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miércoles, 28 septiembre, 2022
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Realizan ofrenda para infantes fallecidos en el Centro Cultural Ciudadela del Arte

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Por: REDACCIÓN •

■ El altar fue dedicado a los niños que perdieron la vida en Mazapil el pasado 29 de julio

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■ Se montaron caballitos de madera, típicos de la comunidad Cuanajo, en Michoacán

Hombres, mujeres, niñas, niños, propios y turistas visitaron la ofrenda de Día de las Ánimas en Ciudadela del Arte, la cual está compuesta principalmente de frutas, dulces, galletas, figuras de azúcar, pan de ánima y juguetes de madera. El altar fue dedicado a los niños que perecieron en un accidente en el municipio de Mazapil, el 29 de julio de 2015.

Los “angelitos” a quienes se recuerda especialmente en dicha ofrenda son Edgar Aza Herrera, Gerardo Leonel Aguayo, Víctor Emmanuel Mendoza Herrera, Ángel Mateo Elizondo Montelongo, Sergio Pérez Briones y Francisco Javier Rodríguez Briones.

Susana Palacios, subdirectora de Culturas Populares del Instituto Zacatecano de Cultura (IZC), explicó que es importante distinguir que el Día de las Ánimas es el día primero de noviembre, conocido también como Día de todos los santos, en la religión católica a los niños se les considera “almas” que no transitan por el purgatorio sino que van directo al cielo, por ello el altar lo conforman elementos diferentes al de los muertos adultos.

Enfatizó, ante los integrantes del jurado que acudieron a fin de calificarla, que en torno a las fotografías se colocan los alimentos y objetos afines a los “muertos chiquitos” cuando vivían; así tenemos frutas, jugos, galletas, bombón, animalitos, paletas, entre dulces que más gustaban a los infantes fallecidos.

Asimismo, Palacios informó que las imágenes están flanqueadas por figurillas de azúcar conocidas como calaveritas, ángeles y el pan de ánima; los panes forman parte importante de la ofrenda pues se colocaban en los altares desde la época de la Colonia.

De igual forma, en esta ofrenda, dijo, encontramos de manera significativa “caballitos de madera” montados de flores amarillas de cempasúchil, dulces, galletas, juguetes, especialmente para los llamados “muertos chiquitos”.

Como dato adicional, nos dice Benjamín Mendoza Lizarde, promotor cultural de la Unidad Regional Michoacán, que en “en la comunidad de Cuanajo conservan una tradición muy especial, la cual consiste en hacer unos caballitos de madera en los que se montan las ofrendas. La gente por lo regular acude en familia de cinco o más personas, pero sólo se coopera con un caballito y llevan una canasta o charola cubierta con una servilleta bordada en donde se va depositando parte de las ofrendas. Conforme llegan, se les convida con alimentos que los anfitriones han preparado durante el día”.

De esta manera, en el Centro Cultural Ciudadela del Arte se rindió honor a los infantes, a sus deudos, entre el dolor de la pérdida y el orgullo de presentar el magnífico altar, se ofreció a los visitantes atole de masa en tres sabores: piloncillo-canela, amaranto y anís, además de pan de ánima.

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