A dónde va Zacatecas: ¿derecho a la ciudad o shopping mall?

A dónde va Zacatecas: ¿derecho a la ciudad o shopping mall?
Ahora mismo, en esta etapa de la historia padecemos de un signo ominoso de los tiempos: la ocupación privada de lo común. Aquello que constituye Lo Común, que por su dimensión no puede ser de alguien en particular, es apropiado por ciertos poderes económicos. El agua o el aire o la tierra, ¿pueden ser de una persona o compañía? No son meras cosas, sino condiciones para la vida de todos sobre el planeta. Igual los pensamientos o sus productos cognitivos. Hace años era impensable que lo común fuera apropiado por ciertas personas, pero así ha ocurrido. La propiedad es un fenómeno jurídico, es un acto de reconocimiento que hace un Estado y lo convierte en obligatorio para todos. Una vez que el Estado da en propiedad a una compañía un pedazo de tierra, obliga a todos los demás a reconocer esa propiedad; por ello, si algún ciudadano no lo hace lo aprehenden por cometer el delito de invasión de propiedad privada. El propio Estado tiene una manera de reconocer la dimensión de lo común, a través de la llamada “propiedad pública”. Lo público implica justo que es común, que es libremente accesible y que todos tienen derecho (y responsabilidad) sobre ello.
Pues bien, en el caso de los gobiernos locales estos signos se aplican con los servicios que son obligación de dicho nivel de gobierno: agua, manejo de residuos, seguridad, alumbrado de calles y espacios urbanos. En todos los temas hemos pasado, al menos, por propuestas de privatización o de experiencias efectivas de este fenómeno. El enfoque del Derecho a la Ciudad es la idea opuesta a la tendencia privatizadora de lo público. Cuando un servicio se convierte en mercancía deja de ser un derecho. El derecho a la ciudad implica que los servicios que ofrece la misma no son mercancías. Ciudadanía es sinónimo de inclusión y libre acceso. El cobro del uso de espacio es una manera de discriminar. Pero lo peor del caso es cuando una empresa privada hace usufructo de las ventajas mercantiles de esa discriminación. Es la suplantación de lo público. Se extiende la lógica del Centro Comercial: la ciudad se convierte en un gran ‘shopping mall’. Todo mundo ‘puede’ entrar y ser cliente de lo que ahí se ofrece. El ciudadano pasa a ser un cliente. Los espacios los dona el gobierno para que empresas privadas ofrezcan sus mercancías y los que tengan dinero cubran sus necesidades. ¿Y aquellos que no tienen para comprarlas? Pues pasan a los cinturones de la marginación. A ser objeto de la caridad si bien les va. La des-ciudadanización de la ciudad. El problema es el avance de esa tendencia. Los ciudadanos sobre la base de lo público tenemos derecho a construir mejores ecologías urbanas, si deja de ser ‘público’ el derecho a esos ecosistemas queda borrado. La actual administración del municipio de la capital ha cambiado de orientación, comenzó con un interesante proyecto de ‘ciudad del conocimiento’ (el cual está olvidado) y ahora vemos su entrega a esta tendencia negra de la que hablamos. ¿En qué estamos convirtiendo la ciudad?
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