En los próximos días se cumplirán 2 años de la más reciente ofensiva israelí sobre el inerme pueblo palestino que ha dejado más de 65mil muertos, centenas de miles de heridos, millones de desplazados y un incuantificable número de personas mutiladas, huérfanas, al borde de la hambruna y la locura.
En breves renglones trataré de explicar algo que no tiene nombre, aunque en los medios de desinformación masiva le llaman “guerra”, lo más acercado a esa barbarie que está cometiendo el estado de Israel contra el pueblo palestino podría definirse (quedándonos cortos) como genocidio o exterminio.
Después de la segunda guerra mundial, donde Hitler se ensañó contra los judíos (antisemitismo), surgió el movimiento sionista que revindicaba el derecho del pueblo judío a poseer un territorio y un estado, hasta ahí va más o menos bien la cosa. En 1947 la ONU aprueba un plan para “repartir” el territorio de Palestina con la intención de crear dos estados, uno judío (Israel) y otro árabe (Palestina). Los palestinos, que habían habitado esos territorios desde tiempos remotos “aceptan ceder” una parte de sus tierras al tan golpeado y perseguido pueblo judío. En esas andaban, poniéndose de acuerdo, echando cálculos y medidas, cuando en 1948, Israel de forma unilateral y con el apoyo incondicional de Estados Unidos, declara su independencia, aquí la cosa ya se puso rara, pero se torció aún más cuando dicha independencia, contó con el reconocimiento de un gran número de países occidentales y esa acción no fue acompañada del reconocimiento formal del estado palestino. Es decir, en una jugada “mágica” los que llegaron pidiendo posada, se convirtieron en los dueños de la casa y los legítimos dueños se convirtieron en “arrimados”.
Como era de esperarse, los árabes palestinos ya no vivieron felices ni conformes y desde ese entonces, han buscado por todos los medios a su alcance ser reconocidos como un estado soberano y que se les permita vivir en paz, mientras que los judíos, sabiéndose protegidos por USA, poco a poco se han ido apoderando y colonizando más y más territorios palestinos, desplazando a sus pobladores originales, condenándolos a vivir como refugiados en rincones aislados y acechados de manera permanente.
Desde aquel fatídico 1948, la confrontación ha tenido periodos de mucha tensión y momentos de frágil coexistencia. A finales de 1987 se funda el Movimiento de Resistencia Islámica que por sus siglas en idioma árabe se dice “HAMAS”, dicha organización política reivindica la existencia de un solo estado, el Palestino, es decir, el retorno a la realidad que imperaba antes de 1947. Con el afán de lograr su propósito fundacional y por no poseer un ejército convencional ni armamento de primer nivel, el grupo HAMAS ha recurrido a ataques aislados con cohetes y misiles de fabricación casera. Debido a esos métodos de defensa tan rústicos y poco elegantes, los países occidentales (Estados Unidos y Europa), convenencieramente han catalogado al grupo islámico como una organización terrorista, es decir, defenderte con lo que tienes a tu alcance y con las pocas fuerzas que te quedan, es un acto de terrorismo.
Desde octubre del 2023 los ojos de la humanidad han presenciado la oleada más feroz y despiadada del gobierno de Israel, que ya sin ningún rubor se ha empeñado en culminar el exterminio del pueblo palestino, eso sí, no sin antes hacerles pasar el mayor sufrimiento posible. Con la protección y complicidad del gobierno estadounidense, Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel ha cometido crímenes de lesa humanidad de los cuales hasta el famoso Hitler se sentiría avergonzado. Arremeter con odio desmedido y con toda la fuerza contra un pueblo macilento e indefenso, bombardear de manera indiscriminada hospitales, escuelas, edificios y campamentos de refugiados es algo que ni “el más malo de la historia” se atrevió a hacer, aunque las películas de Hollywood digan lo contrario.
Perversamente, hay quienes quieren darle connotaciones religiosas al genocidio Palestino, es decir, pretenden pintar esa masacre como una disputa entre el civilizado cristianismo y el “irracional islam” y recurren a rancios y anacrónicos argumentos bíblicos para señalar que Israel es el pueblo elegido de dios. Yo, usando el sentido común, sostengo que nada de religioso hay en asesinar bebés, devastar cuidades enteras, bombardear hospitales, asesinar civiles a mansalva, torturar mujeres, violar todos los derechos humanos y el derecho internacional, sojuzgar a todo un pueblo sometiéndolo al hambre, negar el ingreso de la ayuda humanitaria, matar periodistas, enterrar vivos a niños y secuestrar a aquellos valientes que se dirigían hacia territorio Gazatí en la Global Sumud flotilla, que entre otras cosas llevaba leche materna en polvo y pastillas de cloro para desinfectar el agua.
Aunque viéndolo bien, algo tiene de bíblico el exterminio contra el pueblo Palestino, en el evangelio de Mateo, se cuenta la historia de cuando un rey llamado Herodes mandó matar todos los niños de la ciudad de Belén (actualmente territorio palestino). Pero sería una desproporción comparar a Herodes con Benjamín Netanyahu quien más bien podríamos decir que es el mismísimo demonio.
¡Desde el rio hasta el mar, Palestina vencerá!



