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Editorial Gualdreño 257. La belleza como estrategia

Editorial Gualdreño 257. La belleza como estrategia

A Víctor Manuel Castro Rosales

(1980-2016)

Ante la inseguridad, el desasosiego, la incertidumbre, la intranquilidad, pienso que una estrategia para promover la paz es descubrir, re-descubrir, mejor dicho, la belleza. Sé que puede sonar romántico y hasta ingenuo, pero no encuentro otra forma de hacer frente a lo que está sucediendo en el país y más concretamente en Zacatecas; nuestra ciudad se encuentra manchada por la violencia, contaminada por el ruido y petrificada por la indiferencia. Leyendo el artículo recientemente publicado en este diario por la Dra. en Historia Mariana Terán, me he quedado pensando en cuáles son las armas que tenemos los ciudadanos para enfrentar el hecho de que cada vez es más cotidiano escuchar, leer y muchas veces constatar que la inseguridad nos carcome y peor aún, dice Mariana: “Los valores sociales como el respeto, la dignidad, la probidad, la justicia, parecen ser, de manera alarmante, ignorados. La indiferencia se les sobrepone”. Hemos llegado al punto de ver y aceptar como “normales” y nada extraordinarias las noticias que muestran fehacientemente que nuestra ciudad ya no es aquélla que presumíamos hace algunos años como una de las más seguras del país. Eso, si usted vive aquí, ya lo sabe.

Hace apenas unas semanas, mientras me encontraba de compras en Soriana, mataron a un joven en el estacionamiento de la tienda. La semana pasada, mataron a un compañero recientemente egresado del Doctorado en Historia en su negocio; llegaron a asaltarlo y como no tenía dinero, los asaltantes decidieron darle dos tiros, lo mataron frente a su pequeño hijo porque no tenía dinero. Víctor era un hombre de bien, no cabe entonces la explicación de que sólo mueren a balazos quienes no lo son; fue becario del CONACyT y recientemente se había titulado como Doctor en Historia con Mención Honorífica; ya no estará aquí para ver su trabajo de investigación publicado, ni estará aquí para ver a sus dos hijos crecer, ni llegará a viejo al lado de su esposa. Víctor fue un buen hombre y no se merecía morir así. Nadie merece morir así. Y nadie merece vivir en la zozobra.

Lo más preocupante del caso es que no creo que hayamos tocado fondo, o dicho de otra manera, que hayamos ya llegado a la cúspide de esta descomposición social; la pregunta es entonces si eso es inevitable y yo creo que no, que algo podemos hacer antes de que esto empeore, porque es evidente que el problema va agudizándose paulatinamente. Este tipo de acontecimientos, está visto, le pueden suceder a cualquier persona, ¿qué nos queda a nosotros? Trabajar para que la incertidumbre no nos petrifique y para recuperar la armonía y la paz. ¿Cómo? Le decía al principio que habrá que redescubrir la belleza. Promovamos la belleza como estrategia, entonces.

Cada quien encuentra la belleza a su manera; hay quienes preferirán ir a un museo, otros irán al parque o edificarán su propio jardín; habrá también quienes en su biblioteca encuentren refugio y contagiarán a otros el gusto por la lectura; también, si acaso la música es lo que más les emociona, cantarán, escucharán un buen disco, o asistirán a un concierto; otros harán o verán teatro. Cada quien ha de encontrar la paz en su propio refugio, lo importante es compartir esos pequeños espacios con más personas; hay que decirles que la vida sigue siendo hermosa y que este mundo puede ser todos los días cada vez mejor.

Refugiarnos en la belleza nunca será evasión si junto con esto promovemos el sentido de la dignidad y la justicia, con nuestra gente más cercana, con nuestra familia, con nuestros vecinos, con nuestros amigos. No podemos perder el tiempo; una sociedad organizada, educada, sensibilizada, crítica, sería el cuadro más bello que puedo imaginar en este momento. No olvidemos, pero tampoco nos quedemos en nuestro espacio viendo cómo las cosas pasan como si de una película se tratara; vulnerables somos todos, pero no permitamos que nos quiten la esperanza de recobrar nuestra tranquilidad.

Que disfrute su lectura.

 

Michelangelo Merissi Caravaggio. Los músicos. Óleo sobre lienzo. 91 x 118.4 cm. 1596-1597. Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund 1952.   El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta 'Caravaggio y los pintores del norte', una exposición sobre la figura de Michelangelo Merisi Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ercole, 1610) y su influencia entre los pintores del norte de Europa. Durante sus primeros años en la ciudad, Caravaggio realiza cuadros que vende a través de marchantes por importes modestos. Se trata de escenas de género y naturalezas muertas con frutas y flores, una especialidad que trae consigo desde Lombardía. El cardenal Francesco María del Monte, su primer benefactor, le ofrece alojamiento en el Palazzo Madama, donde pinta 'Los músicos', la imagen que presentamos en portada.  [Más de 'Caravaggio y los pintores del norte' en páginas centrales]
Michelangelo Merissi Caravaggio. Los músicos. Óleo sobre lienzo. 91 x 118.4 cm. 1596-1597. Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund 1952. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta ‘Caravaggio y los pintores del norte’, una exposición sobre la figura de Michelangelo Merisi Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ercole, 1610) y su influencia entre los pintores del norte de Europa. Durante sus primeros años en la ciudad, Caravaggio realiza cuadros que vende a través de marchantes por importes modestos. Se trata de escenas de género y naturalezas muertas con frutas y flores, una especialidad que trae consigo desde Lombardía. El cardenal Francesco María del Monte, su primer benefactor, le ofrece alojamiento en el Palazzo Madama, donde pinta ‘Los músicos’, la imagen que presentamos en portada. [Más de ‘Caravaggio y los pintores del norte’ en páginas centrales]

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