Leer para escribir

Leer para escribir

La Gualdra 295  / Promoción de la lectura

En las últimas semanas han acudido conmigo tres jóvenes con la misma preocupación académica: ¿cómo escribir? No la escritura cotidiana propia del WhatsApp o de los recados familiares. No la escritura de los acordeones o de la toma de dictado o el copiar lo que está en la diapositiva, pintarrón o pizarrón. El primero tenía que escribir una obra de teatro, para once actores, que contemplara los siguientes temas: violencia intrafamiliar, divorcio e infidelidad. Su escolaridad, segundo grado de secundaria. Las otras fueron dos chicas estudiantes de una carrera universitaria, el texto, un protocolo de investigación. Esa era la diferencia.

El punto de convergencia entre ambos casos era que no sabían cómo escribir un formato textual que en su vida habían leído. En las dos entrevistas les pregunté si había tenido acceso a una obra de teatro, para el primer chico, y a un protocolo de investigación para las jóvenes. Un no rotundo fue su expresión. Hay un grave problema en la escuela cuando se pretende generar pensamiento y escritura original a partir de la espontaneidad, sin ningún referente. ¿Cómo pueden crear quienes han copiado letras sin sentido toda su vida escolar?

En otras colaboraciones he narrado dos situaciones similares, la de la declamación como único camino de acercamiento a la poesía y la de los concursos, también de poesía, donde todo lo que rima lo es. Si bien estoy consciente que en la deficiente enseñanza de la comprensión lectora el magisterio es juez y parte, en los casos aquí aludidos tiene mucha responsabilidad. Porque se fundamenta en supuestos falsos (“ya lo saben”), porque muestra qué tan alejado están sus prácticas de lectura y escritura personales con los contenidos curriculares de sus materias. ¿De verdad así fue como apreciaron la poesía, como aprendieron a realizar protocolos de investigación, como conciben al teatro?

Nadie está obligado a saberlo todo, pero con un poquito de iniciativa se pueden corregir fallas en el sistema escolar. Con esto recuerdo mis días estudiantiles en Economía. Quien me impartía la materia de “Metodología de la investigación” no investigaba, quienes lo hacían eran titulares de otras materias. Quizá una entrevista con académicos miembros del Sistema Nacional de Investigadores, alguna invitación a un poeta, dramaturgo o actor local sea una de las estrategias efectivas para corregir el camino. ¿Cómo puedo aprender a comer un taco si no conozco ni la tortilla?

Pero sin duda es una gran oportunidad para acercar al alumnado a la lectura de manera más libre. En la cual ellos podrán escoger la extensión, el autor, la temática, el soporte. Seguramente dichas decisiones tiene más posibilidades de impactar positivamente, citaré a Alejandro Aura: “Es mejor que no lo lean [Pedro Páramo] a que, leyéndolo o incluso sin leerlo, le tengan aversión y rencor”. Porque si de eso se trata leer y escribir, de armar un rompecabezas donde no hay esquinas, donde se escribe, y se lee, porque así lo exige el profesor, las palabras pierden sentido.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-295

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