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Niños que trabajan: en la trampa de violencia social

Niños que trabajan: en la trampa de violencia social

En el México rural, sobre todo antes de los años 70’s, las familias grandes eran una estrategia de sobrevivencia. No solamente las familias grandes en tanto ‘extensas’, es decir, donde viven juntas varias generaciones: abuelos, padres y nietos, sino numerosas en tanto pródigas en infantes. Había familias nucleares que podían pasar de los 15 miembros. Los niños en ese contexto tenían una función importante porque su trabajo cubría labores en el cuidado de los animales o en el apoyo del trabajo agrícola que redituaba a todo el conglomerado familiar. Al mismo tiempo, ese trabajo era una forma de educarse para la vida: aprendían el valor de la responsabilidad, la obediencia y desarrollaban habilidades que eran vitales para el futuro. Ese trabajo era una especie de escuela a campo abierto. Con la urbanización del país, todo cambió. El trabajo infantil, en lugar de ser motivo de desarrollo personal, es una causa de obturación del futuro de esos pequeños.
Ahora los niños que trabajan pueden (por ese motivo) rezagarse en sus oportunidades futuras respecto a los otros niños que no tienen que hacerlo. Un rasgo negativo del trabajo infantil es el abandono escolar, y con esto, los niños pierden la posibilidad de adquirir competencias esenciales para el mundo laboral actual: capacidad de abstracción, comprensión lectora por donde entran los nuevos conocimientos y habilidades sociales. Es como tapar el canal por donde llegan los nuevos saberes que serán esenciales para la vida. Al mismo tiempo, nos encontramos con niños que realizan trabajos peligrosos, como el caso de algunas industrias y la minería. Y en Zacatecas el caso es particularmente preocupante con los niños que vienen en las familias de jornaleros agrícolas: en las temporadas de plantación (marzo y abril) y de cosecha (de septiembre a diciembre) decenas de familias viajan de región a región para acceder a un ingreso. Los niños son esenciales porque los pagos son a destajo, es decir, por extensión de trabajo realizado. En el ámbito urbano, el DIF localizó este año 170 niños que trabajan en las calles para llevar ingreso a sus casas. Se trata de los niños ‘en’ la calle (a diferencia de los niños ‘de’ la calle). En México el Inegi cuenta 2.5 millones niños que trabajan y abandonaron su vida de niños por eso: no van a la escuela, no juegan, no están protegidos y su futuro es negro.
Las políticas para proteger a la niñez en el país y el estado dejan mucho que desear. Falta una verdadera preocupación en torno a la integridad de la niñez zacatecana, el hecho de que el 80 por ciento de los jóvenes ligados a la delincuencia vengan de una niñez de pobreza, violencia y abandono escolar, no dice nada a las autoridades que toman el tema con poca seriedad. Actuales victimarios que antes fueron víctimas: un círculo del mal. Sería bueno que la sociedad civil forme observatorios para darle seguimiento a este tema: es vital que lo niños tengan vida y no caigan en trampas de violencia social.

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