, pero también soy terapeuta corporal, pero también ando siempre en la búsqueda de generar proyectos comunitarios, pero también doy clases de filosofía, pero también dibujo, pero también hago cerámica, pero también… a veces quisiera que el “pero” no se convirtiera, en el tiempo y en el espacio que habitamos, en una disyuntiva.

Un día, en el taller de cerámica, platicábamos con otras mujeres ceramistas sobre nuestros espacios de trabajo. Descubrimos que la mayoría trabajábamos en el comedor. En la mesa del comedor, entre la preparación de la comida, las tareas de los hijos, el café de la mañana y el de la tarde, ahí habían surgido muchas de las esculturas, tazas y platos que ese día esmaltábamos. Quizás sea mi cerebro extraño lo que me lleva a brincar de aquí a allá entre oficios y proyectos, pero quizás el ser mujer tenga algo que ver. Por ello para mí, escribir y sostener consistentemente mi voz, entre todo lo que sucede en la vida, es un logro. Escribo lentamente. Me tomo el tiempo porque lo que toma forma en las páginas pasa inevitablemente por mi cuerpo.

Entre todas las tentaciones de la vida cotidiana, desde los trastes que siempre invitan a ser lavados y el polvo que va volviendo gris la superficie del librero, hasta las necesidades económicas y las expectativas de productividad, mi gran logro personal es darle a mi voz, a mi necesidad de expresión, todos los días, y confiar en mis procesos creativos, más allá de las obras o los resultados concretos.

De ahí que mi mensaje para este 8M, sea no postergar nuestra voz, no postergar nuestra necesidad de expresión porque en ella va nuestra vitalidad y la dignidad de nuestro espíritu.

 

* Guerrero / CDMX.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_469

 

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