Fuimos feministas desde hace mucho tiempo, pero nos dimos cuenta a partir de un crecimiento personal

Fuimos feministas desde hace mucho tiempo, pero nos dimos cuenta a partir de un crecimiento personal
Georgina Salmón Gamboa ■ fotos: cortesía

■ “No existe un príncipe azul o alguien que personifique el amor de la vida”: Georgina Salmón

■ “El feminismo yo lo veo como una postura política; hay muchos tipos de feminismos: Nallely de León

■ “Era una niña rebelde, las prohibiciones que me imponían por el hecho de ser mujer siempre me causaban ruido en la cabeza”: Sahara Calderón

 

“Entonces fue cuando nos empezamos a dar cuenta que no estaba bien”. La conciencia de la desigualdad entre hombres y mujeres y sus consecuencias es un proceso que para algunas de ellas ha determinado que se asuman como militantes feministas.

El trayecto suma la experiencia del trato diferenciado, el sometimiento, las limitantes, las violencias e incluso el aprendizaje de que el grado superlativo de esta desigualdad y su normalización, el peligro de no verla, puede tener como saldo la muerte.

En entrevista con este medio Georgina Salmón Gamboa, Sahara Calderón Samaniego y Nallely de León, todas integrantes de Aquelarre Zacatecas, una colectiva feminista, compartieron parte de este proceso de concientización que las ha llevado a asumirse como activas defensoras de los derechos humanos de las mujeres.

¿Cómo se aprende la desigualdad, la injusticia social de género? No hay otro sitio en principio que el hogar donde se nace. Desde allí surge la inconformidad y la necesidad de contestarse preguntas que se reiterarán luego en otros ámbitos de la vida: el académico, el profesional, el social, las relaciones de pareja.

¿Por qué? Si él también tiene manos…

Georgina Salmón Gamboa tiene 40 años. Es docente en preparatorias de la UAZ, tanatóloga, maestra en Comunicación y licenciada en Letras. Milita en Aquelarre Zacatecas y Las hijas de Marie Curie. Se asume hoy como feminista radical.

Su respuesta a cómo aprendió la desigualdad entre hombres y mujeres la lleva al momento de su adolescencia. Con 12 años de edad ya pesaba la exigencia sobre sí de atender a su hermano.

“¡Hazle de desayunar a tu hermano, sírvele!”.
A los 20 años empezó a darse cuenta que en las clases de licenciatura los trabajos que presentaban los alumnos varones eran más valorados por sus maestros, se les juzgaba como de “mayor calidad”.

En una relación de pareja aprendió que a la par de sufrir violencia física, le tocaba “hacer todo”, estudiar, trabajar, atender al hijo y los quehaceres domésticos. Y que sus reclamos eran replicados por su abuela con un, “pero al menos a ti te ayudan a cambiarle el pañal”.

“Llegó el momento en que yo estaba bañándome y estaba llorando”. Para ella no era congruente que a una estudiante de doctorado le estuviera sucediendo eso.

“Era algo que no podías decir (…) eso no me puede pasar a mí, les pasa a otras mujeres que tienen menos estudios…”.

Recuerda estar en aquel momento en medio de “ese círculo de violencia” que implicaba por parte de su pareja separarla de su familia y amigos, los cuestionamientos a su forma de vestir y al por qué, con quien, y a dónde salía.

Arrastrada al feminismo
“Usted es muy férrea. Es muy crítica hacia los hombres ¿Por qué los odia, por qué está metida en eso?… ¿por qué tanto odio? (….) Ya lo que a mí me arrastró definitivamente al feminismo fue el asesinato de mi hermana”.

El hecho ocurrió hace seis años. Su cuñado se comunicó con la familia desde Ciudad de México para informarles que su esposa se había suicidado.

La versión fue recibida con incredulidad. “Ya nos había tocado ver varias veces cómo la maltrataba, la humillaba, e incluso le ponía la mano en encima”.

Pero atestiguar toda esta violencia todavía pasó por el filtro de entenderla como “problemas de pareja” en los que no había que inmiscuirse.
Tras esa muerte. Georgina comenzó a estudiar tanatología, habló con perfilólogos, psicólogos e incluso una antropóloga forense feminista con quienes consultó el caso, “y todos coincidieron, fue feminicidio”.

El hecho le implicó tomar una determinación: “A partir de ahora no quiero que ninguna familia más vuelva a pasar por lo mismo que nosotros”. La expresa con la impartición de talleres a sus alumnas de preparatoria donde entre otros aspectos busca desmitificar el amor romántico.

Que ellas sepan que no existe un príncipe azul o alguien que personifique “el amor de ‘su’ vida”, que habrá muchos, “que el amor no duele, que el amor no vale la pena, vale la felicidad”.

Estafeta entre generaciones, una batalla
por el pensamiento y la acción
Georgina Salmón es madre de dos varones, uno de 21 años y otro de 6. Con esa diferencia de edades y de experiencias que tienen que ver con momentos distintos en su crianza, la educación de ambos ha sido diferente.

Aquí recalca contrario a como puede ser percibida por una sociedad conservadora que no siente odio contra los hombres, “tengo dos hijos a los que amo, a los adoro”.

No obstante se asume como feminista radical “porque lo que les está pasando a las mujeres es algo radical”. Es la diferencia entre vivir y morir.

El mayor de sus hijos está en el proceso de deconstrucción de una cultura machista aunque aún no hay todavía un convencimiento pleno, algo que ha sido difícil para ambos, madre e hijo.

El menor acude con ella a las reuniones, marchas y acciones, cuestiona lo establecido en su entorno respecto del trato diferenciado entre hombres y mujeres.

Georgina le ha explicado que si bien no puede ser un “hombre feminista”, si un aliado de sus luchas.

Sahara Calderón Samaniego

Sahara Calderón Samaniego

 

Al igual que ella, Nallely de León es feminista y madre. Se ha desarrollado profesionalmente como fotógrafa en los periódicos locales Imagen y NTR, en oficinas de comunicación social de dependencias gubernamentales y en la corresponsalía también en el periodismo gráfico de El Financiero.

Nallely de León 

 

Busca transmitir a la siguiente generación como Georgina, otra forma de ver el mundo y comparte con ella el historial de haber recibido desde temprana edad la carga de servir a los varones de su casa.

“Son detalles pero que hacen grandísimas diferencias y nos van despertando un poco la conciencia; a mí nunca me pareció normal eso, y tampoco me pareció justo”.

Quiere que su hija “esté consciente de lo que vale y de lo que merece, que no crezca pensando que ella tiene que servirle a los varones o que hay cosas que no va a poder hacer por ser mujer (…) pero en mi familia piensan que pueden disponer de su educación”.

Trata de mantenerla informada y de estar todo el tiempo en comunicación con ella, pero “al momento de llegar con mi familia ellos le dicen otra cosa totalmente distinta. Es como una batalla”.

Detrás de esta búsqueda también está su experiencia profesional en la que ha experimentado el acoso, la discriminación y el estigma de vérsele “vulnerable” por ser madre soltera. Algo que incluye que se inmiscuyan en su vida privada con cuestionamientos.

Como mujer profesionista también se le imponen limitantes, “yo no puedo acercarme a una escena de nota roja porque se supone que no puedo hacerlo como lo haría un compañero fotógrafo”, manifiesta su desacuerdo aunque está consciente de que el periodismo es peligroso “en todos los aspectos”.

Los feminismos
“El feminismo yo lo veo como una postura política (…) hay muchos tipos de feminismos. Es lo que estoy aprendiendo yo. Me estoy formando en esta lucha y encontrándome. También hay polémica, siempre la va a haber –por temas como el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, la prostitución y su vínculo con la trata de personas, la violencia feminicida, la validez o no de los vientres de alquiler, entre otros-.

“Pero el feminismo es conocimiento y autoamor. Si te vas a otra vía, hay muchas mujeres que son feministas y no lo saben”.

Al igual que esta visión de Nallely de León, la politóloga por la Universidad Autónoma de Nuevo León de 29 años, Sahara Calderón Samaniego, maestra por en Ciencias Sociales por la UAZ y docente universitaria en aquel estado norteño, cree que muchas mujeres que se asumen como feministas, “lo fuimos desde hace mucho tiempo, pero nos fuimos dando cuenta” a partir de un crecimiento personal.

Se recuerda como una niña rebelde a la que las prohibiciones que se le imponían por el hecho de ser mujer “siempre me causaban ruido en la cabeza”.

En su familia hubo una educación católica, conservadora, y aunque sus padres sí tuvieron una postura ya un tanto liberal, fueron marcados por esta estructura.

Sahara es una de tres hermanas, por lo que su educación “siempre fue muy dirigida entre lo que sí podíamos y no podíamos hacer por ser mujeres”.

En la etapa adolescente, entre los 15 y los 18 años, se dio cuenta que compartía estas restricciones con sus amigas y compañeras.
“Nos limitaban ciertas cosas más que nada por cuestiones morales”.

Su proceso hacia el feminismo tuvo que ver con su opción por la licenciatura en Ciencias Políticas y Sociales. Y que entre 2007 y 2008 se incrementara la violencia en el país lo que la involucró en movilizaciones donde coincidió con compañeras que se pronunciaban por los derechos de las mujeres. “Para mí fue algo nuevo, ¿de qué se trata eso del feminismo?”.

Alguna vez en sus clases se mencionó el tema traducido “como un movimiento por los derechos de las mujeres, para buscar la igualdad”.
A partir de allí iniciaría una búsqueda por documentarse más sobre el tema hasta asumirse como anarco feminista, “un feminismo liberal totalmente, feminismo libertario”.

A su regreso al estado hace cuatro años aproximadamente y ya identificada con esta lucha y objetivos, se involucró en Aquelarre Zacatecas, una colectiva apartidista que integra a mujeres muy diversas que coinciden sin embargo “en una idea de feminismo interseccional que incluye distintas luchas, sobre todo siempre a favor de la no violencia” hacia las mujeres.

La organización se prepara para integrarse este día junto con las mujeres de 70 países en el paro contextualizado en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el 8M, que en Zacatecas convocará a una marcha a las cinco de la tarde que partirá de El Caballito de González Ortega para desembocar en la Plazuela Goitia.

“La invitación está abierta a que nos sumemos y que desde nuestros espacios no nos quedemos calladas (…) asumir nuestra responsabilidad política y volvernos protagonistas de una manera más proactiva para involucrarnos en este proceso de transformación”.

Para contestar sobre lo que es el feminismo o los feminismos desde Aquelarre Zacatecas, Nallely de León lo expone como un compromiso entre pares, entre mujeres.

“Para nosotras hacer que la gente lo entienda está muy cañón, entonces nosotras preferimos actuar. Hacer nuestras cosas y que los hechos vayan hablando”.

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