Javier Bátiz, músico cuyo trabajo se sitúa siempre en la contracultura

Javier Bátiz, músico cuyo trabajo se  sitúa siempre en la contracultura

■ Expone su molestia por la influencia de la cultura norteamericana en la juventud mexicana

■ La buena música está hecha con valores civiles, humanidad, amor y esperanza, señala

Del underground al overunderground. Así definido por sí mismo. Javier Bátiz (Tijuana, 1944) afirma, su música puede situarse aún como hace 57 años en la contracultura. “Claro, porque estoy contra lo establecido, y qué bueno que estoy en contra porque está espantoso”.

El Brujo, nacido como músico un 28 de junio de 1957 en su ciudad natal, repudia del establishment a “los vendidos y los comprados (…) los que se la viven agachados. Unos a otros traicionados. Me enferma eso porque debilitan todo lo que puede ser la vida de un país”.

Bátiz rechaza reiteradamente dentro de la música la ausencia de maestría en la ejecución de los instrumentos a la que se ha suplido dice con “gritantes de groserías y majaderías”.

El ícono del Sonido Tijuana expone su molestia por la influencia de la cultura norteamericana en la juventud y niñez mexicana que deviene de su amplia difusión mediática.

México dice, es diferente, “tiene tradiciones, ha crecido con una educación, con valores civiles y morales”.

Aquí viene a la mente del músico su sentido gregario, la conciencia de familia que ha marcado también su quehacer profesional cuando se rodea de alumnos para tocar, como sucedió en Zacatecas el pasado viernes.

Tal como recuerda a su madre, quien le enseñó sus primeros tonos y a sí mismo y su hermana La Baby, ambos nacidos en la misma casa que aún conserva y en la que vive en el centro de la ciudad fronteriza, señala:

“México ha tenido mamá, abuelita, papá, ha tenido hermanos y las tías”. En los Estados Unidos no hay. Y tienen en vez de libertad democrática, libertinaje, asevera. De ahí su rechazo a lo que denomina copias burdas que se hacen en el país de lo que se exhibe en los mass media.

Javier Bátiz se burla asimismo de los artistas que se creen dioses. “¡Dioses!”, reitera imprimiendo asombro a la voz. Mismos que piensan, pueden sanar con tocar a una persona. Los que pierden los estribos y por tanto la realidad.

Contra ello el maestro de muchos músicos, incluido el siempre citado Carlos Santana, proporciona un consejo que expresa de manera enfática sílaba por sílaba: “No hay que ser mensos”. Una máxima que debe aplicarse como la fundamental en la vida.

No obstante, la música de Javier Bátiz y la brujería que sabe y quiere hacer, sí tiene que ver con la sanación.

Casi a la manera en que expone Alejandro Jodoroswsky la actual tarea del arte, de sanar y no enfermar, porque enfermo está ya el mundo y las obras estridentes y oscuras ya no implican una provocación que cuestiona la vida sino una suma continuada de desgracias, en la misma idea de lo que hoy puede ser auténticamente contra-cultural, refiere el guitarrista, “ya es demasiado picarle las costillas a la yegua”.

Para el autor de Suite –La de los ojos grandes y ocho rojo-, el orbe está en declive y “la música es una de las artes universales que nos puede dar la vida al mundo entero. Con la música puedes aliviar todas las almas”.

Javier Bátiz, músico mexicano nacido en 1944, se considera sí un maestro. Uno que “abre caminos, puertas y ventanas y todo lo que se pueda abrir”  ■ FOTOs: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

Pero para esto dice, se requiere una condición, “tiene que ser música”. Así la clasificación para él está clara, “la buena música está hecha con valores civiles, con pensamiento de humanidad y de amor y de esperanza y de fe y espiritual. Tiene que ser música que te haga sentirte bien, que te alivie el alma”.

Quienes hoy han hecho fama saliendo con una guitarra y gritando groserías, incluidos algunos de sus amigos, además queridos, como Molotov, dice, “estas gentes vienen y te enferman el alma, te llenan de basura la cabeza y sales de un concierto mentándole la madre al presidente. No debe de ser eso y menos en nuestro país”.

De la amplia cita de referencias que puede hacer y que pronto quedarán escritas en sus memorias, que ya redacta, trae ahora a colación la hazaña de Bob Dylan.

“Yo me acuerdo cuando Bob Dylan cambió el mundo por su pura música. No como los Beatles, que los Beatles mataron al rock and roll. Pero Bob Dylan cambió al mundo con su forma de pensar. Por eso los 60 fueron muy importantes, muy importantes”.

Reseña de aquellos míticos años: “vino la libertad, la libertad sexual, la libertad de expresión, pero después vino el libertinaje”.

Hoy dice “los músicos, los artistas. Los que tenemos el escenario para poder hablar con la gente somos los que podemos traer un mensaje de armonía, de equilibrio. Ya si no de amor y paz que ya está muy trillado, de tranquilidad. Un mensaje de pásensela suave”.

De la vida pública de México, con sus desastres y tragedias dice, “tenemos nuestra cantidad del universo, porque no somos el único país”.

“Yo vivo a un ladito de San Diego y diario ahí: three, fourshots, peopleshot, death…se suben por allá en una iglesia judía y purrrrrrun, se avientan 17 gentes…”.

Siempre asociado al nombre de Carlos Santana por haber sido quien le enseñara a tocar la guitarra, Bátiz se considera sí un maestro. Uno que “abre caminos, puertas y ventanas y todo lo que se pueda abrir”.

Además del nombre del músico de Autlán, Jalisco; enumera entre quienes han sido sus pupilos y tomaron clases en su casa natal a Chichí, El Meño, El Bayoyer y El Cali.

“Una infinidad de músicos aprendieron a tocar allí conmigo. Y claro uno se hizo mega famoso mundial, pero eso no quiere decir que los demás músicos no seamos buenos músicos”.

También recibieron sus consejos de la que define como “una maestría muy especial y muy seria y muy neta y muy sencilla y muy tranquila y muy humilde pero muy fuerte”, entre otros, Marco Mendoza, de Ted Nugent y Fito de la Parra, de Canned Heat.

La sucesión de referentes en la experiencia profesional de Javier Bátiz son innumerables, como expuso durante su visita a la capital del estado para inaugurar la primera Jornada de Blues en Zacatecas; su amistad con Jim Morrison; su ejecución a la guitarra al lado de Chuck Berry en el Teatro Ferrocarrilero en los 60.

También su debut en el 63 en la película en que por primera vez Armando Manzanero apareció tocando el piano y que se sumó a las más de 30 que hay en la trayectoria y donde compartió créditos con los artistas del momento: Angélica María, Julissa, Lola Beltrán, David Reynoso y aún con Pompín Iglesias, César Bono y Rafael Inclán.

Javier Bátiz, músico mexicano nacido en 1944, se considera sí un maestro. Uno que “abre caminos, puertas y ventanas y todo lo que se pueda abrir”  ■ FOTOs: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

“Mi vida está llena de muchas anécdotas, de tradición y de historia y con personajes muy increíbles”. Incluida la bendición, define, de hacer canciones con el escritor José Agustín.

Bátiz también enumera los escenarios emblemáticos de México como parte de su historia en la música de México: el Palacio de Bellas Artes, el Auditorio Nacional, el Toreo Cuatro Caminos, la Alameda central, entre otros.

Se agregan sus presentaciones por los Estados Unidos, Centro y Sudamérica, Europa y “he viajado hasta Zacatecas… ¡Nooooo! Así es que andamos por todos lados trayendo esta música”.

Apenas un día antes de la entrevista, el pasado jueves, fue convocado a participar en el Festival Internacional de Jazz de Montreal.

“¡Guauuu!…me dijeron: Javier, necesitamos a alguien que venga a barrer… les dije ya tengo mi escoba…Es un halago y es una gran responsabilidad ir a donde han tocado los mejores músicos del mundo y por mejores quiero decir los ejecutantes mejores no los más conocidos ni los más ricos”.

De éstos, cita luego de exponerse como “honradísimo, orgulloso, feliz y muy humilde y agradecido de veras” a Ray Charles, B.B. King “y sabrá Dios cuánta gente grandiosa”.

Viene también la posibilidad, y luego de que se ha expuesto durante años su amistad y luego su alejamiento, incluso la envidia que algunos han propuesto tiene hacia su pupilo Carlos Santana, la posibilidad el próximo marzo de que ambos músicos toquen juntos en el Cumbre Tajín. Y que fuera citada por el propio Bátiz mediante un chiste derivado de una entrevista:

¿Le tienes envidia al dinero de Carlos (Santana)?

-“No…al de Carlos Slim”.

“Como sea –agrega-, hay esa expectativa del encuentro de Bátiz con Santana que yo creo que ni se va a dar o a lo mejor sí. Lo que pase. Pero la gente está pensando eso y como que se está manejando, pues va a ir el doble de gente que iba a ir. Nada más para ver si es cierto, si no es cierto pues que malo pero si es cierto que agasajo va a ser”.

La posibilidad es expuesta como la de “ver a los dos músicos más importantes de México en un mismo escenario a la misma hora tocando al misma canción”.

Con todo, Javier Bátiz dice, se encuentra en el camino y abriendo más puertas. Comenta, luego de haber estado en gira por Colombia, mencionó en aquel país que no le gustaba la cumbia.

“Pero por estar de hocicón Dios me mandó que compusiera esta y ¡bolas!” La pieza se llama La flor de San Souci, y alude a una bailarina que dice, iban a ver él y Carlos Santana.

Cuando se enteró de que el centro nocturno iba a desaparecer, “dije yo, no pues ¿cómo quitan el San Souci, cuándo ahí íbamos con Flor? ¡No!”

Se genera luego, una pausa que termina con su voz suavizada por la conmoción. Se ve correr detrás de los sempiternos lentes una lágrima, que se limpia con la mano.

“Y compuse esa canción. Me acuerdo hace mucho… hace…. de los 57 años debe de hacer…hace como 90…-se carcajea-. No, increíble…me trajo este… la memoria. Mi vida ha sido muy bonita, muy llena de logros y de búsquedas y de logros y búsqueda (…) y ahorita ya encontré esa cumbia, ¿sabes?  A lo mejor viene hasta un mambo…en una de esas hasta un corrido. ¡Cabrón! Una redova de Monterrey”.

“No sé mi trabajo no lo acabo…todavía no digo que ya la hice y  mucho menos digo que ya sé tocar porque cada vez toco diferente. Cada vez…vas a ver mañana qué suave está…muy suave”.

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