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jueves, 26 mayo, 2022
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Gracias a mis alumnos

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Por: ÁLVARO GARCÍA HERNÁNDEZ • admin-zenda • Admin •

La Universidad Autónoma de Zacatecas es el reflejo de muchas cosas, unas de mayor alcance como la creciente crisis financiera que se quiere cargar a la base docente y trabajadora y, otras en el ámbito de nuestra convivencia diaria. Muy de cerca conozco eventos entre la comunidad universitaria que generan innecesariamente múltiples conflictos que nos dividen y que no contribuyen al buen ánimo que debemos de tener para enfrentar con éxito los múltiples retos que tenemos en frente. Para mí la relación entre maestro y alumno, constituye un vínculo sagrado que debe fomentarse desde siempre; así, debe mediar el respeto, un trato amable y la cordialidad como ingredientes fundamentales de una relación duradera, pues definitivamente, considero que una vez que el destino nos ubica en la condición privilegiada de ser maestro o alumno, dicha unión permanecerá para siempre en aquellas conciencias de buen corazón. En lo particular, lamento algunos casos aislados donde la relación entre docentes y educandos se trasgrede motivando por una parte, que algunos muchachos deserten de la carrera y regresen a sus comunidades con la capa caída condenados a un destino incierto a consecuencia de que algún maestro, lejos de motivarlos a seguir adelante, terminan por desilusionarlos. Afortunadamente, hay maestros con vocación de enseñanza y, algunos menos, los que no encontraron tal vez otra forma de mantenerse, acuden a trabajar a fuerza o a lavar sus miserables traumas humanos en el caudal del salón de clase, haciendo que materias apasionantes se vuelvan odiosas o que el acudir al aula sea un verdadero sacrificio. No hay duda de que en su trayectoria escolar, los jóvenes encontrarán varios obstáculos y problemas que deberán sortear hasta culminar con éxito sus anhelos de superación. En lo particular, he sembrado en mis alumnos la semilla de la permanencia de una buena relación que va más allá de la enseñanza-aprendizaje a una verdadera unión de colegas y amigos, el resultado ha sido óptimo: cuando llego a mi centro de trabajo voy saludando y los apretones de manos y palmadas no se hacen esperar, para el que escribe no hay distinción entre maestros, trabajadores, estudiantes, lava carros y vendedores; todos somos iguales y formamos un conjunto de personas que interactúan gracias a la UAZ. En todos lados me encuentro a mis alumnos y me saludan con afecto, de la mayoría me acuerdo por su nombre o por algunos eventos muy particulares que pasaron. Una vez y, a consecuencia de algún problema personal, me encaminé con rumbo a Jaral del Progreso Gto., a visitar a mis padres en busca de concilio y paz personal; no iba en la mejor de las condiciones, estaba muy agobiado y era de noche; llegue a cenar a Ojocaliente, me detuve en un puesto de tacos y antes de pedir mi orden una voz le dijo al taquero: “sírvale al maestro lo que quiera, yo invito”, era un ex alumno que me había reconocido el cual me pregunto qué hacía por aquél lugar, platicamos y le dije hacia donde me dirigía, el joven me contesto: “Maestro no voy a dejar que se vaya, Usted se queda en casa de mis padres donde yo vivo y ya mañana si Usted quiere, sigue su camino”, me negué en primera instancia pero el muchacho fue rotundo, no me quedó de otra que seguirlo hasta una casa muy grande a la entrada del pueblo donde me dieron hospedaje, me dieron unas sábanas limpias y me acercaron una jarra con agua y, ahí encontré el confort que pretendía encontrar más lejos. En la mañana siguiente, el joven acudió a ver como estaba, le agradecí todas las atenciones y ya con la claridad del día y de mente, regresé a Zacatecas; muchas veces he pensado que tal vez ese alumno haya evitado con su buena acción algún desastre en mi vida. Siempre le estaré agradecido y siempre que puedo hago una buena acción a favor de algún alumno que lo necesita. Me siento muy afortunado de contar con el aprecio de los muchachos y la última muestra de ello, fue un desayuno sorpresa que tuvieron a bien hacerme con motivo de mis primeros 23 años de servicio en la UAZ, se levantaron de uno en uno y me dieron un abrazo; en lo particular, esas muestras de afecto valen más que muchas cosas materiales y, aunque el bote de basura quedó repleto por los desechables utilizados en el convivio y, a pesar de que soy ambientalista, agradezco de todo corazón la nobleza y el sentimiento de amistad y compañerismo de mis alumnos; por esto y por muchas cosas más, hoy quiero decirle a todos mi alumnos: MUCHAS GRACIAS e invito a mis compañeros docentes que no lo hacen, a que experimenten la satisfacción de esmerarse en su educación y a ser parte de su formación más allá de la relación enseñanza-aprendizaje, ése es el valor de formar parte de esta gran comunidad universitaria. ■

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*Integrante del Consejo Mundial para la

Defensa de los Derechos Humanos

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