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viernes, 1 marzo, 2024
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Julián Herbert: La parte quemada

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

La Gualdra 601 /Entrevistas / Literatura

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Julián Herbert (Acapulco, México, 1971) es autor de los libros de poemas El nombre de esta casa, La resistencia, Kubla Khan, Pastilla camaleón y Álbum Iscariote; de las novelas Un mundo infiel y Canción de tumba; de la crónica histórica novelada La casa del dolor ajeno; de los libros de cuentos Cocaína (manual del usuario) y Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino; y del libro de crónicas Ahora imagino cosas, entre otras obras. Contribuyó con material adicional al guion de la película Cassandro. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola, el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, el Premio Jaén de Novela, el Premio Iberoamericano de novela Elena Poniatowska, El MacGinnis Ritchie Award, la beca Borchard Foundation y el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde. Algunos de sus libros están traducidos al inglés, francés, portugués, italiano, alemán y turco. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y es vocalista de Los Tigres de Borges.

Su libro La parte quemada, con el que ganó el Premio Nacional de Poesía el año pasado, será presentado en Zacatecas el próximo 8 de diciembre en el patio de Rectoría, a las 19:00 horas.

La parte quemada, Julián Herbert.

 

Jánea Estrada Lazarín: El 2022, tu libro La parte quemada, resultó ganador del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde y este 8 de diciembre se presenta en Zacatecas. Se trata de un poemario en el que trabajaste por lo menos una década y has manifestado que la poesía es parte fundamental en tu vida, ¿podrías hablarnos de eso?

Julián Herbert: En ocasiones la poesía se vuelve demasiado importante. Tampoco es que me enorgullezca de eso, más bien es una dificultad agradable. Tal vez sea la edad. El caso es que me cansa la pura retórica y la experiencia poética se traslada para mí a territorios simbólicos no verbales. No es algo que me pese: escribo mucho y casi a diario, pero sobre todo prosa. Disfruté escribir La parte quemada porque lo hice sin mucha intención, apelando a la irracionalidad y a la vez procurando un registro de experiencias gramaticales en presente, un poco a la manera del zen. La práctica imperfecta de cosas que vienen del zen es la principal sustancia de contraste para casi todo lo que he vivido y escrito en el último lustro. No tanto como tema: lo uso más como método.

JEL: En este libro nos encontramos con una serie de referencias intertextuales, en “Poemas”, por ejemplo, dices: “los poemas oscuros y profundos / donde caminé promesas que duraban / medio bosque cubierto por la nieve / and miles to go before I sleep”; este último me llamó la atención porque pienso en ti como un escritor tentado por momentos a “detenerse en el bosque” del que hablaba Robert Frost y, sin embargo, no has dejado de avanzar desde que publicaste hace 30 años Soldados muertos. ¿Eres un hombre que se hace promesas? ¿Tienes también, como el protagonista del poema, promesas qué cumplir? 

JH: Pienso en eso que dijo Kurosawa en una famosa entrevista: la principal condición para ser alpinista es no pensar en la cumbre sino en el paso que das. Y pienso, de nuevo, en una máxima zen: “Hagas lo que hagas, redúcelo a cenizas”. Creo que la mejor manera de avanzar, en términos creativos, es detenerse en el bosque: mirar con atención. Tampoco he sido siempre así, ha habido épocas en que tuve muchísima prisa por ir a algún lugar o ganar algo o ser visto, y tengo siempre la pulsión de la soberbia acechándome, incluso ahora, mientras te respondo. Pero últimamente disfruto mucho más el paisaje. Sobre todo, el paisaje mental. Intento no hacer promesas, más por disciplina que por falta de anhelo, pero sí tengo muchas responsabilidades que cumplir “before I sleep”. Creo. También sé que nadie es indispensable: hace cinco años tuve que desaparecer durante tres meses y el mundo siguió su marcha perfectamente sin mí.

Julián Herbert. Foto de German Siller

JEL: En “Poemas”, hablas también de “los poemas que sólo funcionaron si habías visto la tele”, y luego mencionas una serie de frases que hacen alusión a He-man, a Teresa, a Los invasores, pero hay una que se relaciona con Los Soprano “dónde está mi arco” (Los libros sobre libretos dicen que cada personaje tiene su arco… todos empiezan en alguna parte y después hacen algo o algo les ocurre a ellos y eso cambia su vida y eso es su arco… dónde está mi arco, dijo Christopher Moltisanti en la serie). ¿Dónde está tu arco, Julián?

JH: Bueno, supongo que la mayor parte de mi arco está en mis libros, porque escribí mucho desde un enfoque autobiográfico. Pero también me gustaría que mi arco estuviera en la enseñanza del oficio: me encanta dar clases y talleres de literatura, es una de las prácticas que más han transformado mi sentimiento de la realidad.

JEL: Naciste en Acapulco, pero has tenido por diferentes circunstancias que vivir en muchas partes del país; conoces el campo, el mar, el desierto y las grandes urbes. Hay varias situaciones y personas que “te llaman por cobrar” en tu poemario; Wallace Stevens, quien también te llama en él, dijo una vez que “Debe haber algo de hombre de campo en todo poeta”. ¿Coincides con eso? ¿El poeta, el escritor, puede vivir en dos mundos simultáneos

JH: Absolutamente sí a lo de Wallace Stevens, al menos en mi caso:  vengo del mundo semi-rural mexicano de finales del siglo XX. Pero también creo en la movilidad social e intelectual y en cierta clase de sofisticación cognitiva -de la que Stevens no habla, pero de la que es máximo ejemplo. Pasé parte de mi infancia en un pueblo llamado Ciudad Frontera, y ésa es una marca simbólica que me tatuaría si supiera cómo hacerlo. No sólo creo que el poeta pueda vivir en dos mundos simultáneos, sino que no le queda más remedio que hacerlo. 

JEL: El poema que da nombre al libro “La parte quemada me llama por cobrar” inicia con una estrofa de la canción “Escuela de calor” de Radio Futura, y eso me recuerda también tu faceta como músico. ¿Podrías hablarnos ahora de Los Tigres de Borges?

JH: Los Tigres de Borges, junto con Madrastras (el otro grupo del que fui vocalista en los primeros dosmiles), han sido fuente de alegría y angustia y frustración y éxtasis para mí durante veinticinco años cuando menos. No sólo hice un par de giras míticas y probé todo tipo de drogas, miserias y amistades fugaces pero eternas, sino que experimenté momentos de verdadera comunión desde un escenario. Ser músico de rock, incluso cuando lo eres de manera tan esporádica, facinerosa y humilde como en mi caso, es una de las experiencias más potentes que existen. Soy un limitado ejecutante de guitarra y canto regularcito, pero tengo buenas ideas musicales, no compongo mal y soy disciplinado; eso me ha permitido tocar junto a músicos brillantes, especialmente Héctor Zárate, mi secuaz de toda la vida y un guitarrista monstruo.

JEL: Ramón López Velarde también está presente en tu libro, ¿cierto? Hay ciertos momentos en que algunos versos hacen alusión también a  “El retorno maléfico”…

JH: “El retorno maléfico” es uno de mis poemas favoritos de la literatura mexicana. Hace tiempo escribí un ensayo (“La dualidad”) sobre las tensiones entre Eliot y Stevens, por un lado, y López Velarde y Tablada, por el otro. Hablo también, ahí, sobre la “Suave Patria” y el tarot, la lotería, los Triunfos de Petrarca y la tensión estilística entre Ramón y Hart Crane. Todo eso está presente de algún modo en La parte quemada, sí. Es una idea un poco larga y rara de explicar -ni siquiera estoy seguro de poder explicarla-, pero tiene que ver con lo que para mí es la herencia poética de un autor francés un poco lateral, que sin embargo permea los discursos líricos del siglo XX y parte del XXI: Jules Laforgue.

JEL: ¿Qué sigue, Julián? ¿Cuáles son tus planes para el 2024?

JH: En febrero sale mi nuevo libro de ensayos: Suerte de principiante. Luego van a estrenar (espero) una serie de tele en la que trabajé un montón de años: La Máquina, con Gael García Bernal y Diego Luna en los papeles principales. Actué en una película independiente, y espero que pronto la estrenen. Quiero tocar de nuevo con Los Tigres de Borges. Estoy intentando escribir una novela. Estoy terminando un libro de crítica de narrativa mexicana reciente. Pero, sobre todo, quisiera mejorar en la cocina: que no se me pegue el arroz.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra601

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