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Zacatecas en la insurrección tuxtepecana. El asalto a la ciudad de agosto de 1876

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Por: Educación Dual •

La Gualdra 729 /Historia/  Ollin: Memoria en Movimiento

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La ciudad de Zacatecas experimentó en varios momentos las calamidades de la guerra, circunstancias en las que sus habitantes parecieron la violencia de las armas, graves afectaciones en su industria y comercio, así como daños en muchos de sus edificios públicos y privados. Buena parte de estas adversidades se dieron en el siglo XIX cuando México vivió crisis políticas motivadas por las discordancias entre los diferentes proyectos de nación. En este sentido se suscitaron cerca de 1500 pronunciamientos de rebelión. Uno de ellos, el considerado de mayor trascendencia en la historia nacional, fue el Plan de Tuxtepec del 10 de enero 1876 en el que se rechazaba la continuidad del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada y su inminente reelección como presidente de la república, su principal figura fue Porfirio Díaz a quien le siguió un nutrido grupo de antiguos caudillos liberales que llevaron cabo campañas contra el gobierno lerdista en varias partes del país. 

El estado de Zacatecas no fue exento de pronunciamientos a favor del Plan de Tuxtepec como así aconteció en Tlaltenango, San Francisco de los Adame (Luis Moya), el mineral de La Blanca (Pánfilo Natera) y la villa del Refugio (Tabasco). La misma ciudad capital se encontraba en constante incertidumbre por la amenaza de un ataque armado de gran proporción, lo que finalmente sucedió en los días 24 y 25 de agosto de 1876 cuando el general Trinidad García de la Cadena tomó la ciudad a nombre de la insurrección tuxtepecana. Evento que convirtió las calles, callejones, plazuelas y varios edificios relevantes en sitios de enfrentamientos y de pérdida de vidas.

Entre los inmuebles dañados en esta jornada se encontraba el palacio del poder ejecutivo, el cual tuvo afectaciones de sus habitaciones e inmobiliario, así como la pérdida de parte del archivo. Lo mismo sucedió con el recinto de la jefatura política (hoy edificio de rectoría de la Universidad Autónoma de Zacatecas), teniendo destrozos en el salón principal, el juzgado de paz y la comandancia de policía. De manera peculiar, el asalto de este edificio no fue por su acceso principal, cuya puerta no pudo ser vencida, sino por el escalamiento de sus muros por parte de los tuxtepecanos. La penitenciaría fue otro de los edificios públicos incendiados, ahí todas las puertas de la prisión fueron forzadas con hacha y bala para favorecer la liberación de presos, además de una apertura de muro de un calabozo que comunica al callejón del Instituto. De manera similar la cárcel de mujeres tuvo menoscabos en su inmobiliario.

El ex convento de San Francisco -donde se alojó el cuartel del segundo batallón- tuvo un asedio hasta ser rendidas sus defensas, siendo los espacios más afectados el banco de armas, la bodega de municiones, además del hurto de su archivo. La oficina del servicio telegráfico de la ciudad quedó en estado de destrucción y pérdida de buena parte de sus muebles y útiles, sólo no tuvo desperfectos alguna maquinaria y un retrato de Samuel Morse, aunque el dinero de esta oficina fue robado. El almacén del estado se encontró roto el candado de la puerta principal, así como varios muebles fueron destruidos.

Cuartel de la Ciudadela

La Ciudadela al ser vencida su defensa fue objeto de daño y saqueo. Fueron robadas 400 arrobas de paja de cebada que existían (1 arroba equivale a 11.5 kilos). Los altos de las caballerizas destruidos y forzada la puerta grande del costado sur. Los asaltantes se introdujeron en las diversas habitaciones del inmueble, siendo una de ellas destruida por la explosión de una polvorera que fue incendiada de manera intencional. El depósito de armas de este cuartel, el más importante de la ciudad, fue saqueado de todo su armamento.

Entre el desorden y violencia el hospital civil no se salvó de ser afectado. Su puerta principal fue abierta a balazos y con hachazos, lo mismo pasó con la puerta del salón de militares y la sala de presos. Por último, el templo evangélico también tuvo perjuicios al ser destruida su puerta de acceso y sus muebles.

Al terminar el día 26 de agosto Trinidad García de la Cadena y sus hombres se retiraron de Zacatecas rumbo a Fresnillo. En su huida efectuaron en las Pilas, Morelos, un último combate de relevancia contra las fuerzas gobiernistas.

A 150 años del violento asalto y toma de la ciudad de Zacatecas en el contexto de la llamada revolución tuxtepecana, queda un testimonio más de la recurrente zozobra y adversidades que vivieron los zacatecanos, un episodio casi olvidado en la historia regional. Pero el año de 1876 no sólo fue tumultuoso por lo hasta aquí expuesto. En sus primeros meses aconteció una explosión de la fábrica de pólvora de la Filarmónica que mermó el suministro de este explosivo necesario para la minería y también para el uso del armamento de la época, abonando con ello al desempleo e inseguridad pública. Se dieron nuevos impuestos federales para atender el déficit hacendario causado por una economía de guerra, siendo sus principales afectados los comerciantes, a quienes ya les asolaba el bandidaje de los caminos y rutas comerciales. Contrario a lo que se cree en cuestión de idealizar los tiempos pretéritos se puede pensar que en muchas ocasiones los tiempos pasados no siempre fueron mejores.

 

*Centro INAH Zacatecas.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_729


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