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jueves, 8 diciembre, 2022
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Todos somos neoliberales

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO • admin-zenda • Admin •

Los sofistas comienzan citando a Foucault: “El problema del neo-liberalismo es,…, cómo el ejercicio general del poder político puede ser modelado sobre los principios de una economía de mercado” (p. 131 de “The Birth of Biopolitics” Picador (2008), EUA). Los buenos sofistas lo citan dos veces: “El más grande mal del gobierno, aquello que lo hace un mal gobierno, no es que el príncipe sea malvado sino que sea ignorante” (ibid. p. 17). De acuerdo a E. Ibarra Colado (“La universidad ante el espejo de la excelencia” UAM (1998) 2 ed. México, p. 117-182) el proyecto neoliberal se implantó en la educación superior mexicana en dos etapas: la primera, durante el gobierno delamadridista, consistió en la desestructuración de la educación superior que hasta ese período existía en México. Para lograrlo se trabajó en dos aspectos: el aspecto ideológico al usarse agresivas campañas de deslegitimación para desmovilizar socialmente a las universidades públicas, y el aspecto económico mediante dos programas que disminuirían su subsidio ordinario: el programa de subsidios extraordinarios a proyectos presentados por las universidades y el Sistema Nacional de Investigadores dirigido a una reducida porción de los universitarios. Mediante el primero el subsidio ordinario crecería de acuerdo a la inflación, en congruencia con los objetivos de la estabilización económica, y mediante el segundo el salario de los universitarios se deshomologaría paulatinamente y sin problemas mediante la ideología de que son los “mejores” los que deben ganar mejores salarios.  La segunda política tenía otra deseable consecuencia: reducía los sindicatos a la irrelevancia, porque el salario ya no dependería de la negociación bilateral, sino de las evaluaciones por comités de pares. Durante el gobierno de Salinas el proyecto de modernización educativa avanzó hacia la efectiva reducción de la matrícula porque la cantidad no se lleva con la calidad. Ibarra Colado citas las palabras de Salinas: “…si tanto hemos avanzado en la solución de cantidad, debemos darle prioridad ahora a la solución de calidad” (op. cit. p. 140). Además se conminó a las universidades a buscar fuentes alternativas de financiamiento y a integrarse funcionalmente al aparato productivo mediante la reducción de la investigación básica y el incremento de la que tenga resultados inmediatos. Todo esto apunta, nos dice Ibarra Colado, a la reconceptualización de la autonomía universitaria (op. cit. p. 145). Ya citamos a Foucault para indicar cuál es, en general, el problema del neoliberalismo, veamos cómo cree Ibarra Colado que se implantó en la educación superior: “El proceso de evaluación expresa en el fondo, el traslado de la concepción neoliberal del régimen a los ámbitos de la educación superior y la ciencia, al considerar veladamente el trabajo docente y la investigación como productos susceptibles de participar en los circuitos de mercado” (op. cit. p. 146). Así que el neoliberalismo se implanta en las universidades cuando el trabajo docente se evalúa en función de la producción de individuos plenamente en consonancia con las necesidades del mercado de trabajo, mientras que la investigación es relevante porque incrementa las capacidades competitivas de las empresas. Si a todo esto le añadimos que es en “bien del pueblo” tendremos la confusa narrativa de muchos universitarios que, creyendo luchar contra el molino de viento llamado “Estado neoliberal”, con sus acciones implantan el neoliberalismo que denigran en sus discursos. El proceso de adopción del programa neoliberal en las universidades es variopinto y prolongado, dependiendo en gran medida de la capacidad que tengan los universitarios, para mantener su autonomía, de administrar sabiamente el subsidio ordinario. Es claro que los que han dirigido la UAZ durante los últimos 10 años han avanzado, con altibajos, en la implantación del proyecto neoliberal, pero es ahora evidente que el manejo poco diestro, “ignorante” para citar a Foucault, del subsidio ha acelerado ese proceso, y ya la universidad no tiene de otra: adopta el programa neoliberal o lo adopta. Sintomático de esto son los 23 puntos presentados por el Rector Guzmán Fernández, que representan la aceptación sin cortapisas del proyecto neoliberal. Lo sorprendente del asunto es que los operadores de la rectoría, en todos los espacios, aseguran que no es así, que el rector es “democrático” y “anti-neoliberal”. Fantasías, desde hace mucho ningún rector lo es. Sin embargo el mismo Rector ha asegurado que en Hacienda no le creen, y por eso, ante el fracaso de las negociaciones con Hacienda y la SEP, uno de los distinguidos miembros del grupo que llevó a Guzmán a la rectoría afirmó que hay las condiciones para la que la UAZ se alce en lucha (Domínguez Garay, La Jornada 29/oct/16). Esto representa un viraje porque se pretende transformar un problema administrativo en uno político, para transitar de Hacienda a Gobernación y resolver el asunto por la vía del intercambio de promesas de apoyo a un candidato a la presidencia. Pero tal viraje deja intacto el proyecto neoliberal, porque el grupo que administra la UAZ no tiene otro. La salida política es la mejor para ese grupo políticamente oportunista, pero no es la mejor para los universitarios. Por eso la tontería  es “cohesionarse” con ellos para apoyar sus acciones. La UAZ, como la vida, está en otra parte. ■

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