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martes, 5 marzo, 2024
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Tragos de amargo licor

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial Gualdreño 607

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“Dios les dé de beber a esos borrachos / quienes despiertan en la madrugada, / totalmente agotados, balbuceando / sobre el pecho de Belcebú, mientras una vez más, / espiando a través de las ventanas, / observan cómo se avecina / el terrible puente quebrado / del amanecer”,[i] decía el escritor inglés Malcolm Lowry en su “Oración para borrachos”; murió antes de los 50 años a causa del alcoholismo, una enfermedad letal que aún hoy en estos días no acaba de entenderse como eso, como una enfermedad; el consumo de alcohol en Zacatecas está por arriba de la media nacional desde hace décadas y ese monstruo acaba año con año muchas personas.

Hemos crecido romantizando de alguna forma la figura del alcohólico entre otras cosas porque muchos crecimos con la idea de que tomar es sinónimo de diversión; porque el acto de tomar, por ejemplo, aparece en canciones rancheras y norteñas como signo de valentía, de bravura o de remedio para estar mejor de lo que se está; pero nadie nos dice de los estragos terribles que ocasiona, sobre todo en ciertas personas cuya tolerancia al alcohol es inexistente. ¿Cuántos casos conoce de hombres y mujeres que han fallecido debido al alcoholismo? Yo más de los que quisiera.

En este número gualdreño, a propósito del tema que nos ocupa, aparece en portada el rostro de un fotógrafo zacatecano que falleció el 7 de febrero de 2004 debido a las complicaciones derivadas de haber tomado tanto y desde muy pequeño. Leo el texto de su hija aquí publicado y me doy cuenta de que Juan Antonio Sánchez no alcanzó a cumplir 40 años y me sorprendo mucho porque siempre pensé que era mucho mayor y no era así.

Conocí a Juan Antonio Sánchez a mediados de la década de los 90 porque fue el encargado de tomar una fotografía de la fachada lateral del ex templo de San Agustín. Si la memoria no me falla, el clarinetista Luis Humberto Ramos, quien en aquel entonces coordinaba el Coloquio Musical de Zacatecas, le había comisionado esa imagen para que apareciera en el cartel y programa del Coloquio en el que se presentaban músicos de prestigio internacional en el Teatro Fernando Calderón. Recuerdo perfectamente que para realizar las tomas se tuvo que contratar una grúa y que Juan Antonio se subió en ella; ahí, trepado, en las alturas, lo vi por primera vez.

Luis Humberto Ramos creía en él y veía en este fotógrafo muchas cualidades, por eso lo apoyaba de manera cotidiana; en esa misma época una serie de fotografías de este autor se exhibía en un bar -ya desaparecido- del centro llamado El Arcano, se trataba de las imágenes de una mujer desnuda, de espaldas, posando en una nopalera (una de esas imágenes aparece en este número). Recuerdo también que en la calle Genaro Codina Juan Antonio tenía su estudio y Luis Humberto y yo llegamos a visitarlo ahí, donde recibía a sus amigos y a sus clientes y donde nunca faltaba, por supuesto, el alcohol.

Ya entrado este siglo, Luis Carrera-Maul impartió un taller de arte público a donde Juan Antonio Sánchez se inscribió, y pese a que asistía eventualmente a las sesiones, no logró concretar un proyecto que consistía en utilizar contenedores metálicos de café Illy para hacer una instalación que, así, platicada, sonaba muy interesante porque quería que además hubiera intervenciones en vivo con métodos fotográficos antiguos. En fin, no se pudo, el alcohol ganó y poco tiempo después el cuerpo de Jean-Antoine no pudo más. A 20 años de su prematuro fallecimiento, su hija Viviana nos comparte un texto y una selección de imágenes que aparecen en esta Gualdra y que puede usted ver en esta edición.

El 20 aniversario del fallecimiento de Juan Antonio Sánchez, coincide también con el del nacimiento del boxeador Ricardo Pajarito Moreno, quien nació el 7 de febrero de 1937 en Chalchihuites, Zacatecas; se convirtió en profesional cuando apenas tenía 17 años y llegó a ganar por KO 19 de sus 20 primeras peleas; fue tal su éxito que ganó, además de peleas, muchas simpatías, fama y dinero, el mismo que perdió por su adicción al alcohol. El Pajarito Moreno falleció en soledad y a causa de la misma enfermedad que Kuajanais, la de esos “tragos de amargo licor”. No los olvidamos. Que descansen en paz.

Que disfrute su lectura.

 

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https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_607

 

 

 

[i] Traducción tomada de: Isaí Cabrera González, “Poemas mexicanos de Malcolm Lowry. El alcohol y el eterno ciclo de la vida y de la muerte”, Revista Replicante, 2 de octubre 2022, en: https://revistareplicante.com/poemas-mexicanos-de-malcolm-lowry/

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