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Explicar el 2018: de la Geometría a la Constelación

Explicar el 2018: de la Geometría a la Constelación

n las últimas semanas hemos observado los acomodos de los grupos de interés en los partidos políticos que competirán por la presidencia. Ha generado muchas expresiones de sorpresa que (por ejemplo) en Morena se incluyan perfiles que estaban abiertamente ubicadas en la derecha doctrinal extrema, como Manuel Espino, sólo por poner un ejemplo de varios que han acaecido. Tantos movimientos en el mismo sentido, deja a la geometría izquierda-derecha como un instrumento teórico que no sirve para explicar qué está ocurriendo en la realidad política actual. Esta idea de que los militantes se suman o restan de sus aglutinantes partidarios por las afinidades ideológicas que se anuncian, no ayuda a comprender lo que en realidad está pasando.

Ante la expectativa de cambio de grupo dirigente nacional con el posible triunfo de López Obrador, provoca que una parte importante de los grupos de interés que habitan en los partidos quieran estar dentro del nuevo marco de conducción del Estado. Es la prioridad: estar dentro. Ahora mismo, la ideología es determinada completamente por la posición. Como un tablero mecánico. Así las cosas, podemos hacer la pregunta: el nuevo presidente (de lograr serlo), ¿con quién gobernará? ¿Cuál será la constelación política que gobernará México? Porque lo que gobierna (en estos casos) no es una expresión ideológica, como si fuera un “gobierno de izquierda o de derecha”, sino una Constelación de posiciones internamente muy diversas. En suma, el concepto que nos ayuda a explicar lo que ocurre, no es la geometría lineal izquierda-derecha, sino el concepto de “Constelación”.

Una Constelación es un aglutinante que junta grupos políticos de diverso origen social e ideológico, pero enmarcados por un núcleo y con la expectativa de compartir o formar parte de la distribución del poder. Los mismos actores pueden formar constelaciones diferentes si el núcleo político cambia. En este caso, muchos actores de la constelación que se formaba alrededor del grupo Atlacomulco, están saltando y conformando una nueva constelación alrededor de AMLO. La expectativa del gobierno que viene se construye observando la reconfiguración política de las élites, porque ahí es donde se responde la pregunta, ¿con quiénes se gobernará? Y el ‘quienes’ contiene la posición social de los actores políticos, y dicha posición a su vez transparenta los intereses que los mueven. De esta manera, podemos construir una expectativa del gobierno que viene.

Todos los grupos de interés y las élites aglutinadas o coaligadas tienden a conservar y acrecentar su poder. Y eso se expresa en los planes de gobierno. Por ejemplo, es sintomático que a AMLO no lo ataquen en base a su propuesta de gobierno que ya hizo pública, y se concentren los ataques con razones exóticas, como la venida rusa y ese tipo de cosas. ¿Por qué omiten atacar a su plan de gobierno? Como sí se hizo fuertemente con Anaya cuando anunció la Renta Básica. A Andrés lo combatían por ‘populista’ atendiendo a sus propuestas redistributivas del 2006 y 2012. Ahora ya no se ve eso. Pues dicha omisión ocurre porque en términos programáticos ya no hay grandes diferencias con los competidores. Y los temas más espinosos, como la eliminación de las llamadas reformas estructurales y los derechos de las minorías, ‘se llevarán a consulta’. Por tanto, se evita una definición comprometedora mandando la decisión a referéndum. La definición queda flotando.

La constelación se va formando en el camino. Ya existen algunos actores claramente comprometidos. Y los contrastes son muy interesantes para fines analíticos. Debemos preguntar sobre el comportamiento de una constelación política cuando tiene internamente fuerzas contrastantes y el núcleo que la hegemoniza no es un equipo con ideología definida, sino un líder. Si la constelación es internamente muy contrastante, el gobierno no puede hacer cambios significativos, porque eso rompería su estructura de gobierno. Por ello, hay que esperar cambios inerciales o pequeñas variaciones de lo que ya existe: pequeñas modificaciones incrementales; lo cual ya se justifica con el discurso de que ‘lo importante es la implementación honesta de lo que ya existe en los diseños programáticos y/o legislativos’. Dependerá de cómo queden ponderadas las fuerzas al interior de la constelación, pero es previsible que (si logran triunfar) será un sexenio de lógica incremental. Es decir, las expectativas son más bien conservadoras. En los próximos meses podremos hacer ejercicios de conformación concreta de constelación, donde ya hay posicionamientos de ciertas élites: una de las televisoras, fracciones contrarias del magisterio, empresarios norteños, organizaciones campesinas de la CNPA, los grupos que formaron Morena y un extraño etcétera que tiene sorprendido a medio mundo, como grupos de la tradición doctrinal panista y comunidades evangélicas conservadoras. El conglomerado es quimérico.

Así como se hizo una teoría política de las geometrías ideológicas, ahora requerimos una teoría de las Constelaciones, que nos diga cómo se comportan estas entidades políticas que no aceptan la lógica de la coherencia o no-contradicción. Es cosa de ver el conglomerado del PAN-PRD. Es la lógica contingente de la negociación de posiciones de gobierno. La pregunta es, ¿qué tipo de gobiernos vendrán con estas configuraciones políticas?

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