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jueves, 8 diciembre, 2022
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Ilustración e instrucción primaria: entre el régimen novohispano y la primera república

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Durante el régimen novohispano, y hasta muy avanzado el siglo XIX, cuando comienza a escucharse el término escuela primaria, se conoció con el nombre de escuelas de primeras letras a los establecimientos del nivel elemental o “primera enseñanza” en los que se instruía a los niños en la lectura, escritura, aritmética o cuentas y la religión católica enseñada como moral. A partir de la Constitución de Cádiz, y en lo sucesivo en el periodo independiente, se introduce la moral cívica enseñada como la religiosa con el apoyo de catecismos. En esta nueva moral cívica los niños aprendían nociones de civismo e historia patria.

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En nuestras siguientes colaboraciones que aparecerán de forma intermitente, dado que nos gana la afición del periodismo que obliga también a tratar temas de actualidad, bajo el auspicio de La Jornada Zacatecas, abordaremos el tiempo mexicano marcado por la transición de un orden o sistema de gobierno a otro: del colonial o virreinal pasando por el del primer Imperio mexicano o Imperio de Iturbide al régimen republicano. Un periodo en el que lo que terminaría siendo la nación mexicana se debatió entre distintos proyectos. Coyuntura marcada por una economía en crisis con recurrentes arcas de la hacienda pública exhaustas y élites confrontadas por conflictos políticos sin fin. En este contexto, tentaleando con altas y bajas, deambuló la instrucción pública de la primera enseñanza como un espectro por momentos, con más sombras que luces, y en otros, como la ilusoria promesa de un futuro promisorio. Para las élites ilustradas rectoras de la administración de la cosa pública y de los asuntos políticos, la instrucción, sinónimo de ilustración, de las masas, comenzando por la niñez, representaron la panacea, el remedio mágico que aliviaría todos los males con los que nacía la nación mexicana. 

La idea de la ilustración, y sus afanes por difundirla, emergió de las minorías intelectuales. Las élites que accedieron a la cultura, primero en España, y posteriormente en los reinos ultramarinos del imperio, se inspiraron en los países europeos avanzados en las postrimerías del siglo de las luces. La inteligencia hispana, dice Susana María Delgado Carranco, se inspiró en el modelo ilustrado que experimentaban Inglaterra y Francia. Partían de la certeza de que, actuando como verdadero motor o palanca del desarrollo social, “era la instrucción la que había permitido la civilización y el progreso de estos países” (1). Por eso es que la clase política, comenzando por los monarcas y demás autoridades subalternas, al lado de los intelectuales ilustrados, vieron en la propagación de las primeras letras y el establecimiento de escuelas, a las que asistieran los infantes, el mejor medio para llevar la ilustración a los sectores populares.

Para este conjunto de temas de divulgación de la historia de la educación de Zacatecas en la transición del virreinato a la república, se recurrió básicamente a tres fuentes primarias: 1) un impreso sobre el proyecto para el arreglo general de la enseñanza pública (1814), 2) el manuscrito con el nombre de “Arreglo de las escuelas de primeras letras de la ciudad de Zacatecas” y 3) la ley o “Plan general de instrucción pública para el Estado de Zacatecas” (1831).

Los hechos históricos y acontecimientos educativos que se narraran corresponden al último periodo del virreinato novohispano, pasando por el movimiento de independencia, el imperio iturbidista y la primera república federal.  

El último periodo de la época virreinal no solo es importante porque en él se registra la transición del antiguo al nuevo régimen, sino por los cambios que se vivieron. Para la Nueva España, la lucha por su autonomía que devino en su independencia, constituye el hito más importante. Las novedades también llegaron a la educación a la instrucción pública. En este terreno se materializó la Constitución de Cádiz y con ella la enseñanza de la primera enseñanza obligatoria como una atribución de los ayuntamientos. Se continuaba así con la política de los borbones de buscar que la instrucción fuera universal. No se logró, pero se plasmó en una ley que en lo sucesivo cobraría influencia y se iría avanzando gradualmente en este propósito. Todo ello en el marco de un discurso ilustrado manejado por la clase política, que al iniciar el México independiente estuvo presente. Se buscó hacer de la ilustración, traducida como instrucción a partir de la enseñanza de las primeras leras, el motor del progreso. Ya desde las postrimerías del siglo XVIII, pensadores hispanos de la talla de Pedro Rodríguez, el “Conde de Campomanes” y Gaspar Melchor de Jovellanos habían pugnado por una educación “más científica, técnica y racional”, intención que se enfrentó en España como posteriormente en México con obstáculos como “La presencia de la Iglesia, el corporativismo gremial y la ignorancia de las masas [aunado a su indiferencia], entre otros, factores que frenaron las iniciativas modernizadoras” (2),  como era la de hacer obligatoria la enseñanza elemental.

Referencias:

1 Carranco Delgado, Susana María, Libertad de imprenta, política y educación: su planteamiento y discusión en el Diario de México, 1810-1817, México, 2006, p. 182.

2 Delgado Carranco, Susana María, op.cit. p. 14.

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