Mediación o promoción: ‘this is the question’ I

Mediación o promoción: ‘this is the question’ I

La Gualdra 302 / Promoción de la lectura

 

Existe un debate, entre algunos sectores dedicados a la formación de lectores y escritores, en torno al concepto de mediador de lectura, en distinción con el de promotor de lectura. En él hay quienes ven innecesario modificar el término, es decir, seguir con la idea del promotor de lectura. Felipe Garrido es uno de ellos. Desconozco a profundidad sus argumentos, sólo tengo registrada una pregunta que lanzó hace algunos años en Pachuca: ¿por qué no son necesarios mediadores de futbol? Estoy convencido que sus postura tiene mucho más sustento que este cuestionamiento. Una mente brillante y con tanta experiencia en el ramo, no puede hacer menos.

Desde que un grupo al que impartía un módulo del Diplomado de Profesionalización de Mediadores de Lectura se asumía, pese a cursar el séptimo de ocho módulos, como promotores de lectura, he intentado exponer en mis propios pensamientos y palabras la diferencia conceptual. Observando la conducción de círculos de lectura, tertulias, charlas literarias, creo identificar algunos aspectos nodales en cada actividad (mediación y promoción). Aspectos tan sutiles, pero de una relevancia fundamental para la consecución de objetivos. Además de brindar posibles respuestas ante el desarrollo y permanencia de la actividad.

El promotor de lectura, en general, pone su atención en el libro, en el autor, en los aspectos tecnocráticos de la literatura, en la cantidad de libros, en la calidad de lectura, en el canon. Lo que importa es el objeto y su consumo. Punto de partida y de llegada, el libro marca la pauta, es el astro rey de ese minúsculo Sistema Solar. Siendo así este tipo de prácticas, ¿cuál es la distinción de las prácticas escolares donde lo importante es saber quiénes son los personajes principales, el estilo o corriente literarios, y demás cuestiones que importan para el análisis literario pero no, necesariamente, para la formación de lectores?

Promotores son, por ejemplo, quienes llaman y llaman a nuestros teléfonos ofreciendo créditos bancarios, quienes nos acosan para cambiar de compañía telefónica o aquellos que insisten en que otorguemos nuestro voto a tal candidato. Obsérvese que lo importante es, otra vez, el consumo, al margen de las consecuencias, divorciado de los sujetos. Por eso nos resultan fastidiosos. Si bien su éxito está en función de su capacidad de convencimiento y persuasión para adquirir algo que no estaba en nuestros planes.

Muchos promotores de lectura, y aún medidores, actúan como los sujetos mencionados en el párrafo anterior. Su meta es colocar determinado libro en manos de un lector (el que sea, no importa, el eje es el libro). Consiguiendo esto, ya cumplió. Colocó su granito de arena en la formación de lectores. Pero no se pregunta si logró satisfacer alguna necesidad en el lector. Necesidad que puede ser cognitiva, emocional, afectiva, de compañía. Necesidad que, incluso, el propio lector desconocía que tenía. En este escenario es altamente probable que el lector en ciernes vuelva a colocarse a una considerable distancia del libro.

 

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