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martes, 6 diciembre, 2022
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Andamos huyendo Elena

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Por: Mauricio Flores •

La Gualdra 269 / Libros

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¿Qué infortunios escondían ese par de miradas?, me pregunto ahora veintitantos años después, y la verdad que como entonces, me cuesta trabajo encontrar respuestas. Miradas de madre e hija, de luces disminuidas por el largo viaje, unas doce horas de vuelo París-Ciudad de México, pero también por algo más. ¿Huyendo de quién, de qué?

La mirada de una mujer (cercana a los ochenta) que volvía a su país tras años de deambular con las cargas más íntimas, sólo por ella exploradas, pero también con las de la hija, la Helena con hache, “la hija del poeta”, le llamaban algunos, La Chata. Miradas (pasos) que se perdieron ignorados en el aeropuerto capitalino, en junio del 93, camino de sabrá qué hotel, los primeros días, de una vivienda en la ciudad de Cuernavaca, después; hasta donde a ambas les llegaría la muerte (cinco años después a Elena, 1916-1998, veintiún a Helena, 1939-2014).

Andabas huyendo Elena, apuesto a pensar ahora que también se conmemora el centenario de su nacimiento. Lo que despierta recuerdos (la bonhomía de René Avilés Fabila, recién muerto, y de José María Fernández Unsaín, para bien recibir de vuelta a madre e hija) y deja sabores encontrados (aquel especie de celo que despertó la asistencia gubernamental a las dos). Efeméride que tiene ya un haber de beneficio, identificado en la relectura de su obra y específicamente en la edición de una antología a cargo de Geney Beltrán Félix, Elena Garro. Antología, editada por Cal y Arena.

Antología que se acompaña del correspondiente trabajo selectivo y un prólogo que explica el porqué de la inclusión de cinco piezas teatrales, doce cuentos y cuatro novelas, tres de estas cortas. No la célebre Los recuerdos del porvenir, puesto de lo que se trata es presentarnos una narradora constante, original, imaginativa y, que sin importar las particulares de su no sosegada vida, supo completar una obra esencial en la literatura mexicana del siglo veinte.

Descuidada como era, poco hizo la propia Elena Garro para reunir de manera organizada su obra. Aun más: de publicarla una vez terminada. “Ahí traigo una caja de cuartillas todas meadas por los gatos que podrían revisarse”, recuerdo que dijo esa lejana tarde del 93. “Imaginadora de historias”, la identifica Beltrán Félix, no cesó de escribir tercamente y sin importarle las consecuentes ediciones. Los años pasaban y poco se conocía de la autora de Los recuerdos…, con la que en el 63 obtuviera el Premio Xavier Villaurrutia y la aprobación general. Esa gran novela que Emmanuel Carballo caracterizaría con los dones la levedad, la gracia y la alegría, frecuentemente escasos en los distintos ordenes de la vida.

“La novela más autobiográfica que he escrito”, diría Garro en aquellos años, si bien las obras ahora antologadas reflejen también mucho de los abruptos caminos que la autora hubo de andar tras su salida del país, posterior a los acontecimientos del 68.

 

Miedo y penuria

¿Cómo no volver de inmediato al cuento aquí incluido “Andamos huyendo Lola”?, donde se “desglosa con un prurito obsesivo los estados de suspicacia, miedo y penuria que conocen las protagonistas”, anota el prologuista. ¿No fueron experiencias similares las vividas por Garro y su hija Helena durante tantos años?

Una historia que parece multiplicarse sin descanso en los títulos que se ofrecen ahora (lejana ya Los recuerdos…) donde, en efecto, nos encontramos a “la mujer perseguida por fuerzas de cariz siniestro que la hunden en la desolación, la paranoia, el encierro y la pobreza”. A las mujeres que se enfrentan siempre en desventaja a las relaciones de pareja.

Mezquindades y recriminaciones, desavenencias de padres, separación de esposos, parejas destruidas, se repetirán en estos títulos de Garro, entrañas también de su quehacer literario, como en Los recuerdos… El lugar para que personajes de gran humanidad evoquen el pasado y ensanchen un rencor que se vuelve “recuerdo del porvenir por los siglos de los siglos”.

A la par que las Obras reunidas, que desde hace unos siete años viene publicando el Fondo de Cultura Económica, esta antología de Cal y Arena es una gran oportunidad para redescubrir la obra de Garro y entregársela a mayor número de lectores.

También un aviso a nuestros investigadores académicos para que realicen estudios más justos y panorámicos de la obra. Lo que saldaría esa pretendida ausencia de la autora que Beltrán Félix subraya: “la atención de la crítica fue menos generosa, rayando en la frialdad y el ninguneo; no llegaron los grandes premios literarios por su trayectoria, y ella siguió siendo, como narradora, nada más la —estudiada, leída, reeditada— gran novelista de Los recuerdos del porvenir”.

 

Hermosas quinceañeras

“Sin timidez lo confieso, al mismo tiempo las admiro y las considero hermosas quinceañeras irremediables, más jóvenes que la juventud, más desvalidas que una niña en un orfelinato, más sordas y ciegas que aquél que se empeña en no oír la voz de sus conveniencias. Son mujeres anteriores al pecado original, personas que han escapado de una última y definitiva catástrofe. Como toda virtud tiene su contrapartida, a ratos no son audibles ni visibles, de tan etéreas se convierten en la región más transparentes del aire […]”.

Emmanuel Carballo, Diario Público 1966-1968, fragmento.

 

*

Elena Garro. Antología, Cal y Arena, México, 2016, 684 pp.

* [email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/gualdra_269

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