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miércoles, 25 mayo, 2022
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La dependencia energética y el conflicto bélico

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Por: MANUEL ESPARTACO GÓMEZ GARCÍA •

En innumerables ocasiones he abordado en éste y otros espacios, la dependencia económica de México a las energías fósiles, concretamente a los derivados del petróleo como lo son la gasolina, el diésel y el gas. Cierto, somos un país rico en petróleo crudo pero no somos independientes ni ricos como otros países de condiciones similares, porque importamos prácticamente toda la gasolina que se usa en México de las refinerías Norteamericanas. Por ende, cualquier circunstancia que afecte el mercado, la bolsa de Nueva York y el Down Jones, beneficia o perjudica el precio y el abastecimiento de los derivados energéticos que consumimos y que son indispensables… sumamente indispensables para el desarrollo y la vida del día con día.

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Los mercados internacionales están agitados, los inversionistas están nerviosos y se desplomó la criptomoneda. En el marco de la aldea global en la que vivimos, el conflicto de Rusia y Ucrania, impacta de manera negativa en el mundo y evidentemente, las economías son las primeras en sufrir una desestabilización. De tal suerte que podemos sospechar de manera fundada que nuestro principal socio comercial, invasivo como lo es, ha de ser parte, si no es que ya lo es, de esta guerra regional –por lo pronto- donde habrán de tomar sus providencias y una de ellas será la reserva de combustibles, por lo que podemos esperar un aumento en los precios de los tres productos básicos, que son, repito: Gasolina, gas y diésel, aún con subsidio.

El alza del combustible, evidentemente elevara el costo de los productos que son manufacturados, transportados y adquiridos por vehículos que consumen alguno de los tres productos en mención. Si le sumamos este aumento al que ya padecemos producto de la inflación, sabremos que el precio de la canasta básica en comparación con el poder adquisitivo de los sueldos y salarios de los mexicanos, será desproporcional. Si todo se da como pinta estas primeras horas de conflicto, pareciera que se juntan todos los elementos para crear la tormenta perfecta para una crisis económica profunda. Ojalá me equivoque.

Pero, volviendo al espíritu del texto, esta situación pone sobre la mesa de discusión, nuevamente, la supra dependencia del país a la energía sucia. Aunque también hay que decirlo, en este momento no hay muchas alternativas, iniciada la refinería de dos bocas y adquirida la de Deer Park, más vale tener asegurada la energía, aunque sea de esta manera, porque entre estas dos plantas habrán de satisfacer el 30% aproximadamente de la demanda del mercado nacional y aunque no será ni de cerca suficiente, el presidente López Obrador acaba de anunciar subsidios para estas energías, lo que pudiera mantener estable hasta cierto punto los precios. Sin embargo, repito lo que vengo sosteniendo columnas atrás, cuando éste país logre su soberanía energética –energía fósil-, el mundo no utilizará más gasolina en sus transportes y si no tenemos en la agenda nacional el desarrollo de energías verdes a la vez que intentamos importar menos gasolina, nos veremos nuevamente en crisis y supeditados a depender del abastecimiento de energía renovable de nuestro país vecino, nuevamente.

Pasando a cosas todavía más tristes, el conflicto nace a partir de una región de ucrania con pretensiones separatistas que alegaba ser presa de los “neo nazis” que gobiernan ucrania y pedían desde hace años la ayuda de Rusia para el reconocimiento de su independencia. Sea cierto o no, esta es la versión que el kremlin ha venido manejando y de alguna manera legitima su acción ante los ojos de los rusos que vivieron la guerra de Chechenia hace algunos años y han, a lo largo de su historia, conocido los horrores de la guerra de la tiranía. Sin embargo, hay quienes acusan al presidente Putin de ser maniqueo en su discurso y argumentan que la verdadera razón del conflicto es hacerse de los territorios que viven alguna situación similar, incluida la propia nación ucraniana para así dar comienzo al nuevo orden mundial y al nuevo concierto internacional con una recomposición de fuerzas donde los EUA se puedan ir hasta el tercer lugar en cuanto a potencia económica y armamentista se refiere, por debajo de China y de la misma Rusia.

Muchos capítulos le quedan a esta historia, que sea lo que sea, cuando tiene tufo a pólvora, pinta mal. A México le toca afrontar esta eminente guerra de potencias en una condición difícil y vulnerable. Esperemos que el gobierno esté a la altura de las circunstancias y logremos sortear las vicisitudes del conflicto sin mayores pérdidas que las subidas de los precios, que ya es un tema importante por sí solo.

El mundo está en vilo, hace años que no se ve la luz a final del túnel, no queda más que esperar y orar.

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