El camino para enfrentar la inseguridad es garantizar todos los derechos a todas las personas

El camino para enfrentar la inseguridad es garantizar todos los derechos a todas las personas

El año que transcurre es ya el más violento en la historia moderna de nuestro país, y lo mismo podemos decir de Zacatecas, donde la cantidad de asesinatos dolosos ocurridos en los últimos 40 días ha cimbrado la conciencia social, y conducido a que muchas personas se interroguen sobre las causas profundas de la violencia que padecemos y sobre la estrategia que debe sustituir a la de guerra contra el narcotráfico que han aplicado los neoliberales desde hace 10 años. Desde mi punto de vista, uno de los caminos para encontrar la respuesta es examinar los conceptos expresados por el Papa en su gira por Colombia terminada ayer: “No olvidemos que la inequidad es la raíz de los males sociales” “No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello que corrompe la vida y atenta contra ella. A este respecto, recordamos a todos aquellos que, con valentía y de forma incansable, han trabajado y hasta han perdido la vida en la defensa y protección de los derechos de la persona humana y su dignidad. Como a ellos, la historia nos pide asumir un compromiso definitivo en defensa de los derechos humanos”. En síntesis: la existencia de millones de personas excluidas del ejercicio de los derechos humanos es la causa profunda de la descomposición social e institucional que padecemos, y una política para la inclusión de ellos es indispensable para encontrar la paz.

Para entender cabalmente el tema, recordemos que hasta hace pocos años, era frecuente que se considerara a los derechos económicos, sociales y culturales, como si fueran totalmente diferentes de los derechos civiles y políticos. Si bien la Declaración Universal de Derechos Humanos no hacía ninguna distinción entre derechos, ésta apareció en el contexto de la intensificación de las tensiones de la guerra fría entre Estados Unidos (E. U.) y la Unión Soviética (URSS). E. U. y sus aliados hacían más énfasis en los derechos civiles y políticos, en tanto el bloque encabezado por la URSS destacaba la importancia de los derechos económicos, sociales y culturales. Eso propició la negociación y aprobación de los pactos: uno de derechos civiles y políticos y otro de derechos económicos, sociales y culturales. Sin embargo, esa rígida separación se ha abandonado y se ha producido un restablecimiento de la arquitectura original de la Declaración Universal. Por esa razón, cada vez es más frecuente referirse a los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales. Hoy se acepta que todos los derechos humanos están relacionados entre sí. Por ejemplo, suele ser más difícil para las personas que no saben leer ni escribir tomar parte en actividades políticas o ejercer su derecho a la libre expresión. Del mismo modo, como lo ha demostrado el Premio Nobel Amartya Sen, el hecho de contar con la vigencia de la totalidad de los derechos también contribuye a impedir los desastres y los conflictos, a prepararse para ellos y a recuperarse posteriormente. Los estudios e investigaciones que se han llevado a cabo muestran que la discriminación y las desigualdades sistemáticas respecto del disfrute de los derechos humanos pueden causar tensiones sociales y políticas o exacerbarlas hasta los niveles de inseguridad y violencia que tenemos en México, o al empeoramiento de los efectos de los desastres y a obstaculizar el proceso de recuperación.

Es muy importante entender que la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales no es consecuencia natural de la democracia o el crecimiento económico, lo cierto es que, a menos que se adopten medidas concretas con miras a lograr su plena efectividad, rara vez, por no decir nunca, podrá lograrse su plena efectividad, ni siquiera a largo plazo. Por ejemplo, el crecimiento económico no se plasma automáticamente en una mejora del nivel de vida de los grupos más excluidos y marginados, a menos que se adopten medidas o políticas especiales en beneficio de tales personas. Si el crecimiento da lugar a un aumento de los recursos en pro de una enseñanza gratuita y obligatoria, pero no se adoptan políticas específicas para que las personas con discapacidad tengan acceso físico a la escuela, tal circunstancia intensificará las diferencias entre los sectores de la población y dará lugar a una denegación de los derechos económicos, sociales y culturales. Las personas que viven en la pobreza y al margen de la sociedad suelen tener más dificultades para que sus opiniones se pongan de manifiesto en las leyes, las políticas públicas o las actividades de desarrollo, ya que carecen de voz en los parlamentos y ministerios. Ello da lugar a que la atención se desvíe de los más marginados y se concentre en quienes son más visibles y tienen más poder y más acceso al proceso de adopción de decisiones en una democracia. Si realmente queremos reducir la violencia y la inseguridad, debemos iniciar de inmediato las tareas para incluir a los excluidos del ejercicio integral de los derechos humanos.

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