Con precisión y pertinencia, el colega Ciro Murayama nos ofrece otra vuelta a la tuerca de una economía rejega a toda intervención rehabilitadora. La urgencia de construir una conciencia y una política para sacar al país de más de 30 años de estancamiento económico resulta ser una convocatoria, sustentada en la historia reciente de nuestro malogrado desarrollo, a asumir lo que nos pasa como una amenaza a nuestra seguridad como nación, no se diga a una democracia cuyas fragilidades y contrahechuras se han dado la mano.
Escribe Ciro: “El libro presta atención a tres grandes procesos de cambio (…) el de su sistema político, el de su economía y el de su profunda transformación demográfica. Política, economía y población imbricadas y mutuamente determinadas.
“Es un ensayo (…) que busca responder a preguntas y ofrecer evidencia verificable de las transformaciones sustantivas (…) Sólo aprendiendo de la historia se puede corregir el rumbo (…)”. De esto se trata, pues, esta valiosa entrega intitulada El futuro que se escapa. Neoliberalismo y populismo en el México del siglo XXI, México, Ariel, 2025.
Se trata de hacer un balance, entender por qué en una treintena de años pasamos de grandes expectativas a un “futuro que se escapa”, como titula su libro. Con claridad meridiana, apunta: “El principal problema económico de México, su bajo crecimiento, se debe a la renuencia política de incrementar los impuestos: la irresponsabilidad y la demagogia política están en la base (…) A su vez, el deterioro del sistema democrático se nutrió del desencanto producido por los magros resultados económicos (…) la mala política afectó a la economía y la mala economía a la democracia”.
Tiene cabal razón Ciro al poner en el centro de su argumento el vínculo entre economía y política, que se cruzan y complementan para desembocar en una “cuestión social” cuyo olvido resume uno de los grandes déficits de la reforma político-electoral para la democracia. Como sugiere el autor, esos y otros cambios permitieron el cultivo de expectativas de que la democratización del régimen político conduciría a la atención y superación de unas profundas desigualdades y unas cuotas extendidas de pobreza. Hoy tenemos que constatar que dichas expectativas no se concretaron.
“La vida política de las sociedades no transcurre en el vacío, sino en contextos de accesos a los bienes materiales que también determinan la calidad de vida de la población (…) En América Latina, y en México en particular, hay una constante insatisfacción con la marcha de la economía (…) La época democrática ha sido, a la vez, una de expectativas materiales insatisfechas (…) Puede afirmarse que la constante de la insatisfacción con la democracia en México se correlaciona ampliamente con la percepción que la ciudadanía tiene acerca de sus condiciones económicas (…)”.
En lo que va del siglo, hemos experimentado un serio rezago en nuestra existencia social, así como en nuestras potencialidades para actuar. El Estado aparece despojado de sus elementales pero otrora alentadoras capacidades de acción. Basta ver los porcentajes comparativos que nos ofrece el libro para no albergar ninguna duda de las penurias fiscales del Estado mexicano: entre 2000 y 2020, en promedio, los ingresos tributarios de los gobiernos –estimados como porcentajes del PIB– fueron: Uruguay, 22.6 por ciento; Brasil, 22.1 por ciento; Chile, 18.6 por ciento; Colombia, 15.6 por ciento; Argentina 15.1 por ciento, y México, 12.7 por ciento.
Con muy escasos recursos fiscales y una presión creciente sobre el gasto, el Estado pierde capacidades y facultades, la economía se estanca y la infraestructura humana y material surfre severas atrofias y oxidaciones. Ciro Murayama subraya: “El fracaso económico de México en lo que va del siglo se explica, en primer lugar, por una política económica errada, de la que han sido parte, por igual, gobiernos del PAN, el PRI y Morena”.
Un libro bien escrito y sustentado, con una convocatoria a la reflexión y la discusión, que buena falta nos hacen. Su invitación es clara: a México le hace falta una política económica responsable, desde el punto de vista macroeconómico sin duda, pero también desde la aguda plataforma social insinuada arriba. Dicho con otras palabras: reformar las reformas, construir un país donde democracia y bienestar coexistan armónicamente, con un Estado comprometido con la igualdad social.
Sin duda, entre las primeras conclusiones que podemos destacar de su lectura está la necesidad de que la democracia y sus principales actores –la política en forma amplia– reconozca y visibilice nuevamente a la economía y su crecimiento como ejes maestros del devenir colectivo, para desde ahí asumir que la deuda social es, ha sido, la gran ausente de nuestro vuelco político. En nuestro camino hacia la democracia, reiterémoslo, no se consideró a la cuestión social como una de las referencias centrales de la construcción institucional. Este libro de Ciro Murayama es un valioso aporte para su rescate.



