Sus miedos son nuestros miedos

Sus miedos son nuestros miedos
Amparo Dávila. Fotografía de Pascual Borzelli Iglesias. 2011.

La Gualdra 428 / Amparo Dávila: In memoriam

 

 

 

¿Cuántas autoras y autores de literatura logran reunir voluntariamente a decenas de sus lectores?, ¿cuántos más pudieron disfrutar del reconocimiento en vida? Amparo Dávila puede contarse entre ellas. Hasta hace algunos años para leer sus relatos o poemas era necesario descubrir alguno de sus títulos en las librerías de uso, visitar una biblioteca pública (estoy casi seguro que en, al menos, 80% de ellas tienen alguno de sus libros). Afortunadamente el Fondo de Cultura Económica editó dos volúmenes que han propiciado que las letras de Amparo Dávila permeen en las nuevas generaciones y que sea arropada por nuevos lectores.

Cuentos reunidos (2009) y El huésped y otros relatos siniestros (2018) son las dos obras mencionadas. El primero permite acompañar la trayectoria creativa, en el ámbito de la narrativa, de la pinense. El segundo, con unas extraordinarias ilustraciones de Santiago Caruso constantemente está agotado. No obstante, las Salas de Lectura (ya sea porque en el acervo se encuentra el ejemplar, ya sea porque quien media lo adquirió) han sido un lugar de encuentro y descubrimiento de Dávila.

¿Qué ofrece la obra de Dávila a quien la lee? Un mundo fantástico que, si se está acostumbrado a historias lineales, puede causar desconcierto. Pero que no deja de disfrutarse y colocar al lector en una posición de constante revisión de sus hipótesis inferenciales. ¿Qué ser es “El huésped”?, ¿un perro, un felino, un monstruo, un sueño, la proyección de episodios de vida? En “Alta cocina”, vuelve la duda: ¿son frijoles? Pregunta más de un lector. En una dinámica de vida, en un mundo que privilegia la certeza, la ambigüedad es otro camino para encontrar, para encontrarnos al final de la vereda.

Desde el rol de mediador que trabaja primordialmente con lectores incipientes, he descubierto que Dávila, por medio de sus palabras, lanza un anzuelo que traspasa el intelecto y emoción del lector. Sus miedos son nuestros miedos que negamos. Dávila los nombra sin definirlos. Al concluir la lectura invita a realizar otra porque la primera pregunta que surge se relaciona con la atención que pusimos en ella. Hacemos una segunda lectura, descubrimos aspectos que habían pasado desapercibidos y sin embargo, llegamos a la feliz conclusión que no hay una respuesta única, contundente; que no hay conclusión. Los espacios descritos en sus cuentos nos llevan lo mismo por las calles de su natal Pinos a la hora del crepúsculo, a la cocina de la abuela, al establecimiento que oferta perfumes, vajillas, mancuernillas y muñecas. Esos espacios, pareciera, están a nuestra espera. Es más, los hemos visitado en nuestros momentos de pavor.

Hoy muchas voces personas expondrán sus sentidas y sinceras condolencias. Hoy muchas personas lamentamos su partida. Pero no olvidemos la tomadura de pelo que le jugó la pasada administración estatal al colocar la primera piedra de un proyecto inexistente (dicen los que saben, que no así el presupuesto para su ejecución). Estas voces y sus palabras volverán a ser arribistas y efímeras, antípodas de la obra de Dávila.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_428

 

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