La sabiduría popular nos enseña que para grandes males, grandes remedios. Y en ese sentido la Universidad Autónoma de Zacatecas inició esta semana la ruta hacia una nueva Reforma Universitaria Integral que le permita recuperarse a sí misma y para ello tendrá que rescatar su origen popular, de acompañamiento a las causas sociales, que se extravió cuando unos cuantos se sintieron sus dueños y la corrupción dio frutos abundantes que permitió al amparo del pueblo emergiera una casta dorada y letrada.
“La UAZ es de la sociedad zacatecana, de nadie más, ni las unidades académicas, la Rectoría, ni la administración es posesión de alguien en particular, la UAZ es del pueblo de México”, afirma Ernesto Menchaca, director de la Unidad Académica de Ciencia Política. “La sociedad tiene el derecho de reclamarle a nuestra universidad lo que tiene qué hacer y la UAZ está obligada a proponer soluciones con el respaldo de la ciudadanía”, me dijo el académico minutos después de que el Consejo Universitario aprobó la Comisión Operativa que tendrá la misión de llevar a buen puerto la ruta para la sobrevivencia del pulmón social, económico y cultural más importante de Zacatecas.
No por nada, el propio rector de la UAZ el doctor Ángel Román advirtió al Consejo Universitario que esta será la última oportunidad de la institución para renovarse, pues él mismo reconocía que la universidad vive en la obsolescencia. Así entonces la UAZ está en la encrucijada de renovarse o morir.
Esta reforma deberá poner como misión primordial ¡AHORA SÍ! a las y los alumnos como centro y razón de ser de su existencia más allá de la falsa retórica y explicar detalladamente en qué consistiría ese compromiso.
Que las violencias estructurales contra ellas, ellos, elles, por parte de docentes, docentas sea castigada, erradicada, que al alumnado no se le trate nunca más como un ser inferior, que se garantice su libertad de ser dentro y fuera de la institución; que la UAZ se comprometa a adaptarse a las necesidades del estudiante, que no se le coloque en la disyuntiva de “o estudias o trabajas”, cuando para la sobrevivencia se tienen que hacer ambas.
Que ningún estudiante quede sin el derecho a la educación superior y la UAZ le acompañe seriamente en la creación de condiciones para su empleabilidad. Que se garantice la experiencia de la enseñanza aprendizaje como una conmovedora y fascinante, no como un Calvario cuyo premio sea la aniquilación del sujeto gracias a la obtención de un título, cueste lo que cueste.
La UAZ habrá de hacer de la transparencia y rendición de cuentas un ejercicio cotidiano, real, no sólo con el manejo de los recursos que desde luego no son pocos, aunque sí insuficientes. Habrá de transparentar sus decisiones en todos los niveles, desde el salón de clases, hasta en los consejos de unidad y rectoría, transparencia en la asignación de cargas de trabajo, de presupuestos…
La reforma habrá de desterrar la simulación como forma de ser universitario, esto trasciende a la anhelada armonización legislativa.
La UAZ habrá de entrar en un proceso inédito de introspección que deberá exigir la más rigurosa honestidad individual y colectiva, desde el mismísimo comienzo, de lo contrario, el espíritu de la reforma se habrá corrompido de origen y la cosecha será un nuevo fracaso.
¿Podrá la Reforma Universitaria hacer que muchas de las unidades académicas dejen de ser feudos que administran pasa sí sus pequeños y productivos reinos?
La misión si bien será colectiva de los más de 40 mil estudiantes, 3 mil profesores, mil trabajadoras y trabajadores será una labor más que titánica la cual se encargará de materializar una Comisión Operativa de docentes e investigadores, hombres y mujeres de la UAZ que la conocen desde sus entrañas.
Ellas y ellos deberán de devolverle con su claridad colectiva, probidad y compromiso la confianza perdida de las universitarias y universitarios entre sí y hacia afuera.
De lo que emane de la Reforma dependerá en buena medida no sólo la viabilidad de la UAZ misma, sino del Estado que la vio nacer, de ahí su relevancia.
¿La UAZ se convertirá en universidad privada? ¿implicará una reforma laboral que atente contra el Contrato Colectivo de Trabajo? ¿La reforma es una exigencia del Gobierno federal o una iniciativa de las y los universitarios?, fueron interrogantes que surgieron cuando se aprobó esta semana el inicio de este proceso.
En el ambiente el ánimo es que la reforma habrá de introducir mejoras estructurales a la UAZ para enfrentar el hoy y su futuro, aunque no se descartan EMPEORAS, fruto de la desconfianza.
Entonces desde aquí el deseo de que prevalezcan el diálogo, el entendimiento y el sano juicio para que de la deliberación se consolide el bien mayor, el del pueblo de Zacatecas y de México para que de las aulas de nuestra UAZ sigan emergiendo hombres y mujeres que nos sigan dando razones para creer que otro mundo es posible.
Que de la reforma no brote una “Torre de Babel a la Zacatecana”, que el conocimiento, la ciencia y la providencia nos libre de ello.



