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jueves, 8 diciembre, 2022
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Acompañar los procesos lectores

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Por: EDUARDO CAMPECH MIRANDA* •

La Gualdra 269 / Promoción de la lectura

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Durante los pasados talleres de verano llevaron a un par de chicos con problemas de comprensión lectora. Ambos de secundaria. Aclaro lo que he mencionado en diversos foros: no soy profesor, no soy pedagogo, no soy psicólogo. Sólo soy un lector que se deja guiar por todas sus experiencias frente al texto. Intento recuperar mi sentir, mi pensar, mi actuar frente a libros que han sido de mi agrado y los que he detestado. Los que son muy digeribles y aquéllos de los que no entendí ni pío. Pienso en las circunstancias que envolvieron cada una de mis lecturas.

A eso le apuesto cuando me hacen llegar casos como el que narraré. Con el fin de respetar el derecho a la privacidad los llamaré A y B. A digo ser aficionado y fanático del futbol. No hay en la vida otra cosa que más disfrute que jugarlo. Quiere ser portero profesional (aunque sólo juegue cascaritas). B desea terminar una carrera profesional. Aunque todavía no sabe cuál. Curiosamente el diagnóstico que me dan es que B es menos hábil que A en la escuela. Pero A es quien ha reprobado español. Durante los ejercicios propuestos B mostró más destreza que A.

A continuación compartiré un fragmento del texto que se trabajó en una de las sesiones:

Al estado del señor excomulgado se le aplicaba el entredicho. Esto consistía en cerrar todas las iglesias y suprimir todos los cultos y sacramentos en ese territorio. Estas dos penas causaban pavor.

Como en ejercicios previos había observado que una de las deficiencias para comprender un texto estaba en la pobreza de su lenguaje, fiel a la escuela, solicité que subrayaran las palabras desconocidas y las buscaran en el diccionario. A subrayó, entre otras, la palabra cultos.

En el diccionario la primera acepción de tal palabra alude al adjetivo que designa el grado de cultura que posee una persona. Al sustituir esta idea en la oración y parafrasear, A dijo algo así: “a los reyes se les quitaban las iglesias y los hombres de gran cultura”. Además de la pobreza del lenguaje, A se enfrentaba al desconocimiento (o pereza) de maniobrar un diccionario. No fue más allá de la primera acepción. Sus referentes le llevaron a pensar que existe una sola definición para cada palabra. Y cada palabra estaría desarticulada de un contexto. ¿Quién se encarga de enseñar esto a los estudiantes?

Este ejemplo exhibe la urgente necesidad de educar para la lectura, de enseñar los mecanismos que hacen posible la comprensión lectora. Pero inserta en un contexto, como las palabras, y no desvinculada de las muy citadas (y poco comprendidas) prácticas sociales del lenguaje. Cuando pedí a A que volviera al diccionario y leyera todas las acepciones, encontró por sí mismo el sentido de la oración.

Entiendo que prácticas tan personalizadas son complicadas en el aula, sin embargo, también me parece viable la atención de unos minutos a esos chicos para los cuales la lectura es un mal irremediable.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/gualdra_269

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