Prostitución infantil en Zacatecas, ¿fenómeno aislado o problema de fondo?

Prostitución infantil en Zacatecas,  ¿fenómeno aislado o problema de fondo?

■ Perspectiva Crítica

En los últimos días ha cobrado notoriedad en medios nacionales y locales el presunto ejercicio de la prostitución en secundarias de Zacatecas, particularmente en tres municipios, Guadalupe, Fresnillo y la capital, y el cual sería llevado a cabo por alumnas a cambio de 50 o hasta 20 pesos.

El hecho ha motivado el pronunciamiento de autoridades locales, las cuales han llamado a tomar acciones inmediatas para contrarrestar la problemática. Sería comprensible que dichas acciones estuvieran en este momento en una etapa incipiente si es que el fenómeno hubiera sido detectado de manera reciente. No obstante, las propias autoridades reconocen que desde el mes de noviembre de 2016 lo hicieron, por lo que no deja de llamar la atención que a más de dos meses de distancia sus estrategias giren en torno a reuniones, juntas entre representantes de instituciones y fórmulas desgastadas sobre la “prevención”.

En contraste con esto, el fenómeno requiere ser visto en sus diferentes componentes, si es que se pretende mermarlo de manera efectiva. Lo primero que se debe reconocer es que si bien se trata de un hecho poco común o incluso inusitado en las secundarias zacatecanas, está asociado de facto a puntos muy específicos de la problemática por la que actualmente atraviesa el país, y no queda restringido a la supuesta presión que algunos de los novios de las jovencitas estarían ejerciendo sobre ellas para prostituirse, como se ha señalado. Si bien ello no puede ni debe ser descartado, sería una grave irresponsabilidad de las autoridades (tanto educativas como gubernamentales) pensar que ése es el único motivo.

Contrario a lo anterior, es preciso comprender el entorno de vulnerabilidad que alcanza y afecta a los estudiantes del país. Desde hace años la correlación entre pobreza y falta de oportunidades educativas ha hecho mella en múltiples sectores sociales, y dicho nexo se ha reforzado si consideramos que durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha registrado el incremento de la pobreza en México, la cual pasó de 51.6 por ciento a 53.2 por ciento, sólo entre 2012 y 2014. De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), para 2014, hasta 55.3 millones de personas se vieron afectadas por una pobreza que conlleva ingresos mensuales que no rebasan los 2 mil 542.13 pesos en las zonas urbanizadas, y mil 614.65 pesos en los espacios rurales.

Es importante tener en cuenta que en el espectro de pobreza que considera Coneval, el rezago educativo es una variable que se incluye a la par de carencias en alimentación, servicios básicos, posibilidad de contar con seguridad social y atención médica. La degradación social que de esto se desprende alcanza a millones de mexicanos, y les genera una presión que es necesario liberar de una forma u otra. Ejemplos de dicha liberación son el incurrir en actos delictivos, la informalidad en la comercialización de servicios y productos, o bien, la propia prostitución.

Zacatecas encaja en esta realidad de forma preocupante y ve potenciadas las “salidas fáciles”, pues del casi millón 580 mil ciudadanos, 850 mil están en condición de pobreza, lo que ubica a la entidad en la quinta posición en materia de desigualdad, según el propio Coneval. Y de acuerdo con Rodolfo García Zamora, docente investigador de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), el estado tiene casi 30 por ciento de sus jóvenes en condición nini, es decir, cerca de 120 mil individuos que ni estudian ni trabajan.

En un escenario como el descrito, el cual necesariamente tiene a la necesidad como factor común entre todos esos jóvenes, lo extraño no es que se ejerza la prostitución, sino que no se haya realizado de forma más regular previamente. No obstante, ese hueco bien pudo ser llenado con la participación de decenas, cientos o tal vez miles de jóvenes en la llamada delincuencia organizada, la cual por cierto es otro de los actores a tomar en cuenta en el tema aquí analizado, debido a que que en el marco de la llamada “Guerra contra el narco”, es justamente la que más notoriedad ha cobrado para obligar a jovencitas a prostituirse, ya sea de manera directa, o por medio de las células criminales que controlan o con las que está asociada.

A partir de lo señalado en este artículo la hipótesis más fuerte para realizar la prostitución por parte de esas jovencitas sería la necesidad, y aunque no pueden descartarse otros motivos, es necesario no perder de vista dicha hipótesis no sólo porque potencie el sexoservicio, sino porque sin lugar a dudas afecta a los estudiantes de formas diversas, incluidas la deficiente alimentación, la carencia de servicios dignos en sus espacios educativos, la carencia de dinero para solventar sus necesidades básicas, la imposibilidad de transportarse de manera segura, y un pernicioso etcétera.

Las autoridades locales tienen ante sí dos caminos: comprender y atender las causas de fondo que han generado el fenómeno, o bien darle “carpetazo” luego de proponer paliativos como la vigilancia policiaca o la prevención en un nivel básico. ■

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