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martes, 30 noviembre, 2021

Ni chapulines ni dinosaurios

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Por: Jorge Adán Hernández •

Esta semana terminaron las campañas electorales; escuchamos, vimos y sufrimos candidatos del 4 de abril al 2 de junio; fueron 60 días de campaña electoral, 60 días donde todos los partidos políticos intentaron convencer a la ciudadanía de que sus candidatos y candidatas era las mejores opciones para representarlos en un espacio de poder.

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1 gubernatura, 58 presidencias municipales y mismo número de sindicaturas, decenas de regidurías, 18 diputaciones locales de mayoría y otras 12 por la vía plurinominal. Todo ello a disputarse el próximo 6 de junio.

El próximo domingo no será una elección simple, será la intermedia de un gran proceso de transformación. El resultado en la votación dibujará un futuro político y electoral rumbo a la “grande” del 2024; aun así, los partidos más “grandes” descuidaron el perfil de los candidatos, por cuidar la repartición de cuotas de poder; se “engolosinaron”.

Ahora estamos en temporada de veda electoral, ya no habrá mítines, spots, entrevistas, anuncios espectaculares ni nada que llame a votar por X o Y candidatura. Se supone que este tiempo será para que la ciudadanía analice, sin ningún tipo de influencia, en quien es la mejor opción para elegir en las votaciones. Algo que sin duda afectara de manera positiva o negativa nuestro futuro, no se puede decidir a la ligera, ni a cambio de una simple despensa; por lo que el riguroso análisis es obligatorio, y en mi opinión a los primeros que debemos descartar, es a los dinosaurios y los chapulines, esos que se quieren perpetuar en los puestos y esos que brincan de un partido a otro por intereses particulares.

Para los buenos políticos, que estoy convencido que sí los hay (aunque por unos la llevan todos), sería injusto decir que todos los que quieren reelegirse son dinosaurios y todos los que cambian de partido son chapulines; por eso es necesario hacer una diferenciación.

Existe en la historia de México una frase de Miguel Negrete que dice “yo tengo patria antes que partido”, frase que dijo al defender el territorio mexicano de la intervención francesa, a pesar de tener ideales conservadores. Esto nos hace ver, como sí es posible “cambiar de camiseta” cuando existe un fin y un interés muy superior al personal. En la actualidad, los legítimos cambios de camiseta en la política sí existen, existen cuando son impulsados por un proyecto colectivo y de gobierno, cuando son respaldados no por un grupito al que le llaman “estructura” sino por la ciudadanía, son legítimos los cambios de camiseta en la política, cuando en el partido en el que se está ya no se coincide con intereses caciquiles y perversos.

La carrera política también existe, la reelección y la ocupación de distintos cargos públicos es posible, cuando hay un indudable apoyo popular, ojo, no es lo mismo el apoyo popular que el apoyo cupular. Dicho apoyo se da cuando el resultado del trabajo en los cargos públicos es tangible. El apoyo ciudadano debe ser notorio, debe ser un apoyo de estructuras, de sectores, pero, sobre todo, de masas. Aun y con lo anteriormente dicho, llega el momento en que las mismas caras cansan y los apellidos se desgastan.

Entonces ¿Cómo identificamos a los chapulines y dinosaurios?, hay características no tan difíciles de reconocer en estos vividores de la política. Aquellos que son dinosaurios en la política, controlan, más no convencen; sus decisiones y opiniones son incuestionables, les gusta hacer notar que los jefes son ellos, los demás que forman parte de su “grupo”, tienen que girar en torno a su figura, a su nombre, a su discurso. Los dinosaurios detienen y aplastan a cualquiera que pueda interferir en sus intereses o que represente una competencia dentro de su partido. Los dinosaurios, perdiendo ganan, siempre negocian espacios de poder para ellos, para su familia o para sus incondicionales. Si usted revisa a los candidatos y sus planillas, identificara a los dinosaurios.

A los chapulines, los podemos identificar porque no tienen identidad propia, no cuentan con un proyecto serio de gobierno o de desarrollo; se preocupan por tener ciertas habilidades o mañas que les sirva en el mundo de la política, pero desconocen de los buenos principios que la política de hoy exige. Para los chapulines, la moral es un árbol que da moras y ya, hoy pueden ser del PAN y mañana de morena o viceversa, todo por la obtención de una candidatura.

Las cúpulas partidistas e incluso alguna parte de la sociedad, erróneamente reconocen como “buenos” políticos a aquellos que son habilidosos, ventajosos y mañosos para salirse con la suya; esa simpleza o frivolidad con la que se ve la política y a los políticos le abre el paso a los dinosaurios y chapulines, pero mientras las cúpulas partidarias les abren la puerta, la ciudadanía se las puede cerrar.

Si la ciudadanía quiere resultados diferentes, tiene que votar diferente, por lo que el rechazo a los chapulines y a los dinosaurios de la política, debe ser generalizado, se postulen por el partido que se postulen, Zacatecas merece una mejor clase política.

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