■ Historia y poder Darío Parga, la regla es para romperla

■ Historia y poder Darío Parga, la regla es para romperla
Darío Parga, cantautor mexicano ■ FOTO: TOMADA DE YOUTUBE

Basta de simulaciones, por ello brotan las nuevas líneas y las nuevas melodías que le dan entrada a panoramas inolvidables. En el arte de ser un hijo de la chingada, nunca me he rajao, tampoco me doy abasto.

Darío ha cantado en Grecia y en Costa Rica, en Mérida y en Querétaro y en Zacatecas, en su San Luis Potosí tan querido y entrado en las lides de hacer futuro sin copiarle a nadie, emergiendo eso sí, de las corrientes latinas de la música que se expresan para entenderse bien, degustar otro estilo, nunca abarrotado, si en la dinámica de contar con los públicos que le entran, que no le sacan, que aguantan vara.

Darío Parga es de los cantores mexicanos que le ganan a la liebre compitiendo sanamente para poderle contarle a los hijos y nietos de qué manera se movieron los kilómetros y en una constante actividad de foros, teatros, conciertos, festivales, y hasta bares malnacidos y de mala suerte, va con su permiso que David Soraiz le facilitó con la venia sabrosa de haber encontrado la solución a los problemas comunes de los cantores de provincia: saltar la cordura, viajar, grabar discos, cobrar bien, tener múltiples contactos con los públicos, nunca descansar, sacrificarse por la banda, no sin antes denunciar ojeteces del sistema.

Un alma pura debatiendo en los desiertos cuándo llegará la alegría para todos y sin pausas.

Darío es el que expulsará del paraíso a los comodinos y ególatras y tendrá la seguridad de cumplir con su deber, siempre pulsando una lira al lado de la gente que lo ama y que puede con el reto.
A veces la extrema melancolía nos lleva a callejones oscuros de donde es urgente salir airosos.

Sus discos y canciones ahí van con su poderosa membresía y que hay rondas de cantores que acompañan pesares y alegrías, facilitan la contadera, palabrear, orquestar, sin miedo a los demás, ni a la crítica de la enjundia o la plaga del falso elogio que encasilla a los bohemios a no sobrevivir.

Este no es el caso: hay un Darío Parga entre nosotros los mexicanos, celebrémosle escuchando sus propuestas, sus ríos melódicos aventando lluvias, fregaderas y temas de amor sin desencanto. (Es decir, victoriosos de verdad). (Punto).
Eso sí. Y enhorabuena!!!. ■

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