En continuidad con la crónica del Congreso General Universitario de 1987-1988, se identificaron los principios y características deseables para el proceso de enseñanza-aprendizaje en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), que hasta entonces se había caracterizado por contenidos obsoletos, dinámicas autoritarias, individualismo y competitividad. Una enseñanza predominantemente libresca que carecía de vinculación con la producción y la reproducción social; y que resultaba ajena a las transformaciones de la época que exigían una relación sistemática y de retroalimentación entre la academia, el sector productivo y el desarrollo social.
Bajo esta premisa, se estableció que el conocimiento era un proceso de carácter fundamentalmente social que se nutría de la crítica de la realidad. Por lo tanto, no debía concebirse como una mera transmisión de información donde el estudiante fuera un consumidor pasivo, sino como un acto de creación que posicionara a los alumnos como protagonistas de su propio aprendizaje.
Por otra parte, el proceso de aprendizaje se concebía idóneamente grupal, un espacio donde los miembros intercambiaban ideas y conocimientos para su enriquecimiento mutuo. En esta dinámica, el docente actúa como coordinador, facilitador de la comunicación, orientador y asesor del conocimiento.
Por lo tanto, el objetivo central consistía en revalorizar a la persona dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje y promover transformaciones profundas. Esto implicaba desterrar progresivamente las prácticas tradicionales y negativas, para impulsar la formación de nuevos agentes educativos. Estos sujetos debían distinguirse por su rol activo, capacidad creativa, pensamiento crítico, apertura al diálogo, evaluación constante y por su compromiso con la transformación del sistema de valores vigente.
Para que el proceso fuera genuinamente democrático, se requería un docente revolucionario, humanista, humilde y con una sólida base ideológica; un guía y orientador creativo capaz de fomentar la libertad de pensamiento y la convivencia democrática. El proceso de enseñanza-aprendizaje implicaba articular relaciones afectivas orientadas a formar individuos con autonomía intelectual y moral, priorizando los métodos activos y la reciprocidad. Así, resultaba imperativo abandonar las prácticas autoritarias y promover la autodisciplina y la automotivación para erradicar la pasividad estudiantil imperante.
Con este fin, se planteó la creación de un departamento psicopedagógico encargado de brindar orientación educativa especializada a la comunidad escolar. Asimismo, se sugirió una evaluación curricular permanente y autogestionada por el colectivo de estudiantes y docentes. Este modelo permitiría diseñar el plan de estudios incorporando sus propios intereses educativos y culturales, al tiempo que asumía como propias las grandes reivindicaciones y necesidades populares.
Asimismo, se planteó optimizar y reglamentar el trabajo académico fuera del aula mediante un programa de formación, actualización y capacitación docente. El objetivo principal era asegurar que ese tiempo se dedicara a la investigación y a otras actividades esenciales. Del mismo modo, se buscó impulsar el trabajo colegiado —tanto en investigación como en academias— en todos los niveles educativos, promoviendo estructuras que facilitaran la planeación y la multidisciplinariedad. Para ello, resultaba indispensable garantizar condiciones mínimas para la investigación en los espacios universitarios existentes y crear nuevos donde fuese necesario. Finalmente, según las particularidades de cada nivel, se promovería la articulación del proceso educativo con la extensión y la investigación (ya fuera demostrativa o generadora de conocimiento), con el fin de vincular la teoría, la práctica y las soluciones a las problemáticas de la realidad.
En síntesis, los principios generales del proceso de enseñanza-aprendizaje idóneos para la UAZ debían impulsar un desarrollo democrático, científico-crítico y popular. Estos lineamientos surgirían de foros internos u otros mecanismos implementados en las unidades académicas, los cuales permitirían adoptar los métodos de la didáctica crítica. Asimismo, se promovería la autogestión en los espacios donde se considerara conveniente, siempre bajo los principios generales emanados del Congreso.
Principios y criterios para la toma de decisiones en la actividad académica
Bajo esta perspectiva, la tarea principal consistía en construir una nueva universidad vinculada de manera innovadora con la sociedad a través de una práctica académica renovada. Dado que la Reforma Universitaria planteaba una transformación global y de largo alcance, los cambios no serían inmediatos; por ello, la planeación institucional se convirtió en la estrategia clave para viabilizar dicho proyecto. En este contexto, cualquier intento de reforma requería una sólida organización académica, una necesidad imperante en la UAZ frente a la obsolescencia de su realidad institucional.
La transformación de la nueva UAZ se fundamentó en dos grandes principios rectores: la calidad y la democracia. En primer lugar, la calidad dejó de entenderse como una categoría histórica y unívoca para convertirse en el criterio central de evaluación; un hilo conductor que debía permear las funciones sustantivas de docencia, investigación y extensión. Por su parte, el sentido democrático de la reforma se materializaría mediante el diagnóstico de los problemas institucionales y el diseño colectivo de propuestas para resolverlos.
Bajo este marco, los principios orientadores de la vida universitaria debían ser:
Ejercer plenamente la autonomía para determinar el rumbo institucional de la UAZ.
Orientar y vincular el trabajo académico hacia la construcción de una sociedad independiente.
Contribuir a la solución de los problemas sociales a través del fortalecimiento de las funciones sustantivas.
Desarrollar el quehacer académico bajo dos ejes rectores: la calidad y la democracia.
Fomentar la pluralidad y la tolerancia como principios fundamentales para el desarrollo académico.
Asumir el cambio como una oportunidad de transformación y renovación, superando la simple reproducción de las tendencias vigentes.
Continuará.
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Esta ignorancia es la que ha permitido que se le menosprecie o que se tergiverse su historia para satisfacer vanidades personales o intereses de grupos, ante la actitud indiferente de la comunidad universitaria.
Se parte de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia (LUMAT). Informes:
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(1) Docente Investigador de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia. LUMAT



