A pesar de que millones de jóvenes en México ubican a las redes sociales en un lugar central en sus vidas, pues ocho de cada 10 las usan de forma cotidiana, su confianza en ellas es baja.
De acuerdo con resultados de la encuesta Jóvenes en México 2026, elaborada por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, sólo 6.8 por ciento asegura que las redes sociales les inspira mucha confianza y 21.6 algo de confianza, es decir, poco más de tres de cada 10.
En contraste, 71.6 por ciento señaló que les tiene poca o ninguna fiabilidad, a lo que se suma que su uso digital es casi siempre pasivo, es decir, como consumidores de contenido y no como generadores, pues después de consultar sus redes, la práctica más común (78.9 por ciento) es ver videos en YouTube o TikTok.
El estudio, coordinado por los expertos José Antonio Pérez Islas, Enrique Pérez Reséndiz y Mónica Valdez González, destaca que los jóvenes mexicanos hacen uso intensivo –pero no necesariamente diverso– de la tecnología y los entornos digitales, ya que “privilegian lo comunicativo, lo accesible y lo entretenido sobre lo educativo, lo cultural o lo político”.
Destaca que subsisten barreras “estructurales, subjetivas, culturales y técnicas que limitan el uso estratégico de la tecnología, desde la desinformación hasta el diseño poco amigable de las plataformas oficiales.”
La consulta, en la que participaron más de mil 200 jóvenes de entre 15 y 29 años, como parte de una muestra representativa a escala nacional, advierte que la conexión “no equivale a un agenciamiento automático; aunque los jóvenes están hiperconectados, no implica que usen la tecnología con autonomía crítica, propósito formativo o capacidad transformadora”.
La encuesta también revela que los jóvenes han empezado a tener una percepción más clara del uso que dan a las herramientas digitales, pues en cuanto a las redes sociales, 67.7 por ciento admite que los distrae de asuntos importantes; 60 por ciento considera que las redes generan “más problemas que beneficios”; 57.3 afirma sentirse saturado hasta necesitar desconectarse, y 51.7 señala que pasa más tiempo en las plataformas de lo que le gustaría.
Los especialistas subrayan que los programas educativos, las políticas públicas y las estrategias para aminorar las brechas digitales no deben limitarse a garantizar infraestructura o acceso, “sino que enfrenten de manera integral los usos, sentidos y desigualdades en la apropiación tecnológica. Entender los hábitos digitales juveniles es un paso clave para diseñar entornos más inclusivos, participativos y significativos”.



