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sábado, 22 enero, 2022
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Miguel Ángel de Arias, 1807 (2/3)

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Tan pronto y como tomó posesión del cargo, el maestro Miguel Ángel de Arias notó el deterioro del inmueble “y la suma escasez de asientos, mesas (y) pautas de escritura para la comodidad y enseñanza de la juventud”. (1).

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El abandono y falta de atención que Francisco Ignacio de Saavedra cuestionaba en su solicitud de empleo, no solamente estaba ligado con la falta de competencia del maestro interino (Francisco Lara), también existía un abandono en cuanto al mobiliario y auxiliares didácticos. (2). De tal situación se percató don Miguel Ángel de Arias cuando llegó a la escuela ubicada en la “plaza del Pirámide”. Como parte de su trabajo y responsabilidades le tocó gestionar la reposición y mantenimiento del mobiliario que el plantel a su cargo requería. Los atriles y canapés se encontraban en mal estado por lo que era urgente su renovación. Para tal efecto, el maestro en un escrito de por medio dirigido al “Muy Ilustre Ayuntamiento de Zacatecas” solicitaba el presupuesto necesario a fin de poder dar el mantenimiento requerido al mobiliario de su escuela. Una vez que los miembros del cabildo se reunieran a deliberar y analizar el problema presentado por el preceptor, solicitarían a la máxima autoridad del ayuntamiento el dinero que se estaba requiriendo. El maestro demandaba la cantidad de 102 pesos y 4 reales para la adquisición de tablas y vigas y el pago de la mano de obra del carpintero y ayudante que construiría las mesas y sillas que se estaban necesitando. (2).

Consciente de que en esas condiciones le resultaba muy difícil desempeñar su trabajo de manera óptima, lo primero que hizo fue solicitar al presidente del Ayuntamiento para que enviase al regidor alférez real a certificar el estado lastimoso en que se encontraba la escuela a su cargo. El alto funcionario procedió a comisionar al regidor en cuestión bajo la encomienda de realizar la inspección en el lugar indicado y la elaboración del informe respectivo.

 Don Miguel Ángel confiaba en la entrega oportuna del informe por parte del Regidor alférez, pero pasaba el tiempo y se desesperaba al ver que su solicitud seguía sin respuesta, por lo que se vio en la necesidad de “[…] ocurrir nuevamente a V.S. manifestándole al mismo tiempo que los escasos utensilios que encontré en la escuela se ponen cada día de peor condición, por el deterioro que violentamente caminan según la edad que cuentan y la continua servidumbre a que están sujetos en poder de unos individuos niños, y por lo mismo, nada cuidadosos. Si les han de facilitar los auxilios que en esta parte exigen aquellas circunstancias, _continúa diciendo el maestro Arias_, para no impedir con la falta de ellos los progresos que se apetecen en cada joven; es indispensable el surtimiento de los utensilios referidos. Para habilitarlos con acierto, suplico a V.S. se atienda al informe del Señor alférez Real…”. (3).

El maestro basaba su preocupación en la enorme cantidad de niños que estaban bajo su cuidado. Menciona el número de 130, coincidentemente la misma cantidad de pesos, calculada por el alférez para dotar de las mejoras al plantel, de tal forma que se ocupaba un peso por cada alumno en términos del gasto que habría de hacerse. La numerosa matrícula la atribuía a la ubicación céntrica de la escuela. Ello, no sin cierto pesar se quejaba el preceptor, propiciaba que aumentara considerablemente su trabajo, quejándose, pues debido a la falta de tiempo necesario para darles a sus alumnos una atención más personalizada, no podía evitar atraso en su enseñanza. Por este motivo, a su solicitud de dotarla de material didáctico y enseres renovados, consciente de sus deberes éticos y de la emergente situación por la que atravesaba, pedía le enviaran un asistente en virtud, decía, de que: “[…] pongo a V.S. presente la utilidad resultará (sic) a los niños en que se nombre un sustituto en la escuela, que, ayudándome a llevar la carga en el trabajo, supla también cualesquiera enfermedades (sic) que me asalten. Una dotación proporcionada a este mérito, franqueará las ventajas susceptibles de tal providencia, evitando lo sensible que será la falta de aprovechamiento en los discípulos por la del tiempo necesario en la enseñanza emanada del crecido número de jóvenes. (4).

P.D. tras el macabro regalo de Reyes que dejaron los malos en plena Plaza de Armas frente a sus oficinas, se antoja preguntarle al titula del ejecutivo, (¿para eso quería ser gobernador? Dejar que la inseguridad se resuelva por la voluntad divina no es sino el síntoma de la impotencia y de la ineficacia.

Referencias:

1 AHEZ. Fondo Ayuntamiento, Serie Enseñanza, “Don Miguel Ángel de Arias solicita dotación de material y un maestro auxiliar sustituto para la escuela de primeras letras ubicada en la Plaza del Pirámide”, C.1. 2 ff. 1807. Don Miguel Ángel de Arias había nacido en Valladolid, Nueva España (hoy Morelia, capital del estado de Michoacán. Al momento de dirigir su solicitud para el concurso a fin de ocupar la plaza de maestro, al igual que Francisco Ignacio Saavedra, era vecino de a Villa del Fresnillo. Como parte de los méritos que esgrimía en su solicitud, amén de la legitimidad y limpieza de sangre certificada con el acta de Bautismo, había sido escribano de la Villa referida, a la vez que propietario de minas. Era pues una persona con una buena preparación y una reconocida experiencia laboral. A este respecto, véase la solicitud respectiva en AHEZ. 1806, en el mismo Fondo, Serie y caja que se indican en esta nota.

2 AHEZ. Fondo Ayuntamiento, Serie Enseñanza, “Presupuesto para equipar escuelas primarias”, C. 1, 1 f., sin fecha. En relación con el mobiliario con que contaban las escuelas primarias de la época que nos ocupa, estaba conformado principalmente por atriles y canapés.

3 Ibid., f. 1v.

4 Ibid., f. 2.

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