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domingo, 4 diciembre, 2022
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¿La fiesta en paz?

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Por: LEONARDO PÁEZ •

La pobre oferta de espectáculo a cargo de la empresa de la Plaza México −entre julio y octubre quedaron pendientes cinco novilladas y dos corridas− animó a unos aventureros disfrazados de ambientalistas y a un juez vestido de animalista sin idea a promover un amparo que suspende hasta nuevo aviso la actividad taurina en la capital mexicana, donde la integridad de cuadrúpedos sintientes se antepone a una tradición cultural de cinco siglos.

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La afición sana del país podrá tener esa apetecida bocanada de emoción el próximo 2 de noviembre en la Plaza Monumental de Morelia (15 mil localidades), donde hará su presentación como matador el joven moreliano Isaac Fonseca, recién alternativado en Dax, Francia, y quien luego de triunfar en las principales plazas de España se encerrará como único espada con seis astados de otras tantas ganaderías. Sobre tan insólito acontecimiento habla el prestigiado analista taurino y abogado, Luis Eduardo Maya:

“En sus inicios lo vi como un torero valiente aún sin mostrar su temple, pero en España fue otra cosa e Isaac mostró una evolución insospechada, imponiendo un temple personal, no el que el toro marcaba. Este año, en Sevilla, demostró esa cabal maduración y ya de matador ha desmentido a quienes pensaban que sólo sería otro torero cuña más. Su última tarde en España, en el coso valenciano, fue la emocionante comprobación de su congruencia tauromáquica basada en el aguante y el temple sistemáticos.

“Felizmente Fonseca encontró en España un ambiente taurino que no hay en México pues allá se privilegia el profesionalismo sobre el amiguismo, empezando por su apoderado Carlos Aragón Cancela, también ganadero de la divisa Flor de Jara, a cuya confianza Isaac ha sabido corresponder con creces y aquí al matador en retiro y apoderado Jacobo Hernández, quien antes ya había forjado a otro magnífico torero: Antonio Mendoza, para variar hoy inexplicablemente relegado. El hambre torera de Fonseca, aunado a su valor, disciplina, entrega y capacidad técnica en constante evolución convencieron a ese ganadero de apoyarlo. Después de Zotoluco, Bricio, El Payo y Saldívar, con tardes muy importantes, ya no había habido otro diestro mexicano que en España sacara la cabeza.

“De regreso a su país, Fonseca eligió una plaza fuera del régimen taurino, un coso neutral como la Monumental de Morelia, difícil, exigente y en una fecha tradicional y expectante, nocturna y con frío. Nada de que se lo quieren acabar; él sabe que está empezando y que su apuesta por torear en solitario tiene sus riesgos pero a la vez muchas posibilidades de éxito. Si no hay riesgo no hay fiesta. A su valor y aguante, Isaac añade cabeza torera, es decir, una quietud asumida y razonada. La roca no piensa, se mantiene en su sitio sin percibir ni modificar embestidas.

“Hay una expectación enorme y silenciosa, aguantadora, paciente y agraviada por propios y extraños, más los bochornosos amparos que padecemos. Lo cierto es que el fenómeno taurino aguarda en la bravura de las reses y en las tablas y los tercios de las plazas. Por lo demás, Isaac Fonseca −el hombre hace al nombre− no se está tomando licencias para hacer una tropelía en su propia tierra. Yo apuesto por Barralva y Villacarmela, Isaac apuesta por él mismo y con su tauromaquia puede detonar una fuerte llamada de atención de que aquí seguimos siendo taurinos y que en el campo mexicano sigue habiendo bravura”, concluye esperanzado Luis Eduardo Maya.

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