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martes, 6 diciembre, 2022
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Dos modelos de economías de guerra: keynesianismo militar y/o schock neoliberal

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Por: RICARDO BERMEO •

Debe ser motivo de reflexión con su obligada y precisa profundización, porque es ya -aquí y ahora- una parte   determinante de la historia en curso, analizar esas tendencias en las que es posible anticipar el rumbo de un siglo que, a éste ritmo, avanza sin pausa hacia una barbarie bélica cada vez más desalmada, y demencial; una de esas posibles tendencias, es la posible bifurcación entre dos modelos de economías de guerra. Por un lado, tenemos el modelo propio de la doctrina del schock (como Naomi Klein, tituló su libro); donde parte del golpe de Estado militar de Pinochet y la posterior dictadura en Chile, y cierra, con la tragedia generada por la inundación de Nueva Orléans, como ejemplos flagrantes, tanto de   una crisis producida por un golpe militar y la dictadura, y de una catástrofe “natural” (deberíamos decir antropocénica) es convertida en “oportunidad” para multiplicar inversiones y ganancias). Este año, volvemos a constatar la vigencia de éstas dinámicas depredadoras, cuando similares recetas se están aplicando una vez más en Ucrania. Mientras por el otro lado, tendríamos el modelo de economía de guerra, recientemente analizado -y todavía incipiente- considerado como un tipo de…. “keynesianismo militar” que comenzaría a despuntar como estrategia del régimen ruso, responsable principal de la criminal invasión a Ucrania (aunque es preciso apuntar que es preciso ampliar esas responsabilidades, son compartidas, mediatas).

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En el primer caso, citaré solo algunos breves ejemplos señalados por Andy Robinson. “En la Conferencia sobre la Recuperación en Ucrania (URC), celebrada los días 4 y 5 de julio en Lugano (Suiza), bajo los auspicios de la UE, se recomendaron una batería de medidas de desregulación y privatización”… “reducir el tamaño del Estado mediante privatizaciones, mejorar la eficiencia regulatoria (desregulación) y abrir mercados (liberalización de los mercados de capitales; libertad de inversión)”, es decir continuar con la labor de demolición de la economía estatal, iniciadas en 1991 con la caída de la URSS (origen de las oligarquías dominantes en los países de la ex-URRSS). Particularmente oprobioso es el asalto neoliberal al “granero” de Europa, si se considera que sólo el 12% por ciento de la población se manifestaba a favor de permitir la venta de tierras a corporaciones extranjeras.  Aquí, la guerra abrió el camino para….  “eliminar restricciones sobre la venta de suelo agrícola a inversionistas extranjeros, en este mismo sentido… “el FMI anunció que condicionaría el rescate a un programa de privatizaciones de empresas estatales y a la plena implementación del plan de desregulación de la tierra para facilitar la entrada sin restricciones del agrobusiness global. Sólo con la entrada del capital internacional se podría lograr un aumento de la productividad de las megacosechas de trigo, cebada y otros cereales, insisten la UE y el FMI.”. Otra más, con el apoyo del Gobierno de Zelensky, el parlamento en Kiev, aprobó el levantamiento de una moratoria qe impedía la venta de tierras ucranianas a corporaciones extranjeras, ahora, a partir del 2024, Cargill, Bunge, ADM, los megafondos de inversión como Blackrock o Vanguard. Entre muchos otros inversionistas, podrán apropiarse de un territorio agrícola largamente codiciado, incluyendo al “Banco Mundial, -quien- condicionó sus propios créditos a medidas que “faciliten la venta de suelo agrícola y el uso de la tierra como colateral” para “acelerar la inversión privada en la agricultura”. En suma, aprovecharse de la guerra, para apropiarse -con toda el arsenal neoliberal- de la economía ucraniana, mientras en el discurso, la narrativa dominante impuesta mediáticamente sostiene, que… Ucrania -gracias a la generosa ayuda occidental, comprometida con la defensa de los valores occidentales, se enfrenta heroicamente al opresor y criminal de guerra, único culpable y responsable de la grave violación al derecho internacional. La contradicción es en este caso, tan flagrante y visible, que solo puede generar rechazo, por esta y por otras razones -las consecuencias de esta guerra en el contexto mundial son complejas, y como sabemos -potencialmente devastadoras- cabe esperar, que el rechazo a la guerra y sus horrores, y la exigencia de paz y justicia, comiencen a adquirir mayor fuerza en los próximos meses. 

En cuanto al segundo modelo de estas economías de guerra, el del Keynesianismo militar ruso, analizado por Volodymyr Ishchenko, investigador asociado del Institute of East European Studies, de la Universidad Libre de Berlín, tiene relevancia  estratégica -y política-, porque  demuestra que el régimen ruso,  estaría construyendo  una estrategia emergente, más o menos  lejos de las “falsas ilusiones” occidentales, respecto al  desgaste y próxima  caída de Putin (“falsas ilusiones” que rozan en lo demencial, basta pensar en el riesgo omnipresente de  conflagración nuclear). 

Lo resumiré brevemente: este 2keynesianismo militar2, recurriría a una redistribución de miles de millones de dólares, del presupuesto ruso, una parte para pagar a los entre 300,000 reclutados, hasta un millón de soldados; también la contratación en toda Rusia de más de 30,000 trabajadores (que serían hasta 50,000 60,000 mil) que estarían empleados en la reconstrucción de los territorios ucranianos ocupados, a los que se ofrece el doble de lo que pagarían en su país. Esto estaría una base de apoyo social más amplia, mediante la “combinación de coerción con soborno”. Para Ishchenko, lo central es cuánto tiempo será sostenible esta estrategia. Pese a las debilidades de esta estrategia, dependencia de China y la India, problemas internos de incompetencia y corrupción, etc., considera que si el régimen ruso es capaz de fortalecerse, implicaría que “podría estar preparada para una guerra más devastadora”.

Finalmente, concluye, que este modelo de economía de guerra, contrasta enormemente con la estrategia ucraniana de organizar la economía mediante la doctrina del shock neoliberal, “privatizaciones, bajada de impuestos y desregulación salarial extrema” que dejarían a Ucrania más dependiente de armas y dinero de Occidente, lo que a su juicio, podría ser una mala decisión en particular si se enfrenta a un adversario que se está preparando para una guerra de largo plazo.

Estos dos modelos y su análisis, deberían de servir de insumos para un debate mucho más amplio y profundo, sobre la guerra y principalmente sobre la paz, capaz de conectar el panorama mundial contemporáneo, con la situación en México, del propio -sangriento- conflicto en un contexto de una “economía de guerra” trasnacionalizada, basta considerar en los flujos de armas, lavado de dinero, drogas, etc. Pensar que lo que vivimos no está atravesado por esas mismas tendencias que nos enfrentan ante una posible tercera guerra mundial, equivaldría a algo similar -o peor si cabe- al movimiento del avestruz que creyendo protegerse esconde su cabeza bajo la tierra. 

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