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La imperiosa necesidad de fortalecer la comprensión lectora

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Por: FILIBERTO FRAUSTO OROZCO •

Este texto lo escribo motivado por la preocupación que me surgió a raíz de la lectura de esta nota https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/24/sociedad/no-comprenden-lo-que-leen-30-por-ciento-de-estudiantes-de-primaria de la periodista Laura Poy Solano publicada el 24 de febrero del año en curso en el periódico La Jornada. En el escrito se señala que el 30 por ciento de los alumnos de 5° y 6° “no comprenden realmente lo que leen de acuerdo a la declaración de Xóchitl Moreno Fernández, directora de Desarrollo Curricular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el marco del Encuentro Internacional Alfabetización, equidad y futuro, organizado Por el Ministerio de Educación de Brasil. 

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Desconozco cual sea el sustento de la aseveración de la funcionaria de la (SEP), pero debe movernos a quienes nos dedicamos a la educación a revisar las causas y buscar alternativas para resolver este problema que no es menor, pues significa que un tercio de los estudiantes que cursan la educación primaria no puede valerse de esta herramienta intelectual para seguir aprendiendo en su etapa estudiantil y en su vida cotidiana. De poco sirve pasar la mirada sobre las letras, palabras y oraciones escritas o impresas si al término de la lectura no se comprendió nada o muy poco. 

En la época actual en la que se genera información escrita de manera vertiginosa, tanto real como falsa, ya no es suficiente con que las personas tengan un conocimiento fonético, es decir, conocer el fonema de las grafías y lograr unirlas para leer palabras, sino que deben tener la capacidad para construir significados de la lectura del texto a partir de sus conocimientos previos. 

Por la experiencia de trabajo con los primeros grados durante varios años y el estudio de las investigaciones de varios autores que han aportado a este tema, considero que una de las causas de la falta de comprensión lectora en los estudiantes es por el método que se elige para enseñar la lecto-escritura. Cuando se implementan métodos memorísticos, que parcelan el lenguaje en letras o sílabas, como el Silabario de San Miguel, que data desde la conquista de los españoles, lo único que se produce es el aburrimiento de los alumnos y que no le encuentren sentido a la lectura, lo que más tarde se convierte en aversión hacia esta actividad, sobre todo cuando, con el supuesto de hacerles fáciles las primeras lecturas, les proponemos oraciones sin sentido que más parecen canciones de cuna que ideas a analizar, a comprender, por ejemplo: Ese oso se asea, Mi mamá me mima, etc. 

Es importante que, desde los primeros acercamientos de los alumnos con el lenguaje escrito, sea siempre de manera integral, cargando de sentido las palabras y las oraciones, iniciando con las que les son familiares, centrando su atención en la relación que hay entre fonema y grafía, partiendo del análisis del principio y el final de la palabra. Una de las metodologías que propician el aprendizaje de la lecto-escritura de manera natural, algo parecido a como aprendemos a hablar, es la de PRONALEES, construida por las investigadoras Margarita Gómez Palacio y Emilia Ferreiro en la década de los 70’s del siglo pasado. Con esta metodología los estudiantes concluyen el primer grado de educación primaria leyendo con una buena fluidez y con una redacción aceptable, al comunicar de manera sencilla, pero clara, sus ideas.

Sin embargo, no es suficiente con un buen inicio en la alfabetización. Se requiere de un trabajo paciente durante toda la educación básica para lograr formar lectores experimentados, porque implica, necesariamente, la adquisición y el fortalecimiento del hábito de la lectura, lo que desde luego conlleva un buen tiempo y toda una secuencia de actividades y estrategias enfocadas a la consecución de ese propósito. ¿Cómo qué tipo de actividades? Aquí planteo algunas:

  • Poner en frecuente contacto a los estudiantes con lecturas acordes a su nivel cognitivo.
  • Analizar colectivamente los textos, tanto en casa como en la escuela, es decir, propiciar la dialogicidad antes, durante y después de cada lectura. Si el docente prepara preguntas que busquen recuperar información literal, inferencial y crítica puede ayudar mucho.
  • Implementar las estrategias de lectura: predicción, anticipación, inferencia, muestreo, autocorrección, etc. 
  • Compartir lecturas dramatizadas. Lo pueden hacer tanto docentes como padres de familia. 
  • Como docentes, profundizar en el conocimiento de las teorías sobre la comprensión lectora y volvernos investigadores educativos mediante la sistematización del registro de nuestras experiencias. Recomiendo la lectura de dos investigadores que han abonado mucho a este tema: Frank Smith y Kenneth Goodman.

 Lograrlo, sin duda contribuirá sustancialmente a mejorar la educación en nuestro país y repercutirá favorablemente en el buen vivir de las y los estudiantes en el resto de su vida. ¡De ese tamaño es su importancia!

*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE

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