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■ Activista responde a lo dicho por Karla Estrada en la Legislatura

Descalificar a las mujeres por sus vínculos con hombres reproduce violencia simbólica: Pesci

■ Insta a cuestionar estereotipos que históricamente han demeritado a las mujeres

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Por: La Jornada Zacatecas •

La controversia suscitada en la Legislatura del Estado de Zacatecas por los señalamientos personales entre diputadas abrió también una discusión sobre los límites de la confrontación política y la reproducción de estereotipos de género en el espacio público.

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El debate cobró relevancia luego de que la diputada panista Karla Estrada García utilizara la tribuna legislativa para afirmar, en referencia al proceso electoral de 2027, que “también se van las novias del gobernador David Monreal”. La expresión generó una respuesta crítica de la diputada Susana Barragán Espinosa, quien cuestionó que las mujeres sean descalificadas a partir de sus relaciones personales. Medios locales reportaron que Barragán calificó este tipo de expresiones como parte de una cultura de violencia y descalificación hacia las mujeres en la política.

En este contexto, la feminista zacatecana Emilia Pesci planteó en sus redes sociales una reflexión sobre las consecuencias que puede tener este tipo de discurso cuando proviene de espacios institucionales y, particularmente, de mujeres que ejercen cargos de representación popular.

Pesci advirtió que la violencia simbólica no termina en la persona a la que va dirigida, sino que puede reproducir patrones que afectan al conjunto de las mujeres.

“La violencia simbólica tiene ecos y cuando desde una tribuna pública cualquier persona reduce a una mujer a su relación (supuesta o cierta) con un hombre, no controlamos dónde termina esa narrativa y muy pronto la discusión da ‘licencia’ a la violencia”.

La activista subrayó que cuando la disputa política abandona la confrontación de ideas y se traslada hacia el cuerpo, la sexualidad o las relaciones personales de las mujeres, el efecto trasciende a las protagonistas del intercambio.

“El debate y las agresiones dejan de ser entre dos y aparecen su cuerpo, su sexualidad y junto con los de ellas los nuestros”, señaló.

La reflexión de Pesci coloca así el episodio en una dimensión más amplia: no se trata solamente de determinar quién inició la confrontación o quién tiene la razón en la disputa política, sino de cuestionar la utilización de estereotipos que históricamente han reducido la participación pública de las mujeres a sus vínculos con hombres.

La feminista llamó a las mujeres que participan en política a asumir una responsabilidad adicional frente al lenguaje que emplean desde posiciones de poder.

“A ellas y a todas las mujeres en la clase política hay que exigirles: deténganse con las posturas sexistas”, sostuvo.

Pesci puntualizó que esta exigencia no parte de establecer quién es “inocente” o “culpable”, sino de reconocer que quienes ocupan cargos públicos tienen capacidad para dimensionar el alcance de sus palabras y evitar reproducir formas de violencia que terminan afectando a otras mujeres.

“Ambas tienen suficiente poder para saber que sus palabras no terminan en la tribuna y que sus agresiones reproducen estereotipos que nos violentan a todas”, concluyó.

La discusión ocurre además en un escenario político marcado por la disputa rumbo a 2027, en el que los intercambios entre legisladoras han incorporado referencias a relaciones familiares, de pareja y supuestos vínculos de poder. El planteamiento de Pesci introduce en esa confrontación una pregunta de fondo: si la lucha por espacios de representación para las mujeres puede avanzar cuando el debate político reproduce los mismos estereotipos de género que históricamente han limitado su participación.

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