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La Odisea (The Odyssey), de Christopher Nolan

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Por: Educación Dual •

La Gualdra 729 / Cine

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Antes de llegar a La Odisea (The Odyssey, 2026), su más reciente película, Christopher Nolan ya orbitaba la épica griega de Homero en diferentes momentos de su filmografía, al mostrar a hombres que buscaban, por todos los medios necesarios, regresar a su hogar, al mismo tiempo que eran atormentados por sus decisiones del pasado (Inception, 2010); también viviendo con el temor y la culpa por no ser dignos de volver a casa como resultado de esas mismas acciones (Dunkirk, 2017). De igual manera, en la obra de Nolan es común encontrar a hombres que, como Odiseo, miran hacia el pasado, repiten los eventos más significativos de su vida en su mente y tratan de encontrar el momento preciso en el que las cosas se salieron de control (Oppenheimer, 2023).

Se puede afirmar, entonces, que La Odisea es el cúmulo de las obsesiones más recurrentes de un cineasta con un sello autoral inconfundible, que lo ha hecho objeto de amor y odio por partes iguales. Es un hecho que Nolan actualmente es el realizador con mayor influencia en la industria hollywoodense, al haber cosechado múltiples éxitos en taquilla, con una sólida recepción entre la crítica especializada y la audiencia general. En ese sentido, si bien adaptar el texto de Homero es una labor titánica, el director al menos contó con los medios presupuestales para trasladar los momentos más significativos de la obra original a la pantalla grande.

El prestigio que se ha ganado Nolan también le permitió reclutar a diversos actores y estrellas del momento para su singular visión, entre los que destacan Matt Damon, Anne Hataway, Robert Pattinson, Zendaya, Lupita Nyong’o, Elliot Page, John Leguizamo y Tom Holland, entre muchos otros.

El resultado es una cinta monumental de tres horas de duración, con ciertas irregularidades en su ritmo y en sus composiciones visuales (la insistencia del director de filmar la película enteramente en formato IMAX le cobra factura en más de un momento), pero que brilla por sus ingeniosos y espectaculares set pieces, muchos de ellos rebosantes de ideas que se acumulan, se desbordan y que, por lo mismo, asombran.

Entre las secuencias más memorables del filme está el encuentro con el cíclope Polifemo, cuyas imágenes parecen sacadas de una pintura de Goya y donde Nolan tiene su acercamiento más directo y crudo al género de terror. En un tono similar, más encaminado hacia el horror corporal, está la visita al hogar de la hechicera Circe, interpretada de manera impecable por Samantha Morton. También está el onírico descenso del protagonista hacia el Hades (el inframundo), con ciertos esbozos de surrealismo en sus imágenes, algo que resulta muy inusual frente al estilo tan realista del director.

Mucho menos afortunadas son las recreaciones del dúo de monstruos marinos compuesto por Caribdis y Escila, que en el texto se presentan como seres imponentes, pero que en su adaptación a la pantalla dejan mucho que desear.

Tal vez el aspecto más llamativo del filme de Nolan sea responder a la interrogante sobre cuál es el valor y la relevancia de adaptar una historia tan fundacional y antigua como La Odisea en plena actualidad, habiendo tantas iteraciones previas. Al igual que en Oppenheimer, el director logra transmitir sus inquietudes sobre el mundo actual, donde las acciones de la humanidad, en su incansable deseo de querer más, han generado, como la caja de Pandora, daños irreparables. 

En esencia, ambas cintas cuentan la misma historia, sobre hombres que son recordados por su astucia, pero también por su arrogancia, que crean artefactos (una bomba, un caballo de madera) con intenciones nobles y hasta ingenuas (ponerle fin a un conflicto), pero que, de manera accidental también tienen la capacidad de corromperse hacia otros intereses que, a largo plazo, perpetúan el fin de cualquier civilización. Así, ante la disputa por cualquier territorio entre dos partes, no importa el nombre que tengan, el desolador resultado será siempre el mismo.

La Odisea es una historia que se seguirá contando y se mantendrá vigente, sin importar el momento por el que esté pasando la humanidad. Todo con la vaga esperanza de que, algún día, seremos capaces de aprender de nuestro pasado y dejaremos de repetir los mismos errores.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_729



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