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Un rockcito para todos los roles / El reconocimiento a los músicos de aquí

Un rockcito para todos los roles / El reconocimiento a los músicos de aquí
Conciertazo que dieron los señores de Mr. Máquina en el teatro Calderón en 1977. Jaime López, en batería y voces; Ignacio Rosales, requinto, guitarra acústica y voces; Pedro Méndez, flauta transversal; Manuel Guerra, cello, bajo y voces; David Pérez H., guitarra

Los compas del barrio, los que habían crecido ya, ahora mostraban una larga cabellera, barba y bigote, pantalones ajustados y unas playeras chidotas, de manga larga y cuello redondo, estampadas con las imágenes de los nuevos ídolos, Jesús, Hendrix, Stones, Che Guevara. “El Chicas”, quien había regresado de USA, traía unos acetatos bien gruesos, Ten Years after, Jimmy Hendrix, Doors, Jethro Tull, Alice Cooper, Led Zeppelin, y los tocaba día y noche; como vivía a un costado de la casa de Lorenzo, éste se volvió loco desde entonces, aunque nunca ha dejado su amor por las rolas de Los Beatles y Creedence; muy en el fondo de su ser, lleva guardadas las enormes piezas Hey Jude, Let it be, Lucy in the sky with diamonds, In my life o aquellas inolvidables piezas de finales de los sesenta que los Creyentes del Agua Clara tenían puestas en escena, Who´ll stop the rain?, Someday never comes y Mientras puedas ver la luz. Henry Cranz venía del defectuoso, luego de ver pasar los acontecimientos del festival de rock y ruedas; traía una motocicleta roja acá, con unos cuernotes altos, como las que aparecían en las películas de hippies, unos lentesotes oscuros, de esos “rayoback” o quien sabe cómo se llaman. El pelo rizado lo proveía de una personalidad apantallante, como si realmente fuera uno más de los “Rebeldes sin causa”, pero se había estancado en los sesenta porque aún cantaba Melodía de amor, Las cerezas y La novia de mi mejor amigo, las de la época dorada.

 

De la nada, apareció en escena un personaje pelón, ropa de trabajo, botas con casquillo, fumando faros y mostrando una amplia sonrisa –de las que da la satisfacción– que impresionaba por su tranquilidad y dejaba ver que su estancia allí, en la herrería, era únicamente para completar el viaje. Joe se llamaba. Le comentó a Lorenzo sobre la visita de los Beatles a Huautla, Oaxaca, a finales de los sesenta; María Sabina lo confirmaba tiempo después, mencionando sobre los sucesos a Harrison y a Lennon, respecto a dejar el plano terrenal. A Lorenzo le pareció un mito lo que Joe le comentó, sin embargo, cuatro décadas después se enteró de que esa visita no fue la única, que dos de ellos regresaron posteriormente debido a la intranquilidad de su existencia. Merced Belén Valdez escribió una nota en la revista Conecte, relacionada con este hecho.

Todo mundo escuchaba y compraba discos de rock en esa época, sin embargo, pocos hablaban del rock que surge en México a consecuencia de los movimientos sociales, de la sobrepoblación, de la banda que vestía y actuaba al estilo americano; aquí se les comenzó a llamar hipitecas, por aquello de los hippies aztecas, chichimecas, etc. Así conocimos en Zacatecas a una incipiente banda que adoptaba la postura del rock contestatario, el que habían generado los verdaderos aferrados a esta forma de vida, los que cantaban a la existencia, a los gobiernos que sólo se dedican a malgastar los recursos de la nación.

Una vez que el rock marginal mantiene un concepto de identidad en el circuito, a pesar del cierre de locales, del veto en toda la radio mexicana y el continuo ataque de la música disco en todo el aparato de difusión, la banda de rock pesado Sr. Máquina decide integrar un set por demás ambicioso, para retomar las raíces del rock mexicano y algunas piezas del rock clásico internacional, con miras a transformar su propuesta progresivo experimental con la incorporación de instrumentos como viola y flauta a su alineación.

Mr. Máquina, en concierto. Foto: ‘Lalo’ López
Mr. Máquina, en concierto. Foto: ‘Lalo’ López

El 10 de agosto de 1977 presentaron un programa dividido en dos partes, una con rock nacional, consistente en piezas de bandas legendarias: la primera, Aliviánate, es una rola original de la banda; Yo y el rock, Three Souls in my Mind; El hongo, Náhuatl; Smog, Dug Dugs; Tiempo perdido, Náhuatl; Cuál es tu nombre, Dug Dugs, y Abuso de autoridad, Three Souls in my Mind.

 

El teatro Calderón estaba a la mitad de su capacidad; las piezas que abordaron se han convertido en joyas de la música postavandariana; la temática de esas canciones ha quedado para la historia en este proceso de transición del añorado rocanrol sesentero, convertido, ahora, en un rock de protesta, de denuncia, no sólo de los abusos de autoridad, de las razzias o de la explotación del hombre por el hombre, sino también en contra de los problemas sociales, ecológicos, las drogas, en fin.

Qué onda loco, orita vengo, ahí te encargo eso. “El Faly” se retiró apresuradamente y no regresó al concierto. Lorenzo pensó que el envoltorio que le dejaron sería algún medicamento y, sí, en realidad eso era, cuando lo abrió, se dio cuenta que era como un kilo de esa medicina que cura las reumas.

La segunda parte del concierto animó más al personal, las piezas de manufactura internacional ponían en movimiento a toda la concurrencia, con ese rock característico de la juventud en pleno, Let we in, Rory Gallagher; Bean drinkers, ZZ Top; Moby Dick, Rock and Roll, Led Zeppelin; Fools, Deep Purple; Arrugas en mi cara, Peter Frampton; Hot blue, ZZ Top; Supernaut, Black Sabbath; Teacher, Jethro Tull, y una improvisación de la parte musical del conciertazo en Woodstock.

Infinidad de gentes, organismos, instituciones, bares y foros dedicados a difundir la música que a los gobiernos aterra, que a las sectas religiosas espanta, pero que a los jóvenes y no tan jóvenes nos ha formado en derredor de una cultura que poco a poco se está haciendo clásica. Existen en la zona conurbada y algunos municipios de este glorioso estado minero –pueblo sin dinero– varios foros y bares donde los inconformes convivimos en numerosos eventos patrocinados o no por las grandes empresas zacatecanas, ninguna nuestra, pero aquí están, para el mundo.

De toda esta amalgama de personajes que, de alguna manera, se relacionan con la música en cuestión, seguro estoy que pocos se han dado a la tarea de hacer un reconocimiento a nuestros músicos, a los pioneros, a los que han emigrado, a los que continúan en la brega, a los que han pirado -los que se han ido–, dijera Ricardo Ochoa de Peace and Love.

Sólo basta con darnos una vuelta por los sesenta y recordar a Armando Macías, Beto Díaz, “El Gallo” Borda, Lamberto Herrera, “Pay” Hernández, Chato Valadez, Poncho Bautista, Alejandro Solís, José Antonio Vázquez “El Chicles”, Pedro Rojas, Profe Brígido Martínez, Chuy Espino, Tacho Peralta, entre otros, o a los setenteros José Antonio Mata, Manuel Cervantes Mazcorro “El Merques”, Julio Márquez, Garabito, los hermanos Cortez, a todos los que formaron parte de la legendaria Mr. Máquina, a los que continuaron década tras década, La Orquídea Polternwinter, Pacal, Séptimo Ángel, Necrosis, Noxious Creed, Ansuz, Mandragore, Lodo, et al., como para comenzar a realizar un evento donde se reúnan los rocanroleros zacatecanos de las diferentes épocas de formación –sería formidable–, para convivir con ellos y conocer su trayectoria e ir integrando lo que sería el Museo del Rock Zacatecano, ¡uuuuf!, suena a todo dar esto, sin embargo, sería una tarea titánica, por las consabidas zancadillas que siempre surgen cuando eres un simple particular, un humilde seguidor del rock zacatecano, un aferrado al arte y la cultura independientes, un soñador.

La verdad, sería una odisea, pero, a la vez, un reto, rendirle un homenaje a los zacatecanos, y en especial, a dos de ellos que radican en el norte de la república, nacidos en nuestro estado, pero radicados desde pequeños en estados fronterizos, Pepe Ramos y Alberto Isordia “El Pájaro”.

Los sueños proporcionan una intensa actividad intrínseca a los personajes que han nacido con la alergia por el rocanrol y no permiten día de descanso hasta convertirlos en una realidad palpable; algún día, no muy lejano, el Colectivo Zacatecano de Rock realizará esta tarea con la finalidad de hacer un reconocimiento a estos grandes rockeros. En corto, el Colectivo comenzará por homenajear a la legendaria Mr. Máquina en un evento programado para el 24 de septiembre en alguna plaza pública, tentativamente en el jardín Juárez de Guadalupe. El retraso se debe a la falta de material en audio y video para mostrar al personal, lo que interpretaban los integrantes de la banda en el periodo del setenta y dos al noventa y dos, que fue el lapso que duró la agrupación.

“Qué bella noche, las luces brillan, el viento arrulla mis oídos, quiero volar, quiero recordarte pero no lo haré, no quiero acelerarme, mis manos tiemblan, la boca se me seca, los colores se mezclan …la vida se me escapa, que bella noche para morir…” Jaime López Espino, agosto de 1977.

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