Tenemos que mencionar a los tlaxcaltecas, así, de pura memoria, darles nuestro agradecimiento, los muy canijos poblaron todo el país, los conquistadores españoles los hicieron caminar cientos y miles de kilómetros, les enseñaron a sus carnales indígenas “como comportarse”, se mezclaron, hicieron a la patria nueva.
Pueden ser considerados no como los traidores aliados sino víctimas constantes, guerreros feroces, los aztecas y texcocanos les hicieron un bloqueo económico que duró más de 60 años- tipo Cuba y los EEUU-, por lo que los tlaxcaltecas se las ingeniaron para conseguir alimentos, los tlaxcaltecas siempre han sido de mi atención, es hora de señalarlos como grandes y aferrados, en fin, parte de la historia mágica de México y el mundo.
No se trata de enumerar odiseas, pintemos con brochazos periodos largos, hazañas guerreras, gran comercio y obra humana, debemos reactivar la memoria, ejercer el disco duro que “tráibanos” adentro, hay luces y sombras, majestuosidades y renombres, acontecimientos únicos en un continente que maravilló al planeta entonces conocido. Todo mundo es inocente, aquí no condenamos a mansalva.
Durante años di conferencias masivas de historia, siempre empezaba por lo mas espectacular, como fui durante algún tiempo -7 años-reportero de la sección policiaca, supe impactar según yo la primera línea deslumbrante es así que de los tlaxcaltecas de inmediato nos asombraron los murales y construcciones de Cacaxtla, las obras portentosas de los profetas y jerarcas indígenas Cocotzin o Zozoe, de Xicoténcatl el abuelo, de sus libertades guerreras, odiseas y quebrantos, victorias y riquezas, el senado tlaxcaltecas midiendo guerras y combates, el efecto mágico que les heredaron o aprendieron de los Olmecas y Xicalangas.
Era lo mas inmediato: en la zona centro del país los tlaxcaltecas y tarascos impactaron a los supuestamente indígenas arrabaleros y semidesnudos, a los bárbaros seminómadas, las crónicas españolas y portuguesas detallaban las destrezas de los indígenas zacatecos y huachichiles potosindios, nunca antes habían visto tales virtudes, sin bulla, sin las tareas sucias de armar flechas con los tendones de victimas a las brasas, de su puntería o ferocidad en el combate cuerpo a cuerpo, pero quesque “eran brutos” y es ahí donde mezclan a los tlaxcaltecas y tarascos, para enseñarles alta alfarería, cría de ganado, siembra de maíz, papa peruana, frijol, calabaza, tomate y miel cimarrona, guajolotes y perritos comestibles.
En Monterrey y Durango, en San Luis y Zacatecas, en Querétaro y en muchos otros estados, decenas de miles de tlaxcaltecas poblaron durante años las nuevas futuras ciudades fantásticas del oro. Ahí, los herederos legítimos de una de las siete tribus peregrinas de las no tan míticas cuevas de Chicomoztoc, regresaban cientos de años después a capturar la atención, a rediseñar la trata humana y es así que entablan influencia con los matahuinalas de la nación Cuatae de las montañas del Monterrey futuro, ahí estaban los mamorahuas y camalucanos, los xinipihuaras, los saratiguas, los camarigua y los camisnima paamara de la nación de los borrados.
O sea, la vida entonces sería otra para todos, los abusos de los españoles infringían el espanto, el esclavismo, a pesar de que los reyes de España supuestamente prohibían el maltrato, durante muchos siglos fue el agandalle toral, colegas del crimen, los españoles y criollos y mestizos no se median y de ahí las numerosas rebeliones indígenas.
Hernán Cortes el muy astuto puso a prueba o ensayó en la conquista de Tlaxcala, toda su imaginación guerrera y despiadada, sembrando el terror, dirigiendo ataques selectivos, aprensando a caciques claves, prohibiendo, canalizando, suturando y de ahí la gran odisea de conquistar sin cortapisas a uno de los imperios mas poderosos y mega alucinantes en territorio americano.
Son muchas las historias asombrosas de los tlaxcaltecas. Propongo su entera reivindicación mediante el estudio, la propagación de sus virtudes, el análisis de sus tropelías y el abandono historiográfico al que fueron sometidos con el mote de guerreros implacables y aliados a los asesinos europeos.
En la zona potosina del barrio de Tlaxcala o el segundo barrio más icónico del país, el de San Miguelito, puro tlaxcalteca y tarasco de Michoacán, a lo largo de 400 años sus habitantes mantienen sus rasgos indígenas, sus costumbres culinarias -gran colonche, tamales tatemados, guacamole, mole negro de huitlacoche- y muchos de sus habitantes son mis cuatashos a lo largo de los años, entre antiguos ríos, pandillas asesinas y bailes populares.
En la zona de Guadalupe Nuevo León -el municipio rey de ese estado alucinante-muchos tlaxcaltecas mantienen a lo largo de los siglos el ápice, el estilo, la deferencia, la elegancia barrial, la petición y la plegaria. Lo acabo de vicentear, cronicar, acopiar.
Honra a la ciudad potosina que el nieto de Xicoténcatl pisara sus tierras y dirigiera a sus multitudes a repoblar y enseñar lo que el gran rey de Texcoco Netzahualcóyotl admiraba de los tlascalas: ingenio, astucia, saber portar armas letales y ser al mismo tiempo, bondadosos, políticos, geniales humanos en una etapa única en la historia.



