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lunes, 15 agosto, 2022
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A mi debido tiempo de Benjamín Valdivia

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Por: CARLOS FLORES* • Admin •

Me aventuraré a escribir sobre poesía, pues aunque aún no sepa navegar entre los sílabas de su decir y los anchos mares de la hoja en blanco, encuentro el placer que me otorga cuando dice lo indecible, aquello que se pierde de la conciencia y expresa lo que somos. Nació de mí una voz homérica, a su vez susurrada por la musa, al leer A mi debido tiempo de Benjamín Valdivia, un poeta de Aguascalientes, atraído por la academia de Guanajuato, donde vive de la lectura y la estética en aquella universidad autónoma.

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Escuché por asuntos del aula su nombre por primera vez. Los busqué en la red, y al igual que él, puedo ver en la pantalla de mi ordenador los mensajes que me piden existir; por un lado porque me gustaría estar en las aulas de la barroca ciudad, caminar por sus calles, y encontrar un paralelismo espiritual que las una con mi propia ciudad, aderezadas con arte y cultura; y por otro, porque encuentro en su poesía dejos de existencia.

Encuentro en Valdivia mi propia insensatez, al no poder hacer las cosas a su debido tiempo en el resonar infinito de lo que debe ser. Apuesto, como el autor, a que el mundo detrás de los ojos es la búsqueda de los sabios, y por ello enseño literatura en el aula, con la esperanza de que haya otro insensato que se una a la causa. ¿La causa de qué? Del placer de sumirse entre las palabras y poder comprender, aunque sea un poco, el mundo bajo la piel del lector, ese mundo que evoca el poeta que nos ocupa.

Su lectura me permite encontrar en este mundo, a pesar de su vertiginoso movimiento, sus máquinas parlantes y de las pantallas vivas con capacidad para juzgar silencios y atraer amores, una idea, un pensamiento o una imagen capaz de evocar un mundo interior, contemplativo, absorto de los días y el tiempo, pues sé que algún día podremos cantar la cólera de los ordenadores y de quienes estuvieron detrás de ellos. Por ahora, miraré la nueva forma del haikú en Twitter

Puedo entrever en sus poemas una conciencia de la brevedad de la vida y la importancia del amor, tan enorme percepción que se puede describir con tan solo ciento cuarenta y tres caracteres. Como Baudelaire, encuentra la embriaguez en el amor, y con la poesía mata el tiempo. Tal vez, encuentra también la poesía como un canto, que a diferencia de éste, si encuentra algo de verdad verdadera.

La muerte se asoma, lejos, en los cielos altos, pero la lluvia apenas se ve anunciada cuando se cierra la puerta de alguien por fuera, o cuando el muerto hace sonar su voz donde hace un momento antes estaba el cantor.

Debo decir que fue una lectura agradable y sorpresiva, profunda y divertida. Esas construcciones que aparentan ser mensajes por cel me hacen pensar en un poeta libre de inhibiciones, que se atreve a decir lo que piensa sin preocuparse por las formas. Encuentro en ella, cartas de navegación por los confines del espíritu, y al mismo tiempo el ancla de mi humanidad, mi tiempo y mi momento.

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